Larga historia de un fracaso

Ecuador. Observando desde España, lo sucedido en los últimos cuatro años, es posible constatar la crisis y el fracaso en:los poderes del Estado, los políticos, los partidos, la institucionalidad, los electores y hasta los Jóvenes que son el futuro. Ha prevalecido la improvisación, al discurso vacío cuando no frívolo, al ofrecimiento fácil, al déficit de los servicios públicos: sanidad, bienestar social, pensiones, educación y desde luego a la escasa “educación cívica” que hace medio siglo, se impartía en el Colegio José Julián Andrade de San Gabriel y, supongo que en todo el país.

Al ciudadano, reiteradamente se le ha reconocido sus derechos pero, poco se ha hecho para obligarlo a tener conciencia de sus deberes, menos ahora, convertido en un cliente o en un simple consumidor. Al comprar no hay necesidad de pensar en el otro, en la ciudad, en la sociedad, en el cambio climático, en la deforestación. Es una forma sutil de alienación. Todo lo contrario exige el proceso de producción en pequeña o en gran escala.

Un empresario no puede ser cualquier persona. Necesita tener: mentalidad innovadora, instrucción suficiente, actitud atenta y abierta a la realidad local y distante; más ahora con la economía capitalista globalizada. Quiera o no debe tomar en cuenta las circunstancias y el contexto.

Para ser médico es indispensable ir a la Universidad; para tener un oficio: albañil o panadero, etc. obligatoriamente debe formarse, conocer los materiales, los instrumentos y las particularidades de ellos. Para conducir un coche se requiere superar las pruebas señaladas. El arquitecto tiene una profesión, no un oficio. Requiere de cultura, sensibilidad, y técnica solvente. Un periodista, sin renunciar a su concepción del mundo (ideología), al menos debe comunicar con honestidad oralmente o por escrito, respetando las normas gramaticales para informar, sobre cuanto sucede dentro del ámbito de su especialización, según consta en las secciones de los diarios de prensa: economía, cultura, deportes, ciencia, tecnología, ocio.

No resulta atrevido decir que en Ecuador las cantidades en todo: población, partidos políticos, universidades, tertulianos, etc., son superiores a las de hace treinta años pero, en cuanto a la calidad, son escasos los ámbitos en los que es posible reconocer que han mejorado.

Para colmo, actualmente hay más políticos con menor calidad que los de antes, aunque en los dos casos, han provocado la inestabilidad del país. Se han dedicado a deshacer lo que los anteriores han hecho: ¿una Constitución en cada década?

¿Doscientos cincuenta años después de la colonia no han sido suficientes para que el país madure con el aporte al desarrollo de sus habitantes, tal como por ejemplo lo han hecho, incluso sin escrúpulo, los estadounidenses?