Milton Luna

Escuelas del infierno

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“Esta escuela tiene un poco más de un año de funcionamiento y se cae a pedazos… es prefabricada y construida por los chinos. Todo está dañado. Desde que la entregaron, todo estaba mal. Se notaba que era hecha al apuro y con malos materiales. Se la veía bonita… amplia… pero a las pocas semanas se rompió el piso, se hicieron huecos, además, si llueve, es jabonoso, … los profesores se caen, los estudiantes que corren y juegan, se resbalan. Hemos tenido accidentes”. Esto dicen, con indignación, las profesoras y profesores, de una “Escuela del Siglo XXI”, de una provincia de la Costa.

Y los maestros, venciendo cierto miedo que quedó flotando luego de diez años de acoso, siguen en su desahogo: “Al interior, la escuela es un diablo… es un invernadero… Ya a partir de las diez u once de la mañana, con el sol más fuerte, es insoportable el calor. Nosotros, como profesores no aguantamos, los estudiantes se desesperan. El calor nos come el cuerpo y el cerebro… No hay climatización en las aulas. Los ventiladores, donde existen, son mal ubicados y otros no sirven. Hacemos lo que se puede en las clases, cambiamos de actividades… Pero al patio no se puede ir… a la cancha peor… El sol está ahí… No hay árboles, no hay donde guarecerse. No hay cubiertas. Es imposible enseñar menos aprender. Quisiera que los chinos vengan a dar clases en estas aulas pequeñas donde tenemos que dar clase a no menos de 40 estudiantes. En total la institución tiene 1.000 alumnos en la jornada de la mañana y otros 1.000 en la de la tarde.”

Pero los problemas no quedan allí en este infierno, no solo por el calor, sino por la creciente descomposición de una escuela que de a poco se parece a un campo de concentración. Se daña de manera frecuente la bomba de agua, los baños son un asco, la canalización no sirve. Cisternas antihigiénicas. Y en las paredes que son de espuma flex, “han aparecido ratas, que se las oye comer y pasearse mientras estamos en clase”. Y las quejas dolorosas son interminables…

Escuelas de terror construidas a la maldita sea con costos altísimos para el país: USD
1 millón cada una. Construidas sin concepto pedagógico, sin mayor planificación ni estudios de suelo. Hechas aprovechando la urgencia del terremoto. ¿Responsables? El correato y sus ministros de educación.

El actual ministro, el Dr. Falconí ha dado pasos para frenar y destapar la cloaca. Ha terminado el contrato con los chinos, entre otras acciones. Debe seguir en esa línea para que también los responsables nacionales del fraude sean juzgados. Contraloría y Fiscalía deben cumplir su misión. Pero, los estudiantes y profesores van todos los días a esas escuelas del infierno y allí hay también que intervenir.

“Lo que es chino es malo” dicen los estudiantes de las Escuelas S. XXI.