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Así reclutan los narcotraficantes a los niños para sus bandas

A lo largo de su infancia los menores pasan varias fases antes de convertirse en sicarios. Foto: archivo / EL COMERCIO

Una camiseta de algodón con un gato estampado en el pecho identifica a los niños de una banda delictiva en Esmeraldas. No es el uniforme de escuela o de una colonia vacacional sino el distintivo de una banda criminal que ejecuta sicariatos, atentados con explosivos y se dedica al tráfico de drogas a gran y menor escala.

Según el Ministerio del Interior, es la nueva forma de reclutamiento de las bandas organizadas. Operan en zonas urbano marginales y los cinturones de pobreza de las ciudades, en especial de la Costa.

La camiseta, la posibilidad de pertenecer a algo y la garantía de al menos una comida diaria hace que los niños comiencen a tener fidelidad con la organización.

Una población en riesgo

Los niños tienen algo en común: provienen de hogares destruidos, con abandono y violencia. Otros quedaron a cargo de abuelos o tíos debido a que sus padres murieron, están detenidos o emigraron.

En el grupo reciben lo más parecido al afecto. Saben que si alguien los molesta o los maltrata serán defendidos por sus compañeros o los encargados del grupo.

En muchos casos, las autoridades detectan que las bandas se hacen pasar como miembros de iglesias. Con esa estrategia se ganan la confianza de los adultos que cuidan a los niños y autorizan que se lleven.

Sus actividades

Una vez reclutados, sus tareas son básicas: sirven de vigilantes, o sapos como les llaman; avisan si algún desconocido se aproxima. A través de silbidos alertan si es un habitante del barrio, una persona civil, un vendedor, la policía o integrante de una banda rival. Están en la primera línea de la organización criminal.

Conforme crezcan comenzarán a tener nuevas responsabilidades. El segundo paso será ser mensajeros, llevar droga para esquivar puntos de control policial, total, porque nadie sospecha de ellos.

También los usan para evitar que los rivales roben los cargamentos de drogas. Los niños caminan delante del narcotraficante que lleva el estupefaciente y alertan las amenazas para que escapen.

Por lo general un traficante menor es el que los maneja y entrena. A él le darán los cuidados y obedecerán en lo que él les pida.

Cambio de camiseta

Cuando llegan a la pubertad reciben la camiseta con la imagen de otro felino: un lince. Su nueva insignia acarrea otras responsabilidades. Según sus habilidades se los entrena en el manejo de armas para ser pistoleros y sicarios.

Usan las redes sociales, donde colocan sus videos con amenazas, mientras empuñan armas y hacen señales de las bandas. En poder de la Policía existen videos de menores de 10 años alardeando de estar activos para sus organizaciones. En la mayoría de los casos, los jóvenes son incitados al consumo.

Los traficantes saben que con la adicción tienen el control total de los muchachos. Para estos nuevos adictos, la droga es la moneda de cambio y están dispuestos a matar.

Niños sicarios

Según datos de la Policía Nacional, la mayoría de las víctimas de violencia criminal es joven de 20 y 30 años. Sus verdugos son personas de entre 14 y 30 años.

En Esmeraldas, los muchachos que se convierten en adolescentes y jóvenes reciben una camiseta con un tigre estampado. Esta insignia quiere decir que están listos para mayores responsabilidades.

Serán los miembros de la guardia de choque de algún traficante de poca monta y pelearán por el territorio con bandas rivales. Quienes tengan más sangre fría serán adiestrados como sicarios.

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