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Martes 18 de septiembre 2018

¡Madrid, 15 de octubre de 1874: La Real Academia Española anuncia la instalación de su Academia Ecuatoriana correspondiente en Quito. 4 de mayo de 1875: El presidente Gabriel García Moreno aprueba la existencia de la Academia y “… por considerarse deber de la legislatura proteger y dar impulso a todo lo que ilustra y honra a la Nación concede a la AEL la dotación de 600 pesos por año que satisfará el Tesoro nacional…”

¡600 pesos de nuestra nostalgia, que no se entregaron a la Academia durante 25 años! En 1904, por gestiones del expresidente y académico Luis Cordero Crespo ante legisladores cuencanos, la Cámara reconoce la deuda estatal y el Gobierno dona a la AEL la mitad de un inmueble en la calle Cuenca. La otra mitad llegará en 1905, por empeño del académico Alfredo Baquerizo Moreno, luego presidente de la república. El decreto de entrega faculta a la Academia a que en “pública subasta enajene dicha casa y compre otra más adecuada al servicio de dicho Instituto”. ¿Enajenarla, venderla?: 16 directores han presidido la Academia desde 1905, con graves e insolubles penurias económicas, pero nunca pensaron en vender la vieja casa necesitada, hasta hacía pocos años, de refacciones costosísimas. Desde 1875, los miembros de la Academia se reunían en la citada casa del suegro de don Julio Zaldumbide.

Vayamos a detalles de su historia: Según el estudioso Fernando Jurado, en tiempos prehispánicos el actual solar de la Academia pudo haber sido parte del complejo arquitectónico del Inca Huayna Capac, pues su palacio ocupaba la manzana de enfrente, y su granero era el actual convento de San Francisco; si esta hipótesis significativa contribuye a su dignidad, son históricos los datos hispano-mestizos según los cuales la inmensa quebrada de Sanguña, ‘rompía el espesor de la manzana en que ahora está situada la Academia […] La plazoleta de La Merced avanzaba al occidente y en el terreno que sigue al que fue el teatro Granada, solo la quebrada existía’. En él, viejas huertas pertenecieron sucesivamente a mestizos destacados. Juan Lobato de Sosa, al referirse a su casa, cuenta que queda ‘cerca de San Francisco’ ¿estaría en el actual sitio de la sede académica?
1680: la casa de enfrente pertenecía a un canónigo Avendaño, quien afirma en su testamento que su casa ‘mira a la del capitán Onrramuño y Arteaga’; la vivienda de Avendaño perteneció más tarde a la familia Zaldumbide y llegó a ser sede del Conservatorio Nacional de Música. Hacia 1840, más de un siglo después, un dato del censo de Quito señala que la casa de Onrramuño, que según Jurado puede corresponder a la que el Estado entregó, semi-ruinosa, a la Academia, estaba situada en la ‘manzana de la gallera’ de don Jacinto Gómez, gallera con mayor celebridad que las casas que en esos terrenos ya existían y las que en ellos iban construyéndose, las cuales, con los años, desalojaron gallos y ‘arena’.

Pero la historia de una casa requiere de tiempo y caracteres. La completaremos un día.