2 de abril de 2019 00:00

Estado Subsidiador 

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Jaime Iván Fernández

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Desde que se inició el gobierno actual sus representantes se quejan de que lo recibieron con un gran déficit fiscal y una abultada deuda externa producto de una gestión típicamente populista. Se anuncia recientemente varios acuerdos con los multilaterales, con el FMI y el Banco Mundial a la cabeza, para recibir créditos por más de diez mil millones de dólares, es decir más deuda externa.

Sobre el déficit fiscal siguen los lamentos pero en el presupuesto del 2018 y de 2019 no se reduce el gasto público corriente. Como si se tratara de un Estado rico se subsidia a los “panas” o a los que más bulla hacen. Siguen las políticas populistas. No hay criterios generales, se aplica según el peso político de los actores sociales o los deseos de ayuda del Presidente a “nuestros viejecitos y viejecitas”.

Hay subsidios para los propietarios de buses de transporte público urbano (a cargo de los municipios), e interprovincial, ¡ para los “pobres” taxistas!, para los camaroneros (¡los mayores exportadores¡) a través del precio del diésel para pescadores, para los industriales, subsidio al IESS para pensiones y enfermedades catastróficas, subsidio al ISSFA para su déficit por pensiones iguales al sueldo de los activos (mientras a los civiles se les reduce y se le pone un tope máximo), subsidio a la vivienda (bono vivienda), subsidios a los pobres (BDH), a los minusválidos, al consumo de energía eléctrica según rangos, subsidio a los exportadores (devolución del IVA), y el subsidio intocable al gas, que favorece a los más ricos, el último, subsidio a los hijos huérfanos de mujeres asesinadas. A esto se suma la reciente condonación de intereses por deudas atrasadas al SRI y al IESS (2018), que terminó favoreciendo a un reducido grupo de grandes empresas, especialmente petroleras.

En el nuevo “Plan Económico” se devela que por “exenciones” a varios tributos (otra forma de subsidio), el Estado pierde más de USD cuatro mil millones. Mientras tanto, no existe financiamiento para un moderno sistema nacional de prisiones, las cárceles actuales son una vergüenza nacional, los mayores centros de formación delincuencial. Sin “ton ni son” se ofrece un “tren playero” en Guayaquil y un “metro cable” en Quito. Más populismo y más deuda.   

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