Momento positivo

Las derechas fueron las grandes derrotadas en este proceso electoral. No solo fue culpa de la campaña plana, poco creativa del candidato Lasso. O de las “noticias falsas” de sus contrincantes. O de los prejuicios de la población frente a un banquero. No solo fue su condición de mal candidato, como dicen algunos comentaristas. Cualquier candidato, joven, viejo, serrano o costeño, de esta tendencia política estaría transitando por los caminos que hoy camina el señor Lasso.

Y es que este sector político está pagando la factura de la codirección de una crisis fiscal y económica pésimamente manejada. Carga con el rechazo a medidas descomunales de ajuste dictadas sin ningún tino político.

Ciertamente tales medidas aplicadas brutalmente en octubre del 2019 suscitaron la gigantesca reacción social que encabezó el movimiento indígena junto a la juventud. La resistencia popular las frenó temporalmente, pero los estrategas económicos y políticos gubernamentales, aprovecharon el confinamiento obligado y del estado de excepción, de la inmovilización y del miedo a la enfermedad, para aplicarlas.

Nunca en estos años se le habló claro y con transparencia a la gente sobre la profundidad de la bancarrota, que se agigantó por causa de la pandemia. Se desaprovechó los momentos dramáticos para convocar a acciones de sacrificio colectivo y de unidad nacional. Se prefirió la aplicación unilateral de medidas draconianas aprovechando del espanto.

Un Gobierno Kamikase, sin interés político coyuntural, en medio de la expansión del virus, de los miles de muertos, del cierre de negocios, empresas y escuelas, de la depresión, de la violencia intrafamiliar, del suicidio, impuso restricciones, despidos, como nunca en los últimos 30 años.

La gente acumuló indignación y desesperanza. El volcán que se desahogó en octubre del 2019, se volvió a llenar, sin capacidad de desfogue hasta ahora, las elecciones. A través del voto, ese pueblo indignado se ha pronunciado. Castiga a los autores y cómplices de las medidas, y premia a quienes encabezaron el rechazo a este modelo, al movimiento indígena y al correísmo, e incluso estimula a otros actores nuevos, caso Hervas, que vendió la idea de un cambio con libertad, con lo que se empieza a llenar el espacio vacío del centro político.

El voto mayoritario, que no solo es contestatario al modelo de ajuste, anhela el cambio hacia un esquema más democrático e incluyente. En este grupo se expresa también un apreciable segmento del populismo ligado a prácticas clientelares.

Pero, sobre todo aparece, a través de un movimiento indígena renovado, a través de la figura de Yaku, una refrescante ola de oxígeno político contemporáneo y alegre, llamando a la reconciliación, a la no violencia, con tesis ambientalistas, feministas, democráticas, que ponen al país en otra dimensión.

Parecería que vamos a una segunda vuelta en un ambiente positivo.