Sebastián Mantilla

La crisis de la Unasur

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Desde su creación, en marzo del 2008, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) atraviesa por una de sus peores crisis. Seis de los 12 países miembros, manifestaron la semana pasada su intención de suspender indefinidamente su membresía a este bloque de integración regional.

Se trata de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, que por su extensión territorial, número de población o PIB, tienen un peso significativo en la región.

El motivo de esta decisión se debería a la falta de consenso para nombrar al nuevo secretario general. Ernesto Samper, expresidente de Colombia, dejó el cargo en enero de 2017 y, desde esa fecha, no ha sido posible encontrar reemplazo. Daría la impresión que Bolivia, a cargo de la Presidencia pro témpore de Unasur, no ha sabido conducir adecuadamente esta organización e incluso se ha dejado llevar en exceso por una agenda más ideológica que estratégica.

Hay que tomar en cuenta que la Unasur aparece en el escenario latinoamericano en 2008 como una iniciativa que buscaba abarcar a todos los países sudamericanos. Y, sin descartar la vigencia del Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o la Organización de Estados Americanos (OEA), las cuales han atravesado por varias crisis, la Unasur pueda tener más peso e influencia regional.

De este modo, la UNASUR nació con grandes expectativas y desafíos: fortalecer el proceso de integración, promover el diálogo político, dar impulso al desarrollo social y a otros aspectos como infraestructura, seguridad y defensa, democracia, entre otros.

Sin embargo, discrepancias de carácter ideológico de los presidentes de la región han terminado por socavar la débil institucionalidad de la UNASUR. Esto ha hecho que el papel de este mecanismo de integración sea marginal, sobre todo frente a aspectos complejos como el rompimiento de la institucionalidad democrática en algunos países de la región (el caso de Venezuela), el incremento de la violencia y del narcotráfico, corrupción, la crisis migratoria, etc.

De igual modo, este debilitamiento de la UNASUR se debe también a la poca incidencia que a nivel regional ha dejado de tener Brasil y Argentina, promotores en un origen de esta iniciativa. La reciente crisis política de Brasil (afectada por casos de corrupción de la cual pocos han salido librados), así como el giro que ha tomado Argentina a nivel externo con el presidente Mauricio Macri, explican lo ocurrido.

En ese sentido, la respuesta que ha dado el Ecuador frente al pronunciamiento de los países que han optado por suspender indefinidamente su membresía a la Unasur está demás. Esta instancia subregional no tiene sentido de existir sin la presencia de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú. Si Bolivia no reacciona con un poco de sentido común para facilitar la nominación del nuevo secretario general, la Unasur se acaba.