El emperador Naruhito de Japón recibe a Biden durant…
La falta de veredas y de pasos cebra aumenta el ries…
El auge del agro se estancó por la crisis del Gobier…
Larga travesía para ir al aula compartida
Importaciones bajo el sistema 4×4 se multiplica…
El 40% de casos de hipertensión no controlada deriva…
Se necesita dinamitar la roca caída en la vía Alóag-…
Policía evitó un suicidio en puente de Portoviejo

Metano de El Inga produce 5 megavatios

Un hombre trabaja con la aspiradora que succiona el gas desde los cubetos de basura. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En medio del Relleno Sanitario de El Inga se asienta una planta que produce biogás. El metano que se genera bajo la tierra en unos cubetos en donde se deposita la basura es usado para inyectar cinco megavatios continuos de energía eléctrica al Sistema Nacional. 

Funciona como un motor de combustión interna. El gas se trae mediante tuberías desde los cubetos para secarlo y transformarlo en energía que mueve un alternador. Después, convertido en electricidad, se conecta al sistema de la Empresa Eléctrica Quito (EEQ). 

Santiago Reyes, presidente de Gas Green, empresa que opera la planta, dice que esto permite eliminar 10 000 toneladas de metano al año. En cuanto al beneficio ambiental, lo compara con sacar de circulación por un año al 65% del parque automotor de Quito. 

La planta de biogás opera desde el 2016. Arrancó con la producción de dos megavatios. Dos años después, su capacidad se incrementó a los cinco megavatios actuales. Sin embargo, su aporte al sistema nacional eléctrico es menos del 1%. 

Entonces, ¿en qué radica su aporte? Reyes explica que en un relleno sanitario se producen dos pasivos ambientales: el metano y los lixiviados, que son los líquidos que se producen por la descomposición de la basura. La planta opera para eliminar el primero. 

Gas Green recurrió a las Naciones Unidas para validarse. Eso permitió que el proyecto, que se desarrolla mediante un convenio con la Empresa Metropolitana de Gestión de Residuos Sólidos (Emgirs), obtenga certificados de emisiones reducidas. 

Esos certificados son una especie de títulos valores que pueden ser comparados por empresas que, debido a su actividad, no pueden reducir el volumen total de gases de efecto invernadero (GEI) que producen las actividades económicas y cotidianas del ser humano conocida como huella de carbono. 

Dos semanas atrás, Gas Green y la Emgirs recibieron los certificados de emisiones reducidas correspondientes al 2019 y 2020 con el aval de Naciones Unidas. Fueron 380 000 y, según Reyes, cada uno se cotiza en USD 1. 

El convenio con la Emgirs establece que el 75% de esos certificados serán cedidos de forma irrevocable al Municipio de Quito. Sin embargo, aún no se planea su venta ya que el mercado de este tipo de títulos es variable y su precio puede aumentar. 

La Secretaría de Ambiente explica que los bonos de carbono son un mecanismo internacional para la reducción de emisiones contemplado en el Protocolo de Kioto.  Dice que el metano es un poderoso agente de calentamiento global, que genera un impacto 80 veces mayor que el CO2. 

Según el inventario de emisiones de GEI con línea base en el 2015 (7,611,216 t CO2e7/año), el transporte genera el 40% de las emisiones. Le sigue el sector energético con 26% y después la agricultura, silvicultura y uso de suelo (AFOLU) con 24%. Al final, el 10% está relacionado a los residuos.

Reyes comenta que hasta ahora existe el interés de cuatro empresas para adquirir los bonos de carbono. Sin embargo, el precio pudiera incrementarse ahora que EE.UU. retomó el acuerdo.

Además, la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático celebrada en Glasgow, en noviembre pasado, tuvo como compromiso entre los países participantes reducir un 30% las emisiones de metano. 

Juan Manuel Carrión, concejal y presidente de la Comisión de Ambiente del Concejo Metropolitano, considera que la planta de gas es un paso adelante en el objetivo de la disminución de las emisiones. “Esto se puede ampliar porque lo que se está procesando es cerca del 40% de los gases que se producen en la planta”. 

Según el edil, el Ministerio de Ambiente evalúa ya la ampliación de la planta de biogás. “Estas medidas deben entenderse en el marco de las acciones que las ciudades deben implementar para enfrentar el cambio climático”. 

Gas Green realizó los estudios para la implementación con base en el cierre técnico que tenía previsto el Relleno para el 2018. Eso no ocurrió y el depósito de basura creció. Por eso espera que se autorice la ampliación de la planta para generar, al menos, cuatro megavatios más. 

Reyes dice que se mantiene conversaciones también con el Ministerio de Energía para dicha ampliación. El convenio con la Emgirs tiene vigencia hasta el 2028. Desde esa fecha, la planta sería propiedad del Estado por lo menos 40 años más, que, según Gas Green, se pudiera sacar gas del Relleno. 

El Municipio también trabaja en sus propuestas para reducir la emisiones de gases de efecto invernadero. Según la Secretaría de Ambiente, el Plan de Acción Climático de Quito busca disminuirlas en un 30% al 2030, un 50% al 2040, y a una neutralidad neta al 2050.