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El Metro de Quito se transformó en un nuevo espacio de encuentro ciudadano y un punto de interrelaciones sociales, donde la apreciación del arte y la cultura crece poco a poco. Las estaciones del Metro de Quito no son únicamente lugares donde las personas acceden al transporte, también son zonas donde ocurre una convergencia social significativa. Estas áreas actúan como puntos de reunión de personas de diferentes estratos sociales y económicos, fomentando el intercambio y la convivencia.
Al contar con estaciones en áreas estratégicas, el Metro facilita el acceso a espacios culturales y recreativos cercanos, como parques, museos, teatros, entre otros. Esto permite que personas de diversas comunidades, incluso las que antes estaban desconectadas de estos espacios, ahora tengan más oportunidades de participar en actividades culturales y sociales. En esencia, no solo se conectan físicamente diferentes partes de Quito, sino que enriquecen la vida comunitaria.
Para el veinteañero Fernando Murillo, el Metro no solo moviliza a la gente más rápido, sino que es un buen punto para ‘topar’ con amigos. En las paradas exteriores, aclara, uno se encuentra, pero una vez que ingresa es seguro conversar. En su caso, suele viajar desde Quitumbe, la estación del extremo sur con mayor demanda, hasta Jipijapa, en el norte.
Luigi Bajaña, también de 20 años, coincide en que es un punto de referencia para encontrarse con sus amigos. Por ejemplo, se ven en la estación Morán Valverde para ir a dar un paseo por el Quicentro Sur.
Este joven está convencido de que acercarse y conocer gente también es posible, aún más si el pasajero es extrovertido. En su caso, confiesa que es todo lo contrario: entra y sale escuchando música con sus audífonos. Esta práctica es común en estaciones y vagones. Quienes acuden solos están más concentrados en su celular que en ver quién está a ambos lados o en frente. Incluso lucen encorvados y con sus cabezas agachadas. Esta imagen contrasta con grupos de jóvenes o adultos que conversan y ríen.
Para Sandro Lozada, de 18 años, también resulta más fácil encontrarse con sus amigos, por ejemplo, en las paradas de La Carolina y El Ejido. Camina poco y se siente seguro para dar un paseo por los parques. Ambas estaciones ya superan los 4,5 millones de viajes desde que se inauguró el tren subterráneo.
A diferencia de Luigi Bajaña, Sandro sí se ha planteado la posibilidad de acercarse y conversar con gente que no conoce. Pero no se arriesga por una razón: debido a la percepción de inseguridad que hay en Quito, las personas pueden creer que tiene otras intenciones y descartan que solo se trata de hacer nuevas amistades. Según la Encuesta de Percepción Ciudadana 2024, de Quito Cómo Vamos, 76% de encuestados considera que la inseguridad es el principal problema que afecta su calidad de vida.
Para Angélica Vélez, de 32 años, ni el Metro ni ningún transporte público sirven para conocer gente. No le da confianza hablar con desconocidos, pues no sabe qué tipo de personas serán.
“Todo es muy rápido para socializar con desconocidos. La gente es callada y está más enfocada en su destino”, asegura Daniel Sánchez, de 21 años. Este estudiante usa el Metro unas tres veces a la semana y considera que resulta más común ver gente que se encuentra en una parada y van conversando durante el trayecto. Lo propio ocurre con grupos de amigos o familiares.
Omar Bastidas, de 47 años, usa el Metro en la mañana y en la tarde, desde Jipijapa hasta La Carolina. Debido a la corta distancia entre estas dos estaciones considera que “falta tiempo para socializar”.
El viaje de una estación a otra varía, entre 0:45 y dos minutos y otros 30 segundos, en promedio, de espera hasta que llegue el tren. El recorrido completo dura 34 minutos.
Un estudio publicado en 2022 por Daniel Sgroi y Neha Bose, profesores de Economía del Comportamiento en la Universidad de Warwick, Reino Unido, concluyeron que cuatro minutos pueden ser suficientes para conocer aspectos importantes de la personalidad de alguien.
Para Santiago Robalino, de 19 años, en el Metro cada uno vive en su mundo. Pero más allá de la rapidez con la que se viaja y la percepción de inseguridad, cree que hay otros factores que inciden en la socialización. Para este joven universitario, los quiteños son cerrados, introvertidos y cohibidos.
A esta conclusión ha llegado luego de transitar a diario por las estaciones y vagones, en las mañanas y tardes. Pero al igual que el resto, asegura que es un buen punto de encuentro para ir con amigos a lugares cercanos a las paradas como el Centro Comercial El Recreo, el Centro Histórico o los sitios de entretenimiento del hipercentro (estación Iñaquito).
Claudia Merchán, jefa de Gestión Social del Metro de Quito, destaca que no solo se cuenta con una nueva cultura de movilidad, sino también se ha logrado canalizar y empoderar las buenas prácticas que tienen los ciudadanos, con una convivencia más armónica.
Para esto se cuenta con guías educativos en tren y estaciones, que abordan diferentes temáticas, como la estrategia ‘Cero acoso’, para erradicar la violencia y el acoso sexual en el transporte. También hablan de comportamientos positivos, respeto a los ciudadanos, uso preferencial de asientos y ascensores. Estos tópicos, además, se imparten en instituciones educativas y a dirigencias barriales, que tienen influencia directa con el Metro. La idea es que se consolide un sólido relacionamiento con este medio de transporte, que desde el 1 de diciembre de 2023 hasta este 27 de marzo de 2025 registra 73 millones de viajes.
En las estaciones Quitumbe, Labrador, San Francisco y Alameda se han exhibido muestras artísticas y culturales, que están vinculadas con cada sector y con la comunidad. Pero, al parecer, para los usuarios como Omar Bastidas no son suficientes. Cree que hace falta aprovechar mejor los espacios para exponer obras de arte. Esto sería un buen complemento para enriquecer su experiencia diaria de tranquilidad y rapidez al viajar en el Metro. Angélica Vélez también considera que se deberían hacer más exposiciones itinerantes, como el legado de Joaquín Pinto, que estuvo en el túnel peatonal del acceso de la 24 de Mayo de la estación San Francisco, en el Centro Histórico.
Sandro Lozado agrega que actualmente “se ve muy vacío y aburrido, hacen falta grafitis o trabajos de artistas que transmitan una idea y te hagan sentir algo”.
Daniel Sánchez también coincide en que falta una mayor apropiación de los espacios con arte y cultura. “Hace falta sentir amor y pertenencia por el Metro. Sentirse orgulloso porque esto no tiene todo el mundo”. Menciona al Metro de Medellín, en donde se promocionan libros y a los niños les dan cuentos de la cultura Metro. También destaca que en ciertas estaciones hay un espacio de apoyo psicológico para quien lo requiera, de manera gratuita.
Otro ejemplo es el Metro de Nashville, que integra el arte en sus estaciones y promueve la participación comunitaria, a través de eventos culturales. Estas iniciativas enriquecen la experiencia de los usuarios y fortalecen el sentido de comunidad y pertenencia, coinciden los pasajeros.
Katerinne Orquera, doctora en Historia Latinoamericana, Universidad Andina, hace un repaso histórico de los cambios en la movilidad
Desde 1908, la movilidad en Quito ha experimentado varios cambios significativos. El ferrocarril comenzó a funcionar plenamente, lo que impulsó el crecimiento poblacional y la inmigración interna, además de avances en infraestructura y tecnología. En 1914, se inauguró el tranvía con tres líneas, la última de las cuales llegó a Cotocollao a principios de los años 20. En la década siguiente, los omnibuses comenzaron a competir con el tranvía. Para los años 40, se inauguró el servicio urbano de transporte, y en 1948 el tranvía dejó de funcionar, dando paso a las cooperativas de transporte.
Estos cambios permitieron que las personas liberaran sus manos y ojos, dedicándose a otras actividades como la lectura mientras se transportaban. En los años 80, el aumento de autos particulares y autobuses llevó al Municipio a considerar la creación de una Empresa Municipal de Transporte Público y la posibilidad de un Metro, aunque finalmente se optó por el sistema trolebús, que comenzó a operar en los años 90 en la avenida 10 de Agosto, modificando su dinámica.
En la primera década del siglo 21, se solicitó un diagnóstico de movilidad para el Metro de Quito, que se inauguró en 2023 con una sola línea y un tiempo de transporte de 34 minutos. La construcción del Metro generó conflictos sociales, especialmente en las estaciones Solanda y San Francisco. Aunque el Metro ofrece un tiempo de transporte reducido, aún falta un sistema integrado de movilidad que cubra toda la ciudad.

