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En abril de 2024, Kerlly Real sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha, a poco más de 15 meses del inicio de la décima edición de la Copa América Femenina, que se jugará en Ecuador.
Para Kerlly Real, la niña que empezó a jugar fútbol en el sur de Quito, recuperarse y volver a la Selección de Ecuador se convirtió en un objetivo alcanzado con dolor físico y fortaleza mental que la llevó a ganarse un lugar en la élite del fútbol europeo.
Kerly Real encontró su camino en el fútbol gracias a una figura clave: su padre. Desde muy pequeña, él la acercó al deporte con gestos sencillos, pero persistentes. “Él tenía mucha inspiración por el deporte y mucho más por el fútbol. Cuando estaba trabajando en la Policía, le daban partidos y siempre me llevaba”, recordó la futbolista, que hoy representa a Ecuador en Europa.
Esos primeros acercamientos, casi por instinto, se convirtieron en una rutina que forjó su vínculo con el fútbol. “Me fue enganchando poco a poco. Después íbamos al parque, él me hacía patear, y me iba gustando más. Él vio que tenía ahí cositas y me ponía a entrenar”, contó, entre risas, al recordar cómo lo que para ella era solo juego, para su padre era un proceso de formación.
“Para mí era diversión porque iba con mi padre a jugar, pero él inconscientemente me estaba entrenando desde muy pequeña”, confesó. Usando botellas como conos, piedras como obstáculos o cualquier espacio que tuvieran a la mano, su padre le marcó el camino.
“Ahí en la Mena II (barrio del sur de Quito) donde vivo, hay un parque y una cancha, y él me decía: ‘Te voy a pagar 25 centavos si haces gol en esta cancha’. Y arriba, en la de cemento, no te voy a dar nada”, recordó entre anécdotas y cariño.
Más adelante llegarían los partidos en los barriales, con amigos y vecinos, donde el premio mayor era una gaseosa. “Recuerdo cómo empecé, con mi padre de la mano, llevándome a los barriales, jugando por la cola de 25 centavos y la de 75 ya era lo máximo”, rememoró.
Con ese impulso tomó la decisión de convertir al fútbol en su vida. “Y de ahí fue como di el salto, ya para decir: ‘Bueno, me voy a dedicar a esto, esta va a ser mi profesión’”.
Ese vínculo temprano, lleno de creatividad, juego y esfuerzo, cimentó la base de una futbolista. Desde el viernes 11 de julio de 2025 representará a Ecuador en la Copa América Femenina con la mente puesta en obtener uno de los dos cupos a los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028 o uno de los tres a los Panamericanos Lima 2027.
Kerly Real no olvida su primera experiencia en una Copa América. Era apenas una adolescente cuando recibió la oportunidad de sumarse al equipo mayor. “Tenía 13 o 14 años. En ese momento uno solo juega, no se da cuenta de lo que puede alcanzar o lo que puede obtener”, recuerda con la misma mezcla de asombro y gratitud con la que vivió aquel torneo.
Todo era nuevo para ella. El entorno, la exigencia, la dimensión del escenario. “Me di cuenta porque veía a los otros equipos, cómo se desenvolvían, que Marta ya llevaba un montón de partidos, era referente y como que ibas enterándote más de las cosas”, dice al recordar cómo ese roce internacional le abrió la mente.
A pesar de la juventud y la inexperiencia, encontró respaldo en el cuerpo técnico y en varias compañeras. “Agradezco mucho al staff de ese momento que me dio la oportunidad, porque era muy joven. No tenía la experiencia, mis compañeras me daban diez mil vueltas”, confiesa.
Entre las voces que marcaron esa etapa, Kerly recuerda con especial cariño a la entrenadora Vanessa Arauz. Fue ella quien, en momentos de duda, la impulsó a creer en sí misma. “Me decía: ‘No te vengas abajo, tienes que pelear porque tu trabajo vale mucho más’. Y que muchas personas ya habían pasado por ese proceso, que era normal sentir miedo o sentirse menos”.
Con el paso del tiempo, Kerly transformó esa primera experiencia en un punto de partida. De ser la más joven del grupo, pasó a convertirse en una jugadora con recorrido internacional y una de las capitanas de la actual selección dirigida por Eduardo Moscoso.
El salto a España no fue sencillo. Kerly se encontró con entrenadores exigentes, directos y a veces duros en exceso. “Tuve entrenadores que me decían en la cara que no sé jugar al fútbol, que solo sé jugar a la pelota”, recuerda.
El problema no era solo futbolístico. El trato humano también pesaba. “Muchos entrenadores no tienen tacto”, admite. En medio de un Sudamericano sub-20 con la Selección, el club donde jugaba no le dio permiso para viajar. “Me decía: ‘¿Para qué te vas a ir, si ni siquiera te adaptas bien al equipo?’”.
Aquella falta de confianza terminó por afectarla profundamente. “Pasaba en mi cuarto llorando todos los días. Me cuestionaba por qué estaba ahí, si valía la pena, si de verdad quería seguir viviendo esa experiencia así”.
La barrera no era física ni emocional: era táctica. “Él me decía: ‘Vamos a jugar en este sistema, pero hay que volver a defender en este y terminar en otro’, y yo me quedaba sin ideas. No porque no quisiera, sino porque no tenía las herramientas para entenderlo”, reconoce.
Hoy, con el tiempo, Kerly no romantiza esa etapa. Fue dura. Pero fue necesaria. “Siento que fue en el momento adecuado, en la situación adecuada. Lo pasé muy mal, pero gracias a eso, lo demás ya lo veía más fácil”, reflexiona.
Ese primer golpe en el extranjero fortaleció su carácter y definió su personalidad. No fue un camino suave, pero fue el que la convirtió en la futbolista que hoy representa a Ecuador en una nueva Copa América, con la madurez de quien ya superó las tormentas más difíciles.
Málaga, Córdoba y Valencia son los tres equipos españoles que disfrutaron del talento de la quiteña. El siguiente paso será a la exigente liga italiana, pero no se animó a revelarnos con qué camiseta.


