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‘Lo último que supe de mi hijo es que otros presos se querían meter a su pabellón para matarlo’

Rosa, nombre protegido, viajó desde Los Ríos hasta Guayaquil para tener noticias de su hijo, tras la matanza del pasado 23 de febrero. Foto: EL COMERCIO.

Rosa, nombre protegido, viajó desde Los Ríos hasta Guayaquil para tener noticias de su hijo, tras la matanza del pasado 23 de febrero. Foto: EL COMERCIO.

Rosa, nombre protegido, viajó desde Los Ríos hasta Guayaquil para tener noticias de su hijo, tras la matanza del pasado 23 de febrero. Foto: EL COMERCIO.

Rosa (nombre protegido) sostiene en sus manos un pequeño cartel que ella mismo escribió. “Autoridades hagan algo, no permitan que muera gente inocente”, dice el escrito. La muestra en los exteriores de la cárcel Regional de Guayaquil.

Allí lleva dos días esperando noticias de su hijo de 33 años. Ella es una de las decenas de familias que durmieron al aire libre para conocer el estado de salud de sus familiares.

Su historia se detalla a continuación:

“Yo soy de Babahoyo (Los Ríos). Llegué ayer acá a la cárcel. Mi hijo lleva ocho años en esta prisión y este mes iba a terminar su condena. Toda la familia estaba feliz, yo estaba alistando la casa para recibirlo. Por eso casi me desmayo cuando me enteré de que hubo una matanza en la cárcel. El martes nos enteramos por la televisión.

Esa noche la angustia de madre no me dejó dormir. Yo sentí que algo le pasó. Lo último que supe de mi hijo fue que otros presos se querían meter a su pabellón para matarlo. Eso me dijo una conocida que habló con él.

Por eso, al día siguiente compré un pasaje y me vine con los últimos ahorros que tenía. Desde entonces estoy aquí afuera esperando que alguien me diga algo. No sé si está herido o si alguien me le hizo algún daño. Aquí los policías no saben nada. Nos tienen como animalitos en un corral sin informarnos nada.

Ayer dormimos aquí afuera. Las cosas se pusieron muy feas. Se escucharon disparos, las patrullas entraban y salían. Yo solo me puse a rezar. Tampoco nos dijeron que pasaba. Hay chicas que están hasta embarazadas y también buscan a sus esposos.

La gente está desesperada. Hoy hay menos gente, ayer algunos se fueron a la morgue a retirar los cuerpos de sus hijos. Yo decidí quedarme aquí afuera hasta hoy. Si ya no me dicen nada, mañana me iré a ese sitio para preguntar si su cuerpo está allá.

Yo solo le pido a Dios que me lo cuide. La mayoría de aquí somos creyentes. Sabemos que nuestros familiares cometieron errores, pero también tienen derechos y la Policía debería cuidarlos.

Hoy en la madrugada decían que un grupo de presos intentaron escaparse, pero más que eso yo creo que intentaban huir de sus enemigos. Adentro siguen las peleas y nadie hace algo para detener esta situación.

Por eso yo pido al señor Presidente que ordene a sus funcionarios que nos den información. No dejen que más personas mueran”.

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