Los gobiernos seccionales y los 100 días de gracia

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Viernes 23 de agosto 2019

En la política local, y no solo en ella, es común dar un período de gracia -regularmente de 100 días- a las autoridades elegidas antes de que empiecen a tomar decisiones. Se supone que es el tiempo en que un prefecto o un alcalde, al igual que otras figuras, pueden empaparse a fondo de las agendas más importantes de su jurisdicción.

Esa costumbre cobra sentido en un país en el que las ofertas de los candidatos a duras penas se registran en el Consejo Nacional Electoral como un requisito, y no necesariamente como el fruto de un análisis concienzudo de la realidad que deberán manejar si llegan a ganar las elecciones.

Otra explicación es que definitivamente el Ecuador no es un país que se distinga por hacer transiciones ordenadas entre la autoridad saliente y la entrante; eso a veces no sucede ni siquiera cuando una y otra son del mismo movimiento político.

Una vez que se han cumplido cien días desde la posesión, el 14 de mayo, se han observado varios comportamientos a escala nacional. Hay, por ejemplo, tres organismos seccionales que prefirieron hacer un cierre temporal para empezar prácticamente de cero. Se trata de la prefectura de Guayas y las alcaldías de Salitre y Santa Isabel (Azuay).

En otras jurisdicciones, como en Quito, donde se suponía que hubo una transición de varias semanas, el nuevo Alcalde prefirió hacer una exhaustiva auditoría interna antes de definir las prioridades y acciones.

En casos como el de la Alcaldía de Guayaquil, las decisiones están marcadas por la continuidad. Chyntia Viteri tomó la posta de su coideario Jaime Nebot, quien a su vez la tomó de León Febres Cordero.

Por último, en algunos gobiernos seccionales no ha habido ni continuidad ni auditoría ni innovación: solo la constatación de que el presupuesto del 2019 es el del 2018 prorrogado, y que las necesidades son grandes.

Este Diario constató que en estos 100 días las prefecturas de Pichincha, Guayas, Azuay y Manabí se han ocupado de la vialidad, producción y reestructuración institucional.

El gran reto, en esta época de limitaciones, es ahorrar y priorizar.