Un espacio para hablar de los resquicios que dan cabida a la violencia y ponen en riesgo los derechos fundamentales. Otros artículos del autor: http://bit.ly/dBarreto Twitter: @ECdimitri
Dimitri Barreto P.
Periodista de Ecuador. Ha cubierto los efectos del conflicto armado colombiano, la corrupción y la violencia en Ecuador. Licenciado en Comunicación, con un diplomado en la UNAM sobre cobertura del crimen organizado. Es Macroeditor Digital de EL COMERCIO

¿Justicia por mano propia?

COMPARTIR
valore
Descrición
Indignado 9
Triste 3
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 15
Jueves 18 de octubre 2018

Ecuador no es un lugar donde las vidas se extingan fatalmente con una pedrada en la cabeza o con un cañón en la sien. Claro, tampoco es una sociedad ajena a la conflictividad, violencia intrafamiliar, corrupción o crimen organizado. Pero de manera alguna es un Estado fallido.

La masacre de tres detenidos en Posorja, linchados por una turba enardecida, muestra una violencia descarnada; que no es justicia, sino, por el contrario, violencia. No es un ejemplo a seguir y menos una expresión de democracia: es un crimen vergonzante.

Es inadmisible que el Estado carezca de capacidad para garantizar las vidas de personas detenidas en conflicto con la Ley.

Se aplaude que la autoridad considere “inaceptable” lo ocurrido con esa turba, movida por un mensaje falso, pero es incomprensible que califique los hechos como “justicia por mano propia”. La justicia solo es ejercida por jueces, lo de Posorja fue un linchamiento, ajusticiamiento, un crimen.

¿Jueces? Sí. Es indignante, desolador, leer en redes sociales mensajes de defensores de la democracia que la tarde del linchamiento justificaban esa violencia. ¿Que por un hijo uno estaría en primera fila de la turba sin preguntar? ¿En serio? ¿Que todos los malhechores debieran terminar igual?

Señores, muy a pesar de sus vísceras, la construcción de institucionalidad democrática empieza por escuchar al otro, sin arrogancia, sin egoísmo, sin violencia. La masacre de Posorja se basó en una idea falsa que se regó no solo entre pobladores, sino también entre usuarios de redes sociales, periodistas, prensa. Avalaron una mentira. ¿Y la contrastación?

Es impresentable. En una democracia, los líderes de opinión, políticos y periodistas, aún en Facebook o Twitter, no son jueces. ¿Qué harán al descubrir que la barbarie que animaron surgió de un rumor, que los masacrados no son lo que se dijo, como en Posorja? Nada, nada justifica una muerte. De líderes de opinión se espera sabiduría para construir paz e institucionalidad, no que emulen el estilo violento de poder que cuestionaron años y se nutre de la escisión.