Paradojas de la Ruta Viva en Quito, con menos siniestros, es la más mortal

Pese a tener menos accidentes que otras vías de Quito, la Ruta Viva concentra una alta tasa de mortalidad. La velocidad es un factor clave.

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Son 27,8 kilómetros los que separan el aeropuerto Mariscal Sucre y la avenida Simón Bolívar, tomando por la Ruta Viva, que tiene 13 kilómetros. Y el tiempo, en un miércoles cualquiera y con lluvia. Toma algo más de 24 minutos tomar este tramo respetando los límites de velocidad. La Ruta Viva está pensada como de alta velocidad y aunque registra menos siniestros que otras vías, está entre las tres primeras con mayor mortalidad.

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La Ruta Viva de Quito tiene menos siniestros, pero una mayor mortalidad

La Ruta Viva no encabeza los rankings de siniestros en Quito. Sin embargo, su nombre aparece siempre entre las vías con más fallecidos por siniestros viales. Los datos lo confirman: esta carretera rápida que conecta el valle de Tumbaco con la capital registra menos colisiones, pero más muertes.

Entre 2023 y 2025, la Ruta Viva sumó 33 fallecidos en siniestros de tránsito, según registros consolidados de movilidad del Distrito Metropolitano. Es el tercer mayor número de muertes en toda la ciudad, después de la avenida Simón Bolívar (80 ) y Mariscal Sucre (62).

No obstante, ambas avenidas registran una carga vehicular mucho mayor y acumulan también cientos de siniestros: la Simón Bolívar tiene 795 totales en el mismo periodo, y Mariscal Sucre, 758. La Ruta Viva no figura entre las cinco vías con más siniestros, según los datos ofrecidos por Bloomberg en la página de la Agencia Metropolitana de Tránsito.

Este contraste revela un problema estructural: cuando ocurre un accidente en la Ruta Viva, las probabilidades de que sea fatal son mucho más altas.

Diseño, velocidad y falta de control en la Ruta Viva de Quito

Alfredo León Banderas, especialista en movilidad urbana, explica que la letalidad de la Ruta Viva está directamente relacionada con su diseño. “Es una vía pensada para circular a altas velocidades. Es frecuente que los vehículos superen los 100 km/h. A esa velocidad, cualquier error de conducción puede ser mortal”, advierte.

El experto señala una curva crítica en el descenso desde la avenida Simón Bolívar, a la altura del sector de Yanazarapata (la primera curva yendo de Quito a los valles). “Tiene un peralte mal calculado. Si el conductor pierde la línea a esa velocidad, no hay margen de corrección”, indica.

A esto se suma la ausencia de radares operativos en la vía. En la Ruta Viva solo funcionan dos radares y ambos quedan a la altura del ingreso a Cumbayá. Luego, al acercarse al puente del río Chiche, hay un cartel que dice “radar a 300 metros”, pero no hay radar alguno.

“El control de velocidad desapareció del mapa. Y cuando no hay control ni sanción, la norma se vuelve decorativa”, dice León.

De hecho, según Andrea Flores, de Bloomberg, que lleva a cabo las estadísticas de siniestralidad en Quito, “no hay controles de velocidad en este momento en ningún punto de la ciudad”.

Las cifras refuerzan su advertencia: la principal causa de muertes en accidentes en Quito es conducir sobre el límite de velocidad, con 1 873 fallecidos entre 2023 y 2025. Le siguen el irrespeto a la luz roja y la conducción bajo efectos del alcohol.

Controles sin sanción en la Ruta Viva

La Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) afirma que sí realiza operativos de control en la Ruta Viva. Según Alfredo Merchán, vocero de la AMT, es necesario “precisar que nosotros sí ejecutamos controles, obviamente en los lugares que requieren de seguridad. Esto es en la Ruta Viva y el kilómetro 8”. Además, afirma que se realizan operativos interinstitucionales con la Policía Nacional.

La Ruta Viva una vía perimetral que permite como velocidad máxima los 90 km/h. Sin embargo, con los radares educativos que implanta la AMT, “hemos podido levantar información de vehículos circulando hasta a 150 km/h. Esto también es un detonante para los siniestros de tránsito”.

La AMT afirma que trabaja en los dispositivos llamados de prevención de siniestro. No tiene efecto sancionatorio. Es algo que ya se implementa en la avenida Simón Bolívar, la ruta más peligrosa de Quito.

Consisten en el cierre de hasta dos carriles de la avenida principal para que, de esta manera, la circulación sea un poco más ordenada y con una velocidad constante.

Ya desde hace aproximadamente un año, en la curva de Yanazarapata se ven esas vallas anaranjadas que, al estrechar la ruta de tres a dos carriles, buscan reducir los siniestros. Según Merchán, se instalarán cuatro de estas vallas en la Ruta Viva.

Obras sin señalética y decisiones de alto riesgo en la Ruta Viva

El 21 de abril de este 2025, el Municipio de Quito inició la reparación de la vía. El objetivo, cubrir los baches que van apareciendo como caries en una boca sin cuidado ni higiene y que, por tanto, se van agrandando.

Los trabajos se realizan entre las 21:00 y las 05:00 para minimizar su impacto en la movilidad. Según el Municipio, “se utiliza mezcla en caliente, una técnica que permite habilitar el paso vehicular pocas horas después de la intervención”. Para el 5 de junio, algo más de 2 kilómetros se han repavimentado en los dos carriles (derecho y centro) de la Ruta Viva antes de ingresar a la avenida Simón Bolívar. El trabajo tenía un tiempo planificado de 120 días.

Conductor habitual de la Ruta Viva, Reynaldo Valdivieso describe su experiencia diaria con claridad: “Los trabajos de reparación parecen desordenados. Tapan huecos, por un lado, repavimentan por tramos cortos, y no avisan”.

La falta de señalética en las obras no es un problema menor. Las normas del Instituto Ecuatoriano de Normalización obligan a colocar advertencias con suficiente anticipación. Sin embargo, en la práctica, los conos aparecen a pocos metros del obstáculo, muchas veces sin personal que dirija el tránsito ni desvíos provisionales habilitados, sostiene León.

En otros puntos, como la bajada de La Primavera o la salida hacia el río San Pedro, los vehículos toman velocidades elevadas sin ningún tipo de regulación ni presencia de agentes de tránsito. “Hay obras en ejecución y ni un solo aviso. No se puede circular así a más de 90 km/h sin que se genere riesgo”, señala León.

Siniestros menos frecuentes, pero más violentos en la Ruta Viva

Según los reportes técnicos, los siniestros más frecuentes en Quito son los choques (3 380), seguidos por los estrellamientos (1 714), considerados técnicamente como “pérdida de control del vehículo”, categoría que predomina en vías de alta velocidad como la Ruta Viva.

En cambio, la Simón Bolívar, pese a su extensión y cantidad de eventos viales, tiene muchas más colisiones a baja velocidad, lo que reduce su índice de fatalidad.

El patrón horario también es revelador: los sábados de madrugada entre las 02:00 y las 06:00 son los momentos de mayor número de siniestros graves. En ese horario, la Ruta Viva funciona como una vía de retorno desde sectores de rumba o recreación, con conductores que muchas veces manejan con fatiga o bajo el efecto del alcohol.

Es más, a ciertas horas de la noche, se escuchan el rugir de motores de automóviles y motocicletas de alto cilindraje para correr. Y también circulan muchos camiones que no están debidamente inspeccionados ni choferes que están debidamente preparados.

El 21 de febrero de 2025, por ejemplo, un camión que llevaba alimentos, perdió el control y golpeó otro vehículo. El chofer del camión saltó del vehículo en movimiento. Las llantas de su camión lo mataron y no hubo más víctimas fatales porque se impactó contra el muro lateral.

El 21 de febrero del 2025, un camión que bajaba por la Ruta Viva, perdió el control e impactó un vehículo. El conductor saltó del vehículo, que lo mató con sus llantas traseras. Foto: ECU 911

Un llamado a la autoridad

Pese a las alertas de técnicos, usuarios y especialistas, el Municipio de Quito no ha tomado medidas estructurales. “Ni se han restablecido los radares, ni se ha corregido el diseño de las curvas más peligrosas. Tampoco se ha implementado un sistema inteligente de señalización para obras viales ni mejorado el control del tránsito”, dice León.

Los usuarios reconocen que no ven vehículos de la Agencia Metropolitana de Tránsito ni operativos de control de velocidad. Hoy, la Ruta Viva sigue operando como una vía estratégica de conexión para Quito, pero también como una trampa letal para quienes circulan sin saber que, allí, un error puede costar la vida.