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Esmeraldas, la cantera inamovible de futbolistas para la Tricolor

Énner Valencia (izq.) nació en la comunidad Ricaurte (San Lorenzo). Aquí es marcado por ‘Gaby­gol’, de Brasil. Foto: EFE

Esmeraldas no tiene equipos en la Primera categoría del fútbol ecuatoriano, pero más de la mitad de la alineación titular de la Tricolor que disputa las eliminatorias está formada por jugadores de esa provincia.

Énner Valencia, capitán y goleador de la Selección, dirigida por Gustavo Alfaro, es del cantón esmeraldeño San Lorenzo. En la ‘Provincia Verde’ también nacieron el experimentado arquero Alexander Domínguez, los zagueros Robert Arboleda, Félix Torres y Piero Hincapié. Son jugadores fijos en las alineaciones del DT en la ruta al Mundial.

En sus convocatorias también ha incluido a futbolistas como Pedro Ortiz, Ayrton Preciado y José ‘El Tin’ Angulo, de la localidad fronteriza. En un año ha hecho jugar a 52 tricolores, de ellos 16 son esmeraldeños. Detrás sigue Guayas, con 14 integrantes.

Desde el 2000, la presencia de los deportistas de la zona norte del país es mayoritaria. Los entrenadores tricolores han echado mano de ellos siempre para sus convocatorias. Solo en el periodo del estratega colombiano Luis Fernando Suárez, entre 2004 y 2007, fueron mayoría los guayasenses, con 22 representantes.

De los 516 que jugaron por Ecuador, desde el 2000 hasta la fecha, 158 han sido esme­raldeños. Siguen los guayasenses con 112.

Los talentos salen de sus provincias para llegar a las divisiones juveniles de los planteles de la Serie A, debutan y se consolidan. Varios emigran al exterior. El esmeraldeño Frickson Erazo, exseleccionado que jugó el Mundial 2014, explica que triunfan en el fútbol porque es su principal opción para escapar de la pobreza.

Su coterráneo Gabriel Bustos, quien capta talentos para Liga de Quito, lo corrobora. “Acá se crían en las calles y tienen que hacer frente a la ­pobreza desde la niñez. El fútbol es su salida”.

En Esmeraldas habitan 643 654 personas, según la proyección demográfica del INEC de 2020. Tiene siete cantones, y en todos se practica el fútbol desde la infancia. “Es el principal deporte”, dice Bustos.

Los niños juegan en las calles y en las canchas de las playas. Son captados por los ‘ojeadores’ para escuelas de fútbol y se muestran en los torneos relámpagos y playeros, en el campeonato amateur y en el de segunda.
Los clubes no cuentan con estructuras para formarlos, pero las escuelas de fútbol los adaptan a sus estilos para descubrir a las figuras.

Solo en la capital esmeraldeña hay 20 escuelas de fútbol. Tres de estas son filiales de Independiente del Valle, Barcelona y LDU. Cuentan con entrenadores, que presentan informes a los equipos en la búsqueda de las nuevas figuras.

La escuela de fútbol élite de los rayados del Valle se levanta en el sector La Propicia, de la ciudad de Esmeraldas. Los adolescentes llegan a entrenarse de lunes a viernes, con el anhelo de ser seleccionados para ir a la residencia del club en Sangolquí, en Pichincha. El coordinador es Andy Caicedo, quien destaca otras cualidades de los jugadores para llegar hasta la Tricolor. “Las condiciones físicas son innatas, algo que se requiere en la alta competencia”.

Bustos agrega que los adolescentes “son rebeldes y se enfrentan a las adversidades diariamente y eso puede ayudarlos en su adaptación a los clubes de Primera, aunque también puede perjudicarlos para acoplarse a las normas de convivencia”.

Para el cazatalentos, Esmeraldas tendría potencial para armar un equipo campeón de la Serie A con los jugadores nacidos en su tierra, pero repara en que no hay la infraestructura para retener a los futbolistas. Solo los clubes Vargas Torres y Atacames, que juegan en el campeonato de la Segunda Categoría, han peleado en los últimos años por llegar a la Serie B, pero sin fortuna.

Para los esmeraldeños, hay una gran felicidad cuando ven a los ‘hijos de su tierra’ en la Tricolor. “Llegar a la Selección es el máximo anhelo”, remata el exfutbolista Frickson Erazo.

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