23 de octubre de 2019 00:00

Stalin González sigue la huella de su padre en el judo

Stalin González, padre e hijo en el polideportivo de Cuenca, en los Juegos Nacionales. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

Stalin González, padre e hijo en el polideportivo de Cuenca, en los Juegos Nacionales. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

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Manuel Quizhpe
Redactor (D)
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Stalin González no solo tiene el mismo nombre de su progenitor, también heredó su pasión: el judo. A sus 13 años sueña con ser judoca mundialista y olímpico, lo que su padre no pudo concretar en sus dos décadas como seleccionado nacional.

‘Stalito’, como lo llama su familia, recuerda desde pequeño que su papá lo llevaba a los entrenamientos y desde entonces empezó a gustarle el judo. Hace siete años incursionó en este deporte y ha representado al Ecuador en dos ocasiones, alcanzado medallas de bronce a escala panamericana, suda­mericana y bolivariana.

Sin dudarlo responde que su meta es representar al país en los campeonatos mundiales, en las diferentes categorías, y buscar una clasificación a los Juegos Olímpicos. Su reto más cercano es volver a vestir la Tricolor en los Panamericanos Sub 13 y Sub 15, que se realizará en Guadalajara, México.

El judoca cañarense compitió en Cuenca, el pasado fin de semana, en los Juegos Nacionales de Menores. Allí ganó la presea de bronce en la categoría de 53 kilos, tras ser superado por el guayasense Luis Pacheco y el orense Jorge Cacao, medallistas de oro y plata.

Según Stalin González, padre y entrenador, “José Stalin ya superó todo lo que hice durante mi carrera deportiva”. Se emociona y se distorsiona su voz cuando se refiere a los progresos de su hijo. “Cada triunfo es una felicidad indescriptible para la familia”.

El exjudoca recuerda como anécdota, que cuando su hijo tenía 4 años le compró un kimono y lloraba sin querer ponerse. Tuvo que comprarle un helado para que se dejara tomar una foto. Después se abrió el club Tomo-Hamana y al ver a otros niños practicando, ‘Stalito’ le pidió que lo entrenara.

Su padre, conociendo lo caprichoso que era, le preguntó si le iba a hacer caso a sus exigencias y órdenes, él le contestó que sí. “Desde ese día nunca ha faltado a los entrenamientos”. Le ha pedido que no se sienta presionado por ser hijo de un exseleccionado nacional. La sugerencia es que escriba su propia historia.

Él está consciente de lo difícil que es ser entrenador y padre a la vez, porque es un deporte de muchas emociones. Le resulta difícil llamarle la atención o alzarle la voz en un combate y luego verlo a sus ojos en la noche para darle la bendición antes de dormir.

El judoca de 13 años es cinturón marrón y a más de los torneos panamericano, sudamericano y bolivariano, también ha competido en el US Open en Estados Unidos. Allí fue campeón en su categoría.
González, de 47 años, destaca la técnica japonesa de su hijo y confía que, conforme vaya madurando, irá perfeccionando su técnica con victorias y derrotas. Él, durante su vida deportiva, fue 21 años campeón nacional, tercero a escala panamericana, vicecampeón sudamericano y bolivariano.

En el hogar se habla y se respira deporte, puesto que su mamá, Patricia Guillén, fue exseleccionada de baloncesto de Cañar. Además su hermana menor, Sofía González, de 8 años, también practica judo y es dirigida por su papá.

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