La batería de EyeBorg se sujeta al cabello de los usuarios. El dispositivo se coloca en la frente y dispara un láser que rebota en los objetos y retorna, lo que produce una vibración al detectar un obstáculo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La batería de EyeBorg se sujeta al cabello de los usuarios. El dispositivo se coloca en la frente y dispara un láser que rebota en los objetos y retorna, lo que produce una vibración al detectar un obstáculo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Martes 03 de julio 2018

Tecnología

Gadgets diseñados para mejorar las habilidades de las personas

Estéfano Dávila Ferri

Desde las cinco de la mañana, Miguel Ángel Tixilema está despierto y comienza la preparación para su jornada. Él estudia durante el día hasta las 12:50. A esa hora sale de su colegio y luego va a sus clases al conservatorio, desde las 13:10 hasta las 19:30.

A las 20:30 llega a su casa a hacer las tareas -tanto del colegio como del Conservatorio de Música- hasta la medianoche. Él tiene 17 años y desde los 14 cumple con su rutina con la música y los estudios. También practica fútbol y natación. Y es una persona no vidente.

Tixilema fue uno de los primeros voluntarios que ha trabajado con Diego Aguinsaca, Álex Aldaz, Carlos Canacuán y Fabricio Reyes, los jóvenes ecuatorianos creadores de HandEyes, un dispositivo tecnológico de ayuda para personas no videntes.

Hace prácticamente dos años que Tixilema está utilizando EyeClip, la nueva versión de HandEyes. Es un dispositivo más pequeño y liviano, más cómodo para llevar por los usuarios. Con el dispositivo, los cuatro jóvenes ecuatorianos ganaron en el 2016 el concurso de History Channel ‘Una idea para cambiar la historia’. Pero eso fue solo el inicio de una carrera de innovación.
 

Miniaturización

La batería de EyeBorg se sujeta al cabello de los usuarios. El dispositivo se coloca en la frente y dispara un láser que rebota en los objetos y retorna, lo que produce una vibración al detectar un obstáculo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La batería de EyeBorg se sujeta al cabello de los usuarios. El dispositivo se coloca en la frente y dispara un láser que rebota en los objetos y retorna, lo que produce una vibración al detectar un obstáculo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

 
Hoy, estos cuatro chicos están en pleno desarrollo de EyeBorg, un pequeño aparato de menos de 2 centímetros que va colocado en la frente de las personas no videntes. El funcionamiento de este dispositivo se basa en el mismo principio que HandEyes y EyeClip, pero con el reto añadido de reducir el tamaño de la tecnología, para hacerla más portable.

EyeBorg es un experimento nuevo y, por estar en su etapa de desarrollo, todavía es un dispositivo de uso externo, sobre el que se están corrigiendo posibles errores que se han detectado durante su desarrollo.

El reto a futuro está en miniaturizar el tamaño de la batería para lograr que quepa en la estructura central de 2 centímetros de EyeBorg.

El siguiente reto, a largo plazo, es aún más osado: EyeBorg podría ser un dispositivo que se pueda implantar en la parte frontal del cráneo de las personas no videntes.

Para llegar a este paso, personas como Tixilema deberán pasar primero por un proceso de aprendizaje, en el que poco a poco se vayan acostumbrando a las señales que reciben del dispositivo externo.

Para su trabajo, los creadores de EyeBorg se reunieron hace pocas semanas con Neil Harbisson, artista y activista ‘cyborg’ de origen británico. Él ha sido uno de los primeros en desarrollar sistemas tecnológicos que permitan aumentar las capacidades humanas.

Harbisson tiene una condición conocida como acromatopsia: solo puede ver en blanco y negro. Desde hace años, él se dedicó a la investigación para la creación de un dispositivo que le permitiera ‘escuchar’ los colores.

Él actualmente tiene una cámara que va conectada a un chip que está insertado en la parte trasera de su cráneo. Cuando la cámara capta un color, este se traduce en una frecuencia sonora que es transmitida su cráneo y viaja internamente a su sistema auditivo. Esto le permite a él, literalmente, escuchar los colores.

Tras años de entrenamiento, Harbisson ahora escucha permanentemente una sinfonía de timbres graves y agudos a su alrededor. Pero el sonido no es algo intensivo para él, ya que ha acostumbrado a su organismo a la presencia constante del sonido, casi del mismo modo como el que el resto de personas se han acostumbrado durante toda su vida a la presencia del color en todas partes.

Del mismo modo, Tixilema deberá acostumbrarse progresivamente a las señales emitidas por su EyeBorg para que sean parte de sus sentidos.
 

Desde la academia

Diego Navas, colaborador del proyecto, manipula los sensores de proximidad. Foto: Estéfano Dávila Ferri / EL COMERCIO

La Universidad Politécnica del Ecuador ha investigado y desarrollado tecnología para personas no videntes. Foto: Estéfano Dávila Ferri / EL COMERCIO


En la Universidad Politécnica Nacional también se ha realizado, durante los últimos años, una investigación en torno a las posibilidades de aumentar los sentidos de los seres humanos con la perspectiva de ayudarlos.

José Lucio, profesor e investigador de esta institución, ha trabajado con su equipo de investigación en la creación de un ‘motor de aurilización’, un software que permite desplegar Sonido 3D.

Esto se define como una señal acústica que permite a una persona que escucha un audio poder recrear la sensación de inmersión acústica en un ambiente.

El trabajo conjunto de las facultades de Ingeniería Electrónica y de Ingeniería de Sistemas de esta universidad ha permitido no solo la creación de este motor, sino también la de un hardware para que pueda ser utilizado por personas con discapacidad visual.

Tras un trabajo de investigación y desarrollo que se inició en el 2016, hoy se ha creado un prototipo de chaleco que tiene una cámara estereoscópica en el pecho, la cual se conecta a un minicomputador, que recibe las señales visuales, las interpreta y las transforma en señales acústicas que se envían a unos audífonos que son utilizados por las personas con discapacidad visual. De esta forma se crea una representación acústica de los objetos cercanos: postes, puertas, arbustos y demás.

A futuro, gracias a estas investigaciones, Tixilema y otras personas no videntes podrían convertirse en los primeros ‘cyborg’ hechos en Ecuador.