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Quito tiene 30 parques metropolitanos, Guayaquil cuenta con 6 de esas dimensiones

64 hectáreas de terreno tiene el parque La Carolina, uno de los más grandes de Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Son las dos ciudades más pobladas del país, pero tienen una experiencia distinta en cuanto a espacios verdes. Quito tiene más hectáreas de estos espacios de manera general y también más metros cuadrados de estas zonas por habitante.

Los espacios verdes tienen que ver con parques, especialmente, pero también con plazas y hasta con parterres.

En número de parques, Guayaquil gana. Pero si bien en Quito son menos numerosos, son más grandes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como parámetro internacional que cada ciudad debe tener al menos 9 metros cuadrados de zona verde por habitante. ­Ambas ciudades cumplen esas expectativas, aunque Quito lo hace con mayor ventaja.

El urbanista Hugo Cisneros afirma que los espacios verdes son una de las fortalezas de Quito, sin embargo, advierte que nunca serán suficientes y que deben seguir creándose en las urbes, más aún cuando la pandemia reveló la importancia de ese tipo de lugares para la ciudadanía.

El experto señala que hacen falta seguridad y mantenimiento, sobre todo en los parques pequeños de barrios.

Parques como el Guangüiltagua, en el norte, o el Metropolitano del Sur ofrecen senderos montañosos para caminar o montar en bicicleta, pistas, áreas para acampar, decenas de canchas, juegos infantiles, máquinas de ejercicios para la tercera edad, áreas específicas para los perros…

Las personas acostumbran a ir a diario, desde antes de las 05:00, para ejercitarse. Los fines de semana son visitados en familia, para la recreación.

Esos son los dos parques más grandes del distrito quiteño. Entre ambos suman 1 239 hectáreas. Pero en Quito hay 30 parques llamados metropolitanos, es decir, que tienen más de 50 000 m², 15 de ellos están en manos del Municipio.

El parque estatal Samanes, en el norte de Guayaquil, cuenta con 57 canchas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En Guayaquil la realidad es distinta. La ciudad porteña tiene seis parques de las dimensiones antes descritas. El más grande no es municipal sino que está a cargo del Estado, es el de Samanes, ubicado en el norte, con 785 hectáreas de terreno.

Tiene 57 canchas, estadio, un polideportivo, ciclovías, pistas, áreas de juegos infantiles, área de camping y lagos artificiales.

Los guayaquileños visitan el lugar sobre todo los domingos. Es común ver a familias y grupos de amigos celebrando cumpleaños o paseando mascotas. Abre de lunes a domingo, hasta las 22:00. Dentro cuenta con servicio de vigilancia, sin embargo, ciudadanos han denunciado robos en los exteriores del predio.

Esa realidad dista de la de otros barrios guayaquileños. Por ejemplo, en el sector Juan Montalvo (noroeste), los dos parques del lugar suelen estar vacíos. La moradora Melissa Intriago contó que la inseguridad y la falta de árboles que den sombra desmotiva visitarlos. Uno de los parques dispone de columpios y una cancha de fútbol. No hay pista para trotar ni zonas verdes en las que se pueda hacer un pícnic.

Desde el Puente de la Unidad Nacional, en el ingreso a Guayaquil, hasta la Terminal Terrestre hay un parque lineal, en la rivera del río Daule.

Tiene palmeras, plantas ornamentales y caminerías para usuarios, pero no canchas ni juegos infantiles. Aunque ese espacio no es un parque como tal, es considerado área verde por el Cabildo. Lo usan quienes se trasladan a pie desde y hacia la Terminal.

En el conteo de zonas verdes también se incluyen las plazas tradicionales, como El Centenario y la turística Plaza Seminario (Las Iguanas). Distan mucho de un parque para recreación o ejercicio físico. Los parques de Guayaquil son pequeños y medianos, en su mayoría, y están en los barrios.

Para la urbanista Rosa Rada, en la ciudad porteña hace falta diseño. “Hay espacios mal ubicados y no reúnen la implementación necesaria”.

La experta dijo que las áreas verdes deben ser un punto que invite a la recreación. “Si me deja un espacio pequeño, un triángulo pequeño y por ponerle un árbol lo paso como área verde, eso se convierte en un espacio residual, no cumple una función social ni de inclusión de la comunidad, mucho menos es recreativo”.

Para Rada, Guayaquil tiene dos retos: incluir nuevos espacios verdes y recreativos en zonas consolidadas y, a través de ordenanzas, m­asificar la construcción de espacios completos en las nuevas urbanizaciones.

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