
La Odisea China no es la Odisea Griega, aunque la película de Christopher Nolan se haya estrenado el pasado viernes en China con todo éxito. Las dos odiseas tratan de regreso. A Ítaca para Odiseo, a China para Taiwán.
De la Odisea de Nolan, hablan los números. Solo la preventa del primer día alcanzó los 4’5 millones de dólares, y su recaudación final fue de 10. Esto no hace sino corroborar su éxito de taquilla internacional. En las escasas cuatro semanas transcurridas, desde su estreno este mes de julio, ha superado la mítica barrera de los $1 000 millones, y subiendo.
Y ha hablado también la crítica. La Odisea ha obtenido una puntuación de 8’3 en Douban, la plataforma china de referencia para evaluar películas. Las redes sociales, como Weibo, el X chino, no le van a la zaga y la califican de «deleite celestial para la vista». Ignacio Vidal-Folch tiene otra opinión muy distinta sobre la misma, y literalmente la descuera, calificándola de tan descomunal y anodina como anodinas son las performances de multitudes de personas desnudas del fotógrafo, Spencer Tunick.
Bastante antes de que se estrenara la película, en febrero de 2026, circulaba por las redes sociales chinas la expresión «los años de Odisea» (Àodésài suìyuè 奥德赛岁月), adoptada por la juventud para describir sus males actuales. La expresión procede originariamente del artículo “Odyssey Years” (2007) del columnista del New York Times, David Brooks.
Hasta hace bien poco, el mercado laboral chino absorbía sin ningún problema los 10 millones de graduados universitarios, que se incorporaban anualmente a ese mercado. La incorporación era rápida y con sueldos altos. Esos años de bonanza se han acabado. En 2023, el porcentaje de paro juvenil fue del 21%, por lo que el gobierno chino suprimió temporalmente la publicación de esos índices.
No sorprende, por ello, que la expresión «los años de Odisea» haya hecho fortuna entre los jóvenes chinos, dejando además el terreno abonado para el éxito de la película. No anda contento el Gobierno, no. Ni con los índices ni con la expresión.
No mejora el contento del gobierno chino con la otra película, la que debía estrenarse este julio, La batalla naval de Penghu, una superproducción de 70 millones de dólares sobre la conquista de Taiwán por los Qing (1644-1912) en 1683. Sin embargo, la película desapareció de la programación sin explicaciones ni nueva fecha. Aunque autorizada para rodarse en 2021 al contar con el inevitable respaldo político, no ha obtenido, sin embargo, el consiguiente permiso necesario para su exhibición en salas. ¡Parece que Kafka también es chino!
La cinta recrea la victoria del almirante Shi Lang sobre las fuerzas de los Zheng, fieles a la derrotada dinastía Ming (1368-1644), que permitió al emperador Kangxi(1661-1722), el más famoso de los emperadores Qing, incorporar Taiwán al imperio. El episodio encajaba perfectamente con el discurso de Pekín sobre la unidad histórica de China y su soberanía sobre la isla.
El problema surgió entre sectores ultranacionalistas, que interpretan la historia de otra manera. Para ellos, los Qing, de origen manchú, conquistaron a la mayoría Han y destruyeron su última dinastía, la Ming, por lo que los Zheng serían resistentes legítimos y Shi Lang un colaborador de los invasores. El mero tráiler de la película provocó encendidas críticas e incluso llamamientos a su boicot.
La polémica plantea un dilema mayor para Pekín: cuestionar la legitimidad de los Qing supondría debilitar la continuidad histórica sobre la que China fundamenta parte de sus actuales reivindicaciones territoriales. Fue precisamente durante aquella dinastía cuando el imperio consolidó o amplió su control sobre Taiwán, Mongolia Interior, Xinjiang y Tíbet. Convertir a los manchúes en invasores extranjeros puede reforzar el nacionalismo Han, pero a costa de erosionar el relato territorial del Estado chino actual.
Queda claro que todo reclamo nacional es un contestatario galimatías, aquí y en la Cochinchina.
José Félix Valdivieso, Director de IE China Observatory, autor del libro China para los nuevos bárbaros (Nola editores, junio 2024)