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Vecinos cuentan los tesoros de su barrio

La capilla del Señor del Árbol es uno de los atractivos de Pomasqui, en el norte de la urbe. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Miradores y museos, en Pomasqui

Cuenta la leyenda que hace cientos de años, Cristo se le apareció a uno de los pobladores de Pomasqui en el tronco de un árbol. En su honor, se talló la imagen del Santísimo en un quijuar.

La imagen reposa en la Capilla del Señor del Árbol, frente a la plaza central de la parroquia. Este es, según José Enríquez, líder cultural de Pomasqui, uno de los lugares mágicos que tiene la zona.

Otro de los atractivos es el Mirador de la Rosa Mística, es un templo religioso ubicado a las faldas del Casitagua. Como se asienta en una zona alta, tiene una vista privilegiada del pueblo. Desde allí se puede ver el cerro Pacto, y el Catequillá, el Cayambe, el Antisana y el Cotopaxi.

Los helados de paila también son famosos. Las personas a las que les gustan los dulces no pueden dejar de probar las tradicionales espumillas que se venden en la plaza. Asimismo, hay al menos 10 locales que ofrecen fritadas.

Para las personas a las que les agrada conocer de cultura y de historia, está el Museo Antonio Negrete, que es parte del Corredor Turístico Casitagua. Allí puede conocer la obra, las esculturas echas en piedra, y más de este artista. La casa misma está hecha en piedra. Otra opción es visitar el observatorio de aves Pomasquinde: un mirador de aves urbanas. Y el centro cultural Bellie Arte.

La iglesia une a los de la Villa Flora

El barrio donde la buena vecindad se mantiene con el paso del tiempo, tiene espacios donde las anécdotas están vivas. Es la Villa Flora, en el sur. La iglesia de este popular sector es uno de los sitios que está presente en el imaginario de la comunidad.

Sandra Moscoso, dirigente, tiene presente el día en que su única hija recibió el sacramento del bautizo, hace 28 años, de la mano del padre Vicente Aguilar y, a finales del 2021, él también fue quien realizó la ceremonia para su nieta.

El templo del barrio se levanta en las avenidas Rodrigo de Chávez y Maldonado, sur. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La quiteña de 58 años se adentró en la dirigencia barrial desde hace cinco años y, a su vez, en la coordinación del Grupo 60 y Piquito ‘Mi Linda Villa Flora’.

Para ella, como para el resto de vecinos, la iglesia del Señor de la Buena Esperanza es un referente latente, de la mano del párroco Pedro Rodríguez Castro.

Sus orígenes se remontan a 1964 y, como da cuenta Moscoso, el nombre se debe, justamente, a la potentosa imagen del Señor de la Buena Esperanza. El espacio, donde un Belén ya se puede divisar también cuenta con criptas. Se encuentran personajes como Paco Moncayo Altamirano, padre del exalcalde de Quito.

Además de la iglesia, en la Villa Flora se destacan espacios emblemáticos como la Concha Acústica, así como el denominado parque de los enamorados.

Tradición y vecindad en La Colmena

La Colmena, un tradicional barrio ubicado en el sur de la capital, alberga historia que tiene rastros incas, coloniales y contemporáneos. Uno de los espacios que está presente en el imaginario de los vecinos es la antigua parada de la línea de buses que tenía como punto de origen El Batán.

Esta, aunque ya no es tal, se recuerda en las calles Cestaris y O’Leary. Guadalupe Panchi, quien ha dedicado 15 de sus 41 años a la gestión barrial, da cuenta de que el espacio se convirtió en un punto de encuentro. Hasta la actualidad se sigue acordando encuentros en el espacio.

La antigua parada de la línea de buses que iban a El Batán se volvió un punto de encuentro. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Este no es el único sitio presente en la memoria de los moradores. Panchi habla de la iglesia mayor, donde se encuentra el patrono del barrio, San José.

No quedan fuera las canchas deportivas y el recordado árbol conocido como del amor, donde más de una pareja se encontraba.

Sobre La Colmena, que es parte de la parroquia La Libertad, hay detalles como que en la Ordenanza 1053 de 1965, se advierte que Quito contemplaba 90 barrios. En esta, el sector del Centro de Quito parecía en el numeral 18.

Panchi hace un llamado a las personas para que se animen a conocer este tradicional barrio y se enteren de las costumbres y los negocios antiguos que aún se conservan en el sector.

Historia y cultura en Rumicucho

Esta es una de las zonas más pobladas de San Antonio de Pichincha, en el norte de Quito y es un tesoro del patrimonio arqueológico del país. En el valle de Rumicucho viven unas 4 200 familias.

Miguel Chipantaxi, morador del poblado, cuenta que el principal atractivo de la zona es Pucará de Rumicucho, que son altares sagrados donde los antepasados hacían sus ceremonias. Está ubicado en la latitud 0 grados y 0 segundos.

Cuentan los historiadores que todos los pueblos Yumbo, Quitu Cara, Cayambes, Otavalos y demás hacían las grandes concentraciones espirituales allí. Protagonizaban ceremonias especiales de agradecimiento al Taita Inti.

Pucará de Rumicucho está conformado por cinco terrazas que eran altares indígenas. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Chipantaxi cuenta que esta fue una zona clave para la economía porque justo en este lugar las comunidades hacían los trueques de los productos. Era clave también en el aspecto militar ya que desde allí se organizaban las grandes batallas.

Las personas que visiten la zona podrán observar cinco terrazas, cada una es un altar y cumplía diferentes funciones. El lugar es administrado por la Cooperativa 29 de Junio y por la Asociación de turismo Rumicucho, que son parte de la comunidad. Allí también se puede visitar los miradores de los cerros La Marca, el Sincholagua y el Catequilla.

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