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Hace poco en un conversatorio escuché una frase interesante que la comparto: “la humanidad ha evolucionado desde la velocidad del caballo hasta la velocidad de la luz”. Y es cierto. En el siglo XXI, somos espectadores de una de las revoluciones más espectaculares de todos los tiempos: la aparición de la inteligencia artificial, hija de un nuevo pensamiento -el computacional-, que comporta un desafío global de insospechadas consecuencias.
La velocidad del caballo era hace siglos la medida del movimiento que estandarizaron los científicos. Se comenta que hay razas de caballos con un promedio de velocidad de 40 a 50 kilómetros por hora, mientras que otros superan los 60 o 65 kilómetros por hora. Entretanto, la velocidad de la luz en el vacío -según Alberto Einstein y otros científicos-, equivale a 299.792.458 metros por segundo, o 1.080 millones de kilómetros por hora. Nada ni nadie puede viajar más rápido que la luz.
Esta comparación nos sirve para introducir el tema de este ensayo: la inteligencia artificial (IA), que ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una herramienta cotidiana en muchos aspectos de nuestra vida, incluyendo la educación.
En el marco de una cultura “capilarizada” digitalmente donde Google, Microsoft o Meta disputan la soberanía de territorios – ¿simbólicos? – se hace necesario (re)pensar la educación y sus entramados técnicos, éticos y políticos.
He formulado esta pregunta a mi herramienta amigable: https://copilot.microsoft.com/chats/dPLunUPT1XQgUF3B5ib54
Y el resultado, en milésimas de segundo, ha sido: “La inteligencia artificial (IA) es una rama de la informática que se centra en la creación de sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana. Estas tareas incluyen: Aprendizaje: La capacidad de aprender y adaptarse a nueva información. Razonamiento: La capacidad de resolver problemas y tomar decisiones. Reconocimiento de patrones: Identificar patrones en datos y hacer predicciones basadas en ellos. Procesamiento del lenguaje natural: Entender y generar lenguaje humano. Percepción: Interpretar datos sensoriales como imágenes y sonidos”.
“La IA se usa en una variedad de aplicaciones, desde asistentes virtuales como yo, hasta sistemas de recomendación, diagnósticos médicos, vehículos autónomos y más. Es una tecnología emocionante que sigue evolucionando y promete cambiar la forma en que vivimos y trabajamos”.
La revolución de la inteligencia artificial ha llegado a los territorios de la enseñanza y los aprendizajes. Esta herramienta facilita, pero también plantea desafíos.
¿Están nuestros datos seguros si los dejamos en manos de programas inteligentes que pueden ser hackeados? ¿Hasta qué punto podemos controlar la inteligencia artificial, o, al contrario, la inteligencia artificial nos controlará y someterá?
Se sabe que, hace unos años, saltaron las alarmas cuando Facebook tuvo que desconectar una de sus inteligencias artificiales, porque había desarrollado un lenguaje propio que no era conocido por sus creadores.
Según los expertos, la inteligencia artificial tiene las siguientes ventajas: fomenta la automatización de los procesos; reduce el error humano; potencia la creatividad; aporta con precisión; y, agiliza la toma de decisiones. Sus desventajas son, entre otras: la dificultad de acceso a los datos, porque para que funcione debe tener contener información renovada y fiable; la falta de profesionales calificados, que realicen las actualizaciones y los ajustes indispensables; el costo de producción de inteligencia artificial es alto, pues necesita ejércitos de programadores.
Una primera aproximación nos lleva a dimensionar sus oportunidades, en la medida que es un medio que facilita la resolución de problemas, en los ámbitos estudiantiles, profesionales y productividad, en especial en los sectores de las ciencias y tecnologías. Pero, las amenazas podrían ser mayores, si la inteligencia artificial -como el resultado de la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas con las “mismas” capacidades que el ser humano-, cause la destrucción de la humanidad en el mediano plazo.
Las Naciones Unidas están preocupadas y también los dueños de las industrias tecnológicas, que intentan regular la inteligencia artificial. Las alarmas están prendidas, sostiene Yuval Harari, para quien “la inteligencia artificial podría devorar rápidamente toda la cultura humana, todo lo que hemos producido a lo largo de miles de años, digerirla y empezar a producir a borbotones una avalancha de nuevos artefactos culturales. No solo ensayos escolares, sino también discursos políticos, manifiestos ideológicos e incluso libros sagrados para nuevos cultos”.
La inteligencia artificial no es neutra; es un poder que debe sustentarse en la ética civil, en tratados internacionales y no solo en el mercado.
La UNESCO se ha comprometido a apoyar a los Estados miembros para que saquen provecho del potencial de las tecnologías de la IA con miras a la consecución, la Agenda de Educación 2030 (ODS 4), y que su aplicación en contextos educativos responda a los principios básicos de inclusión y equidad.
“El mandato de la UNESCO exige intrínsecamente un enfoque de la IA centrado en el ser humano. Su objetivo es incluir el papel desempeñado por la IA en la solución de las desigualdades actuales en materia de acceso al conocimiento, la investigación y la diversidad de las expresiones culturales, y garantizar que la IA no se amplíe la brecha tecnológica dentro de los países y entre ellos. La promesa de la “IA para todos” debe permitir que cada persona pueda beneficiarse de la revolución tecnológica en curso y acceder a sus frutos, fundamentalmente en términos de innovaciones y conocimientos”.
A tales efectos, la UNESCO ha elaborado el documento “Inteligencia artificial: guía para las personas a cargo de formular políticas, será de interés para los profesionales de las comunidades educativas y de elaboración de políticas”.
La IA será en poco tiempo una herramienta de uso cotidiano en los sistemas escolares del mundo. Para ello, los docentes deberán actualizarse porque todos los métodos de enseñanza y los modelos de aprendizajes migrarán hacia las tecnologías, para procurar eficiencia en la planificación de clases, la personalización del aprendizaje y la optimización del tiempo.
Una de las aplicaciones más utilizadas por los docentes será la generación de texto, que facilita la creación de materiales didácticos, exámenes y recursos personalizados, así como la generación de imágenes y videos para crear contenidos visuales atractivos y personalizados sin necesidad de ser expertos en diseño.
La IA permitirá a los docentes la automatización de tareas repetitivas, como la corrección de exámenes o la gestión de calificaciones, y podrán contar con más tiempo para centrarse en la enseñanza y el desarrollo personal de sus estudiantes.
El profesor José María Avilés, en la obra “Educar en las redes sociales”, plantea modelos que deben ser conocidos y aplicados por todos los docentes, en el contexto de un Plan de Acción Tutorial.
La ciber convivencia consiste en una estrategia que aborda los procesos, para equilibrar los aportes y los riesgos de las redes sociales y la inteligencia artificial, mediante sesiones planificadas con la participación del alumnado, las familias y el profesorado en el contexto escolar.
La idea central -según el profesor Avilés- es “reivindicar el derecho educativo a intervenir positivamente y de manera preventiva con nuestros estudiantes, hijos, colegas y padres de familia para aprender a tomar decisiones responsables cuando se enfrenten a una pantalla y hagan clic con el ratón del ordenador”.
ChatGPT y similares. Estas herramientas de generación de texto ayudan a los profesores a crear cuestionarios, ensayos de ejemplo, e incluso feedback personalizado para los estudiantes. Su capacidad para generar contenido de calidad de manera rápida es uno de los aspectos más valorados.
Khan Academy y sistemas de tutoría personalizados. Para ofrecer tutorías personalizadas, adaptándose al ritmo y nivel de cada estudiante, lo que facilita una educación más inclusiva y efectiva.
Canva y herramientas de diseño basadas en IA. La creación de materiales visuales nunca ha sido tan sencilla. Los profesores pueden diseñar infografías, presentaciones y videos que capten la atención de sus estudiantes, todo con la ayuda de IA que sugiere diseños y layouts optimizados.
Sistemas de gestión del aprendizaje (LMS). Muchos LMS incluyen funciones de IA que ayudan a los profesores a gestionar mejor sus clases, rastrear el progreso de los estudiantes y personalizar la experiencia educativa.