Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Los resultados de PISA 2025 deberían incomodar a Ecuador, pero no para convertir la educación en otro motivo de alarma pasajera. La evaluación muestra una brecha en aprendizajes esenciales y ofrece pistas sobre dónde intervenir. El reto no es mejorar una posición en un ranking, sino lograr que estudiantes comprendan lo que leen, resuelvan problemas y utilicen conocimiento científico para tomar decisiones.
Ecuador obtuvo 393 puntos en ciencias, 366 en matemáticas y 385 en lectura, por debajo de los promedios de la OCDE: 482, 463 y 461. Más revelador es el nivel mínimo de competencia. Solo el 20% de los estudiantes alcanzó el nivel 2 en matemáticas; en lectura lo hizo el 38% y en ciencias el 40%.
El problema no es exclusivamente ecuatoriano. PISA 2025 registró los promedios más bajos de la OCDE en lectura y matemáticas.
La OCDE identifica entre las tendencias que acompañan los resultados más bajos factores como las dificultades de concentración, las distracciones digitales y los cambios en los hábitos de aprendizaje. Eso evita una conclusión simplista, pero no ofrece una excusa.
En Ecuador, el origen social sigue pesando. Los estudiantes del cuartil socioeconómico más favorecido superaron por 86 puntos en ciencias a los más desfavorecidos. Además, en ciencias, el estatus socioeconómico explicó el 20% de la variación del rendimiento, frente al 12% promedio de la OCDE. La escuela no compensa suficientemente las desigualdades con las que cada estudiante llega al aula.
También hay señales que conviene aprovechar. El 86% de los estudiantes dijo que sus docentes muestran interés en su aprendizaje y el 85% que reciben ayuda adicional cuando la necesitan. La mayoría valora la escuela y declara perseverar cuando una tarea se vuelve difícil. Es una base sobre la que construir.
El desafío es convertir esa disposición en mejores aprendizajes. Eso requiere priorizar comprensión lectora, matemáticas y ciencias desde los primeros años; fortalecer la formación docente; dirigir recursos hacia escuelas con mayores carencias; evaluar de forma continua y utilizar los resultados para corregir, no solo para comparar.
La tecnología añade otra urgencia. El 52% de los estudiantes ecuatorianos afirmó usar chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana, por encima del promedio de la OCDE. La respuesta no puede ser prohibir por reflejo ni incorporar herramientas sin criterio. La escuela debe enseñar a verificar, argumentar, resolver y pensar antes de delegar esas tareas a una máquina.
PISA también exige leer los datos con cuidado. Los resultados de 2025 son inferiores a los de 2017 en matemáticas y lectura, pero la OCDE advierte que, durante ese período, Ecuador incorporó al sistema educativo a más adolescentes de poblaciones históricamente marginadas. Ampliar acceso puede bajar promedios mientras mejora inclusión.
La lección, entonces, no es escoger entre cobertura y calidad. Ecuador necesita ambas. PISA debería convertirse en una línea de base para una política educativa sostenida, medible y menos dependiente de los cambios de gobierno.
La educación mejora cuando un país deja de reaccionar a los resultados y empieza a trabajar entre una evaluación y la siguiente.
Revisa aquí nuestras editoriales