Memorias de ese Quito del ayer

La pileta y el monumento del parque La Alameda están entre los recuerdos. Ambos siguen ahí. Foto: Archivos / EL COMERCIO

En espacios donde ahora hay viviendas, edificios y ruidosas avenidas, hace algunas décadas se levantaba un par de construcciones, monumentos y piletas. Lo demás eran potreros, lomas y quebradas. Así atesoran al Quito de antaño quienes han crecido y vivido en esta ciudad por años.

Gabriel Garcés Moreano, más conocido como Polvorín, recuerda esos parajes. Y lo describe así:

El Quito viejo

“Grato es recordar al Quito que conocí hace ya tantos años de niñez transformada en vejez. Al vuelo cito algo: El tranvía cruzaba la ciudad desde Chimbacalle hasta el hospital Baca Ortiz y viceversa. Había un ramal hasta San Diego.
El ahora populoso barrio de San Juan no existía. Era una loma de paseo y solo había un edificio, el ‘Sanatorio’ Hospital Militar).

Dentro de la urbe había una quinta –la Villavicencio- desde la actual 10 de Agosto y Pérez Guerrero hacia el occidente.
Al norte estaba la hacienda La Carolina, que ocupaba el sector oriental. A un costado de la 10 de Agosto que se llamaba 18 de Septiembre y había un rejo donde se expedía leche ordeñada para niños y mayores.

En la avenida 24 de Mayo se levantaba un monumento ‘Al soldado desconocido’. Ahora es desconocido el sitio del monumento. Al final de La Alameda, al norte, funcionaba la Escuela de Artes. Unos metros más allá, donde hoy es el Palacio Legislativo y la Contraloría, era una loma que servía de balcón para los aficionados pobres que miraban los partidos de fútbol en el estadio del Arbolito.

Al costado oriental de El Ejido solo había 2 o 3 meses, una de ellas de la hacienda Leito y Pinandro que expendía sus productos agrícolas. Desde el nuevo barrio El Dorado se descendía a La Vicentina que era campo abierto para las canchas de fútbol.

El estadio de El Ejido era pequeño con un árbol que no se rindió al uso de espectadores, en el sector del Aucas. Allí funcionaba el local del ‘chulla Pérez’ en cuyo segundo piso jugaban el cuarenta y oían el relato del juego por radio. La recolección de basura estaba a cargo de los ‘capariches’ con sus carretillas. Tal como ahora, su destino eran las quebradas.

Una ciudad transformada

El Congreso Nacional funcionaba en el Palacio de Gobierno, en el Salón Amarillo. Las cámaras del Senado y de Diputados estaban divididas por gruesas cortinas. En los extremos, unas pequeñas galerías para las celebradas ‘barras’ ocupadas por personas de gran sentido del humor. Entre los legisladores como el senador Alfredo Pérez Chiriboga (‘Piñufla’).

El Palacio Municipal compartía espacio con la Corte Suprema de Justicia, el almacén El Globo, el Banco de Préstamos y otros negocios. Al frente, en la actual calle Espejo, estuvo y está el edificio de La Previsora, de siete pisos, entonces ‘el rascacielos’ de Quito.

No había la Ciudad Universitaria de la Central ni el complejo de la Universidad Católica que era un campo de juego de polo. A la vuelta el local del Municipio Tennis Club. La llamada Mariscal no era como es ahora. Llena de ‘chalets’ con jardines que han desaparecido. Hoy abundan los negocios y las torres. La Plaza Arenas fue escenario taurino y luego de basquetbol y box y ahora mercado.

El antiguo cerramiento del costado occidental de La Alameda era una extensa tapia perteneciente al Seminario que ocupaba desde la Guayaquil hasta la Vargas; por el lado sur, todo el tramo de la calle Briceño era una ladrillera. Hoy es el Banco Central. Chillogallo, La Magdalena, Cotocollao y Guápulo eran parroquias rurales.

La Casa Presidencial, es decir la residencia del Presidente, era baja, ubicada en las avenidas Amazonas y Patria (antes avenida del Ejército) y hoy edificio Cofiec (…) Parecen suficientes rememoraciones de la querida ciudad tan distinta”.

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