La ideología anarquista fue uno de los pilares principales de la formación de los movimientos sindicales a fines del siglo XIX. Foto: Valentín Díaz / Afull

La ideología anarquista fue uno de los pilares principales de la formación de los movimientos sindicales a fines del siglo XIX. Foto: Valentín Díaz / Afull

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¿Te gusta trabajar no más de ocho horas diarias? Agradécelo a los anarquistas

Valentín Díaz
Redactor (I)
1 de mayo de 2018 00:00

A veces damos las cosas por sentado; creemos que los derechos con los que hemos nacido son inherentes. Pero, en realidad, los méritos que hemos ganado en la historia son fruto de una lucha dedicada y constante. Es el caso de, entre muchos otros logros colectivos, los derechos laborales.

En Ecuador, se le suele denominar al 1 de mayo de cada año el Día del Trabajo, como una suerte de reivindicación per se de la ocupación laboral. Sin embargo, lo que se celebra realmente en esta fecha es el Día Internacional de los Trabajadores, que conlleva una ovación histórica a los movimientos obreros del mundo.


El anarquismo y el nacimiento de los movimientos obreros

La jornada laboral de ocho horas fue conseguida en Estados Unidos por movimientos conformados, en su mayor parte, por anarquistas. De igual manera, el nacimiento de las organizaciones obreras ecuatorianas se dio gracias a esta ideología. “En las raíces de nuestra izquierda y del movimiento sindical hay una gran presencia anarquista, pero muy poco organizada que se perdió casi inmediatamente”, según el historiador Enrique Ayala Mora.

La huelga general de Guayaquil, en noviembre 1922, fue promovida por dirigentes anarquistas. Aquella huelga terminó en la lamentable masacre de alrededor de 1 500 personas en las calles del Puerto Principal, cuyos trágicos sucesos son relatados en ‘Las cruces sobre el agua’ de Joaquín Gallegos Lara. A pesar de este primer impulso, asegura Ayala Mora “en el Ecuador no hubo ninguna organización nacional vinculada al anarquismo. Eran solo contactos personales que se daban y que luego se quedaron atrás sobre todo por la inflación de los movimientos comunistas de la Tercera Internacional”.

La jornada de ocho horas en Ecuador

“En Ecuador no había organizaciones obreras en el siglo XIX, cuando se produjo la huelga de Chicago”, relata el historiador. Había solo organizaciones artesanales. En los últimos años de ese siglo comenzaron a formarse los primeros grupos de trabajadores: de los carros urbanos, del ferrocarril, “de una que otra fábrica que había crecido como de fideos o de productos comestibles”, comenta.

En el país, la jornada de ocho horas fue un proceso paulatino. “Hubo una huelga en 1897 en Guayaquil, el primer detonante”. A fines de la década de 1910 y a principios de la de 1920 ya se había generalizado. La legislación, posteriormente, reconoció esta jornada oficialmente. “Pero se daba solo en ciertos sectores burocráticos, en el Estado y en algunas fábricas: ocho horas diarias de lunes a viernes y cuatro horas los sábados. Casi a finales del siglo XX se suprimió el trabajo sabatino”, asegura Ayala Mora.


Los obreros ecuatorianos y el 1 de mayo

El 1 de mayo pasó a ser la fecha clave de la reivindicación obrera en el mundo. El catedrático indica que “al principio se daban únicamente veladas. La primera fue en 1911. Pero la primera celebración pública fue en Guayaquil en 1920 y pocos años después en Quito. Coincidió eso con la matanza de 1922 y después ya comenzó a celebrarse”.

“Lo que se hacía normalmente era una reunión social, con alguna conferencia o un acto cultural y luego fiesta”, dice el historiador. Los sindicatos impulsados por el socialismo y la izquierda hacían fiestas seculares, mientras que las organizaciones gremiales católicas hacían fiesta religiosa. “Como el Papa había proclamado que la fiesta del 1 de mayo era de San José obrero, se daba una misa por este santo y una celebración de esta naturaleza”.

Ayala Mora comenta que “las marchas por el 1 de mayo son bastante tardías”. Comenzaron a hacerse en los años 60. En 1973 se dio la primera marcha unitaria de las centrales sindicales del país. En 1975 se fundó el Frente Unitario de los Trabajadores (FUT), “que hizo la primera huelga nacional de todas las centrales que había en ese entonces”, asegura

Breve historia de los movimientos sindicales ecuatorianos

Para la huelga de 1922, existía ya un movimiento obrero constituido, “pero no del todo consolidado”, recuerda Ayala Mora. “El proceso comenzó con una huelga ferroviaria que se dio en agosto y luego pasó a la empresa de carros urbanos y después se convirtió en una protesta popular generalizada en Guayaquil. La masacre del 22 no solo debe ser recordada por el brutal acto de matar cientos de personas en la calle, sino porque fue el primer acto de masas en la calle que expresaba la presencia de la clase obrera”.

Después de la masacre, coexistieron durante un tiempo sindicatos modernos de trabajadores fabriles u organizaciones artesanales. La primera central sindical del Ecuador, la Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (Cedoc), empezó en 1938. “Eran en su mayoría artesanos, pequeños comerciantes y unos pocos obreros”, comenta el historiador.

“La que tuvo una composición obrera mucho más importante era la CTE (Confederación de Trabajadores del Ecuador)”, fundada en 1944. “Coexistieron la Cedoc y la CTE durante un tiempo, hasta que en 1961 se fundó la Ceosl. Esas fueron las tres centrales sindicales constituyentes del Frente Unitario de los Trabajadores”.

El movimiento obrero ecuatoriano en la actualidad

Ayala Mora estima que los movimientos sindicales son en la actualidad igual de importantes que en el siglo XX. “Hace seis o siete años, la gente hubiera pensado que el FUT habría entrado en un proceso definitivo de liquidación, o que al menos hubiera tenido una pérdida de fuerza muy grande”. Pero, asegura, conforme se consolidó el correísmo, lo hizo de igual manera el movimiento obrero.

“El eje militante de la oposición a Correa ha sido el FUT”. Además, dice, “tuvo la iniciativa de fundar la Comisión Anticorrupción, que expresaba la voluntad nacional de luchar contra el despilfarro. La incidencia del movimiento obrero ha sido mucho más grande que cuando ha tocado elecciones, porque en procesos electorales, los sindicatos y movimientos obreros no sacan buenos resultados porque tienen candidatos que no generan impacto”, concluye.