
El Mundial 2026 le entregó a Ecuador una gran oportunidad para promocionar el turismo: la atención del planeta. Durante tres partidos en Estados Unidos, la Selección Tricolor llenó estadios con más de 50 000 personas en cada uno (según cifras estimadas).
Esa marea de camisetas amarillas, el Himno y la canción de Julio Jaramillo, cantados a todo pulmón, fueron una postal que dio la vuelta al mundo. La pregunta que surge no es si el torneo sirvió para promocionar al país, sino cuánto de ese potencial terminó por posicionar a Ecuador en el principal mercado turístico, como es Estados Unidos.
El Estado promocionó por un lado y el sector privado se enteró por otro, lo cual reflejó la falta de coordinación.
El Gobierno tuvo iniciativas que el propio sector reconoce como acertadas. La campaña internacional del 14 de junio, con vallas en Madrid, Santiago, París y Milán, y el vagón del Metro de Nueva York que rindió tributo a Ecuador, captaron miradas. Operadores turísticos las describen como espectaculares. Hasta ahí, hay un punto a favor.
El problema fue otro. Esas activaciones tomaron por sorpresa al sector privado, porque no les informaron lo que se iba a hacer. La mayoría de empresarios ni siquiera conocía el plan, pese a que una sola asociación agrupa a más del 70% del turismo receptivo. Ellos no entiende porqué no los tomaron en cuenta, ya que son ellos quienes traen al visitante extranjero a recorrer el país. Es decir, una mano promociona y la otra no sabe qué promocionar.
Y estaban los embajadores naturales que no se aprovecharon. Más de 50 000 hinchas por partido viajaron, se hospedaron, conversaron con locales y compartieron mesa con extranjeros. Cada uno pudo llevar una camiseta, un sombrero de paja toquilla, un mensaje sencillo: vengan a conocer Ecuador. No hizo falta inventar nada; bastaba con coordinar y entregar herramientas. Esa conexión quedó pendiente.
Todavía falta conocer qué resultados han tenido esas campañas. Como advierten dirigentes y académicos, una campaña tiene que que ser evaluada para conocer cuánto se invirtió, en qué mercados fue positivo y qué resultados se obtuvieron para sopesar si valió la pena o no.
Ecuador no desperdició el Mundial, pero tampoco lo exprimió. La tarea que falló fue la coordinación entre el Estado y el sector privado, para desarrollar una buena estrategia y con una visión de largo plazo. El Mundial 2026 es una vitrina potente para la promoción del turismo de Ecuador, como se ha observado desde el 11 de junio.