
Cuando el equipo TryCatch de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) apareció en el tercer lugar del ranking preliminar de Latinoamérica y el Caribe del IEEEXtreme, quedó claro que Ecuador está ante un momento decisivo. El país ingresó al top 10 regional de este concurso internacional de programación. Además, su participación fue en grande: 312 estudiantes, 121 equipos de 17 universidades estuvieron en la edición 2025. Apenas un año antes habían sido 183 participantes y 73 equipos.
Los jóvenes ecuatorianos están eligiendo la programación como un camino real hacia el futuro.
El auge del interés por la programación está ocurriendo en Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja, Quevedo y otras ciudades de Ecuador. En las aulas universitarias se están formando comunidades que hoy compiten a nivel internacional. Este crecimiento responde a una demanda constante del mercado ecuatoriano:
En la Escuela Politécnica Nacional (EPN), la historia de TryCatch empieza mucho antes de aparecer en el podio regional. Matthew Cedeño y sus compañeros Luis Tipan y Joel Tinitana pasaron semanas formándose: problemas diarios, simulaciones cronometradas, sesiones nocturnas de algoritmos y una disciplina que la cultura politécnica vuelve natural. Están en quinto semestre de ingeniería en computación.
En la EPN resolver problemas complejos no es un ejercicio académico: es una identidad. Por eso TryCatch nunca entrenó en soledad. A su lado crecieron Kiubit y PoliBit, dos equipos que se volvieron hermanos de proceso. Entre Daniel Flores, Mateo Cumbal, Johann Pasquel (Kiubit) y Harry Guaján, Michael Yáñez y Boris Garcés (PoliBit), las prácticas dejaron de ser competencia para convertirse en una mesa común: se corregían, comparaban soluciones, debatían estrategias y aprendían unos de otros.
Cuando llegó el IEEEXtreme, cada equipo se sentó frente a su propia pantalla, sí, pero la fuerza venía de un entrenamiento compartido. Por eso, cuando TryCatch apareció en el tercer puesto del ranking preliminar de Latinoamérica y el Caribe, el festejo fue colectivo. Y cuando Kiubit y PoliBit aseguraron el cuarto y quinto lugar, la EPN logró algo inédito: tres equipos entre los cinco mejores de toda la región. Pero, además, hay un equipo adicional de la EPN que se ubicó en el puesto 10.
Con 20 años y en séptimo semestre de mecatrónica en Politécnica Salesiana (UPS) Cuenca, Alan Rodríguez decidió hacer lo impensable: competir solo. Su motivación nació un año antes, cuando descubrió que sus habilidades de programación estaban al nivel de estudiantes de sistemas. Quiso demostrar que la programación no pertenece solo a una carrera, sino a una mentalidad. Por eso bautizó a su equipo como Black Jackal, inspirado en un chacal: un animal estratégico, rápido, adaptable. Así se veía a sí mismo en las 24 horas del IEEEXtreme. Terminó en sexto lugar de Latinoamérica y el Caribe. Un joven solo, frente a equipos de tres demostró que la dedicación también escala.
Jeremy Chano tiene 21 años, estudia Ingeniería Mecatrónica y está en séptimo semestre en la ESPE. Con Daniel Villarreal y Mauricio Taco decidió formar Pythoneers para “medirse con los mejores”, en un campus donde el ambiente competitivo no intimida: impulsa. Ese entorno, dice, los obligó a dar lo mejor y a ajustar estrategias internas para optimizar tiempos de programación.
La experiencia lo marcó. La competencia te enseña otro ambiente donde te desenvuelves diferente y te conoces mejor bajo presión, cuenta. Para él, esta ruta no solo es un reto técnico: es una puerta profesional. “La programación abre muchas oportunidades en todos los ámbitos. Con la inteligencia artificial y automatización, quienes dominen programación tendrán opciones dentro y fuera del país”.
Pythoneers no es solo un nombre: es el recordatorio de que la programación, cuando se vive en comunidad, se vuelve un camino de crecimiento personal y profesional.
En la Universidad Central del Ecuador, Santiago Lincango, Jhostin Molina y Mateo Cobo -de 21 años, estudiantes de Ingeniería en Sistemas- formaron Cobonautas querían medir qué tan lejos podían llegar y querían hacerlo juntos. Se conocían desde antes y esa confianza fue clave en una competencia que exige sinergia a contrarreloj. En las últimas horas, cuando tenían ejercicios pendientes y el tiempo se consumía, definieron una estrategia simple: resolver primero los problemas que menos equipos habían logrado responder. Ese giro los colocó en el noveno puesto regional. Para ellos, el ranking fue importante; pero más fue descubrir que podían sostenerse mutuamente en un entorno tan exigente.
El crecimiento del interés por la programación en Ecuador viene de comunidades universitarias que han decidido organizarse, entrenar, competir y formar talento por su cuenta.
Los testimonios de Matthew, Alan, los Cobonautas y los equipos de la EPN exponen un patrón común:
Mateo Dueñas, embajador del IEEEXtreme en la EPN, explica que el buen rendimiento de la Politécnica no es improvisado. Los equipos que llegaron al top 10 tienen años de experiencia acumulada, participan repetidamente y entrenan bajo un esquema claro: sesiones de práctica con el profesor Jonathan Zea, análisis de problemas anteriores, reuniones virtuales diarias en las dos semanas previas al evento y una malla académica que fortalece matemáticas, estructuras de datos y algoritmos. La EPN funciona como un ecosistema donde la competencia es parte de la identidad académica.
En la ESPE, el liderazgo estudiantil marcó el rumbo. José Acuña -presidente del capítulo IEEE ESPE y Section Lead del IEEEXtreme 19.0– impulsó cursos preparatorios interuniversitarios. Lo resume con claridad: la ESPE forma estudiantes con una disciplina que les permite mantenerse despiertos y resolviendo problemas 24 horas seguidas. Aquí, competir no es solo una prueba técnica: también es una demostración de resiliencia, gestión y visión de comunidad. Además, este joven cuenta que pasó semanas buscando patrocinadores, negociando con empresas y coordinando logística. El logro: ocho auspiciantes aceptaron apoyar la edición 19.0, desde empresas tecnológicas hasta entidades públicas. Esa articulación no fue casual: responde a la necesidad de cubrir costos que muchos estudiantes no pueden asumir.
Josué Sáenz, estudiante de Ciencias de la Computación en la UPS Cuenca, explica que el avance no es casual: responde a una combinación de formación académica sólida, comunidad activa y acompañamiento institucional. La malla curricular da bases fuertes en lógica, algoritmos y matemáticas; los docentes de los primeros ciclos ayudan a perder el miedo a problemas complejos. Y el capítulo IEEE creó un entorno constante de motivación y competencia. A eso se suman espacios de coworking, laboratorios bien equipados y el respaldo de auspiciantes privados, que permitió ampliar la participación.
Para Sáenz, estos concursos demuestran que el talento existe, pero advierte que sin apoyo económico sostenido y mayor vínculo con la industria, muchas oportunidades podrían quedarse en el camino.
Según Daniela Flores, de CITEC, el interés crece porque:
La CEO Katherine Moreira añade: “La IA no reemplazará al humano, solo a quienes no se adapten. La programación estará en todas las carreras del futuro.”
A esto se suman las aspiraciones de este sector: buscan movilidad, mejores salarios y la posibilidad real del trabajo remoto, flexibilidad. Y este concurso demuestra que el talento existe.
De las historias de la EPN, ESPE, UPS y UCE surgen claves claras para entender por qué Ecuador está entrando al mapa latinoamericano de la programación competitiva:
Pese al déficit anual de nueve mil programadores y a que solo el 10% de los ecuatorianos posee habilidades digitales -según datos recopilados por CITEC a partir del Ministerio de Telecomunicaciones y estudios de UDLA– Ecuador logró meter ocho equipos en el top 10 preliminar de Latinoamérica y el Caribe del IEEEXtreme 2025. Es un contraste revelador: el país con unas brechas digitales profunda está encontrando en sus universidades una cantera de talento capaz de competir a nivel regional.
Desde la perspectiva de la industria, la CEO Katherine Moreira reconoce esta brecha: Ecuador no tiene aún una política pública masiva para formación en programación como sí ocurre en Chile, Brasil o México. Por tanto, el esfuerzo recae en estudiantes, docentes y capítulos IEEE, que suplen la ausencia de una estrategia nacional.
Los resultados oficiales del IEEEXtreme se publicarán entre febrero y marzo de 2026, y podrían confirmar -o incluso mejorar- las posiciones preliminares de equipos ecuatorianos.
Pero más allá de la tabla final, el escenario que se abre es claro:
El futuro inmediato dependerá de si Ecuador logra convertir este impulso estudiantil en una estrategia nacional. Lo cierto es que esta generación ya comenzó a escribir su propio camino: una ruta donde el código no es solo un lenguaje técnico es una puerta abierta a un país más competitivo.
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