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Cinco de los 12 portales de El Chaquiñán, sin guardias

Julián Portilla (d.), administrador de la ruta, recorre la zona de los túneles de El Chaquiñán, entre Puembo y Tumbaco. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Era 1975 y la línea del tren Ruta del Norte, que unía Quito, Ibarra y San Lorenzo, dejó de operar. Casi de inmediato, la población que vivía por los alrededores del trazado se acostumbró a ir y venir por esos caminos de rieles y durmientes.

De eso se acordó Jaime Borja, vecino de Puembo. Por allí se movilizaba la gente de su pueblo, pero también la de Cumbayá, Tumbaco, Pifo, Tababela, Yaruquí, Checa y El Quinche. Ese trasiego incluso se realizó durante el apogeo de ese sistema de transporte.

Solo a finales de la década de los 80 del siglo pasado se oficializó aquel sendero para la movilidad de las personas y también de los animales de carga, algunos dirigidos por arrieros, rememoró Borja.

Por los años 90, los ciclistas hicieron suya la vía y el Municipio de Quito firmó un convenio con la Empresa de Ferrocarriles del Estado, documento que fue ratificado en agosto del 2013, para tener 20 años más de uso. Un año antes, en el 2012, el Concejo Metropolitano de Quito lo declaró Patrimonio Natural del Distrito.

Así fue como la Ruta Ecológica Metropolitana El Chaquiñán se convirtió en el espacio público de mayor conectividad. Sus 63 kilómetros van desde los talleres de Chiriyacu (sur de Quito) hasta la parroquia El Quinche, con tres tramos bien definidos.

Pero solo uno de ellos, el de Cumbayá-Oyambarillo, fue rehabilitado a lo largo de sus 23 kilómetros y se colocaron 12 portales. Según estadísticas del Municipio, por allí transitan 25 000 usuarios al mes.

Serán uno 15 días que, “de la noche a la mañana, los puntos de guardianía amanecieron sin la seguridad privada que tenían”, apuntó Borja. Cuando averiguaron las razones se enteró que las autoridades habían decidido retirarla “porque no tenían presupuesto”.

La Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), entidad encargada de la administración de parques y espacios verdes de la capital, se rehusó a pronunciarse al respecto porque -dijo- está preparando un informe completo para presentarlo en la sesión de Concejo de mañana, por pedido de la concejala Luz Elena Coloma.

Esta crisis comenzó cuando la Secretaría Metropolitana de Seguridad propuso, en enero pasado, un convenio para incorporar más agentes de control en los parques y así optimizar los recursos públicos; pero en abril hubo cambio de autoridades de la Epmmop y no se dio seguimiento al proyecto, explicó un exfuncionario de la entidad quien pidió no citar su nombre.

Así las cosas, prosiguió, en el Sistema de Contratación Pública (Sercop) se pidieron 27 puntos de guardianía para los 15 parques metropolitanos (incluida una parte de El Chaquiñán), cuando en el 2020 sumaban 63 puntos de seguridad.

Para evitar que los 12 portales de la ciclorruta sean desvalijados, sobre todo los moradores de Puembo y de Pifo se organizaron para hacer turnos. Eso era urgente, porque en un par de horas que esos sitios estuvieron sin resguardo ya se habían sustraído algunos elementos de la caseta de Guambi, contó Ana Sevilla, ­integrante del colectivo Amigos de El Chaquiñán.

Esa acción de emergencia no será sostenible en el tiempo, acotó. “No tenemos el presupuesto para pagar los USD 20 al día que se le da a la persona que ayuda en el control de los portales y duerme allí”, dijo Sevilla. Unos días después del retiro de la seguridad, apareció otro grupo de guardias en algunos portales. Sevilla se enteró que serían siete de los 12 que trabajaban antes.

Al tramo Puembo, que tiene cinco portales, solo le devolvieron un punto de vigilancia para Arrayanes y otro para Guambi. Se dejó sin vigilantes a La Lomita, San José y Oyambarillo. Los portales restantes están distribuidos en los tramos Tumbaco y Cumbayá.

Sevilla reconoció que la administración de las zonas verdes es compleja, por eso mismo está convencida de que hay que unirse con la empresa privada y la comunidad, tal cual se hizo en el tramo de Puem­bo-Oyambarillo; pero si el Municipio “nos abandona, todo se pondrá cuesta arriba”.

Entonces, sugerir que las juntas parroquias rurales se hagan cargo del mantenimiento y seguridad de los portales que están en sus territorios no es justo, porque sus presupuestos son limitados, acotó Patricio Carrera, presidente del Gobierno Autónomo Descentralizado de Puembo.

Aun así, su gobierno colaboró con la rehabilitación de casetas en su jurisdicción: Arrayanes y La Lomita. Lo hicieron porque ese espacio es uno de los más bellos de la ruta, donde gorriones y colibríes se cruzan a lo largo del trayecto cubierto por guarangos, alisos… Se suman tres túneles en los kilómetros 15,1,16,3 y16,4.

Toda esa belleza no es justo perderla, sostuvo Andrés Baquero, ecologista urbano, por eso es necesario devolver la seguridad a los portales porque de lo contrario la gente dejará de ir y El Chaquiñán volverá a quedar en silencio, como hace casi 50 años, cuando el tren de la Ruta del Norte calló para siempre.

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