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Víctimas cuentan historias de ‘terror’ durante secuestros exprés

Sandra Mencías fue retenida en su propio carro por desconocidos que le robaron su dinero y el celular, en Quito. Foto: Cortesía

Los sospechosos circulan en vehículos por las calles de la ciudad. Desde ahí buscan a sus víctimas, las interceptan y las obligan a ingresar a los autos con violencia. Con armas de fuego las someten para robar su dinero o pertenencias.

En otros casos las retienen contra su voluntad dentro de los carros y las obligan a dar sus tarjetas bancarias y las claves. Una vez con las contraseñas, los atacantes van a los cajeros para retirar los fondos. Todo mientras las personas están en el interior.

Uno de estos episodios violentos los vivió el quiteño Rommel Chávez, de 28 años. Ayer accedió a hablar con este Diario. Dice que todo ocurrió el 23 de junio en Carapungo, un barrio en el norte quiteño. Fue sorprendido por desconocidos en un carro. Uno le apuntó con una pistola y le obligó a ingresar al vehículo sin placas.

Aunque esta forma de robo es conocida como ‘secuestro exprés’, los agentes que investigan estos delitos dicen que es un término mal utilizado. “El fin no es extorsionar por un rescate. Los atacantes buscan retener a las víctimas mientras roban”, dice uno de los pesquisas a cargo de estos casos. Añade que en la Policía lo manejan como robos agravados.

Rommel recordó que le quitaron el celular. Él forcejeó con sus captores para tratar de abrir la puerta y escapar, pero no lo logró. Uno de los sospechosos le golpeó en la cabeza con la pistola. “¡Cálmate! o te matamos”. A los pocos minutos llegaron a un cajero. Dos individuos se bajaron con él y le ordenaron sacar todo el dinero mientras le amenazaban.

Luego, huyeron en el vehículo. El afectado pidió ayuda al ver un patrullero. Ahí contó que estuvo 30 minutos retenido. “Todo fue como una película de terror”.

La Policía indica que, en este tipo de robos, las víctimas pueden estar hasta tres horas encerradas en los autos. Los informes oficiales advierten que las bandas actúan principalmente en la noche y madrugada. Un jefe policial explica que, diariamente, se puede sacar hasta USD 500 de un cajero. Por eso, las redes delictivas retienen a las víctimas entre 22:00 y la medianoche para que el sistema bancario se reinicie y así sustraer más dinero.

Según los datos del Ministerio de Gobierno, en los primeros cuatro meses de este año se han perpetrado 9 415 robos a personas a escala nacional. El 84,2 % de casos fue mediante ataques violentos.

Entre los expedientes que maneja la Policía están casos de conductores que fueron sometidos en sus propios carros.

Así fue como le robaron a Sandra Mencías su celular, un reloj y USD 50 en efectivo.

La mujer de 38 años trabaja con una aplicación de taxis. Ella recuerda que ese día recogió a dos jóvenes en el redondel de Lumbisí, en el oriente de Quito. Solicitaron que los lleve a la Autopista General Rumiñahui, pero en el camino pidieron que se desvié por otra ruta.

Al llegar a un sitio desolado, envió su ubicación a una prima. Cuenta que uno de ellos se dio cuenta que envió ese mensaje y comenzó a ahorcarle con un collar que llevaba puesto.

“Lloré, comencé a forcejear para que me suelte, luego le supliqué que no me haga daño”. En cambio, el otro sospechoso le apuntó con un arma de fuego en la cabeza y le exigió que entregue sus pertenencias.

Antes de huir, ambos la amordazaron y con cinta de embalaje le amarraron las manos y los pies. Al marcharse, ella logró zafarse de las ataduras, luego encontró en un compartimento del auto un teléfono antiguo, que no lograron robarle. Con ese celular llamó al ECU-911 y pidió ayuda.

Investigaciones policiales muestran que estas redes delictivas están conformadas hasta por tres personas. Cada uno tiene tareas definidas. El cabecilla es quien planifica todo y selecciona a la víctima. Un colaborador maneja el vehículo, mientras otro se encarga de perpetrar el ilícito.

En otra ciudad, en Guayaquil, Juan Izquierdo denunció que sospechosos rompieron los vidrios de su carro, cuando paró en un semáforo en la noche. Ahí lo retuvieron dos horas y le obligaron a dar sus contraseñas de las tarjetas. Luego sacaron sus fondos.

En esa urbe, Alberto Álvarez fue otra víctima la noche del 13 de enero. Pidió un taxi para trasladarse a un centro comercial. En el trayecto se subieron dos desconocidos. “Quise huir, pero las puertas tenían seguro para niños y no pude salir”.

Con una pistola lo amenazaron para que entregue su celular y su billetera. Luego los tres hombres los dejaron en un barrio del sur . Él presentó la denuncia y ahora el caso es investigado por la Fiscalía.

En estos casos, la Policía recomienda no forcejear con los antisociales. También pide a la ciudadanía tomar taxis legales para tener un registro de la cooperativa y el conductor.