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El genio y la propaganda

Rechazado al principio, buscó unirse a un incipiente partido nacional socialista; luego, en sus filas, rápidamente ascendió, a través de lo que mejor sabía hacer: el adulo, la intriga, “la devoción absoluta” a su jefe, de quien incluso permitía decidir sobre su vida familiar. Logró un control total de los medios: la radio, la naciente televisión, el cine, los periódicos, Wagner, pasaron a su servicio. Consiguió con su convincente retórica y discursos incendiarios, acrecentar una cadena de ayudas económicas del pueblo y donaciones de industriales. Lograba hinchar los pechos de la población de un fervoroso patriotismo y un marcado odio. Utilizaba la propaganda para sus fines y los del partido. Nada se movía sin que pasara por el filtro de su ministerio de propaganda, ninguna noticia escapaba a su control y, luego de “potabilizarla” la daba a conocer a la masa; nada marchaba mal según la propaganda, nadie dudaba de los logros del partido… todo, en realidad, se ocultaba. Los miles de soldados muertos, las terribles derrotas, ciudades enteras devastadas por los bombardeos. Más, con la propaganda, todo iba bien.

Goebbles se suicidó en medio de los cadáveres de sus hijos, a los que había asesinado antes y, junto a su mujer Magda; en medio de la derrota de Alemania, fiel a su máxima que, “una mentira repetida mil veces… se convierte en verdad”.