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Hotel Quito, el ícono de la modernidad de la ciudad

El Hotel Quito ocupa tres hectáreas en la zona conocida como ‘La pata de Guápulo’, en la avenida González Suárez. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

‘Así como la capital es Luz de América, el Hotel que hoy inauguramos está destinado a ser luz de Quito”. Esa fue una de las frases que pronunció Camilo Ponce Enríquez, entonces presidente de la República, cuando cortó la cinta de apertura de aquel edificio que impulsó el moder­nismo urbano.

Era el mediodía del viernes 5 de agosto de 1960, y algo más de mil personas asistieron a ese evento, que llenó el salón Pichincha, uno de los más grandes del Hotel Quito. Así lo registró Diario EL COMERCIO en su momento. Antes, en el ‘lobby’ se realizó la bendición, que estuvo a cargo del cardenal Carlos María de la Torre.

Aquella ceremonia fue la sensación de ese año, pues “la crema y nata de la franciscana urbe llegó al alojamiento en auto propio, porque la construcción estaba en lo más alto de ‘La pata de Guápulo”. Quien habla es Patricio Piedra, músico de planta del hotel, entre 1967 y el 2004.

Y, dice más: “la actividad frenética comenzó al siguiente día de la apertura y de ahí en adelante se prolongó durante todos los días de la semana, aunque un poco más el fin de semana, porque en el club La Llama se tocaba música de moda, entre las 22:00 y 01:00”.

El Hotel Quito fue uno de los primeros ejemplos de la arquitectura moderna e impulsó el crecimiento de la capital en esa línea hace 60 años.

Al ser un hito, en 1998 fue declarado un bien patrimonial nacional, título ratificado en el 2014 y en el 2020, apunta Rocío Bastidas, veedora ciudadana que vigila el cumplimiento de la Ordenanza 135 del barrio La Floresta. El predio está cobijado por un Plan Especial de Ordenamiento Urbano, aprobado en el 2011.

Sus actuales dueños (desde el 2016, la empresa china Road and Bridge Corporation) intervinieron el edificio para hacer, dijeron, obras menores.

Los moradores de los sectores circundantes al hotel -La Floresta, González Suárez, Guápulo y La Paz- han criticado tales obras y el Municipio desarrolla inspecciones para constatar si se han producido daños a este bien patrimonial.

Un bien que abrió sus puertas en 1960 y cuya construcción empezó en 1956. Fue una de las obras encargadas para la XI Conferencia Interamericana de Cancilleres. La ciudad debía ser sede de ese evento previsto para 1959, pero nunca se hizo, rememora Alfonso Ortiz, arquitecto e historiador.

Por eso, el gobierno de Camilo Ponce Enríquez se había empeñado en varios proyectos, liderados por el ministro de Obras Públicas, Sixto Durán Ballén. Entre los edificios que también se planificaron estuvieron el Palacio Legislativo, Hogar de Estudiantes (Residencia Universitaria) de la Universidad Central, Edificio de los Espejos de la Casa de la Cultura, entre otros.

Las obras en el hotel, subraya Ortiz, no estuvieron a cargo del Gobierno sino de la Caja de Previsión (hoy IESS). El terreno de casi tres hectáreas donde se construyó fue comprado por el Municipio a la Universidad Central y luego vendido al Seguro.

El proyecto se pensó a lo grande: la firma constructora fue Mena Atlas, la más destacada de ese entonces; el diseño fue del arquitecto estadou­nidense Charles McKirahan, de los más famosos de la época. Él trajo el estilo denominado MiMo o Miami Modern, caracterizado en parte por el uso del paraboloide hiperbólico.

Esa estructura de cemento armado sigue en el ingreso del Hotel. José María Lasso, presidente de la González Suárez, sostiene que se adoptó ese diseño porque se trataba de una tendencia que había en la arquitectura moderna.

Bajo el amparo de la cadena InterContinental, hasta 1982, este predio estuvo considerado como el primer cinco estrellas de la urbe y uno de los mejores de América Latina.

Con razón, por algo más de dos décadas, este hotel fue el centro indiscutible de los eventos más importantes de la ciudad y brillaba con luz propia, apostilla Maximiliano Donoso, presidente de La Floresta. Las fiestas de diciembre eran apoteósicas.

Con pocas intermitencias, ha albergado también el tradicional Mundial de 40 durante las Fiestas de Quito. Fabiola Paz es vecina de La Tola y a sus 70 años aún recuerda que la empresa en la cual trabajaba, Fadisa, realizaba sus ceremonias de entrega de discos de oro a los mejores intérpretes y vendedores del año en el Hotel Quito.

“Había ya otros hoteles, pero el Quito seguía siendo la sensación; tenía 11 salones amplios para las ruedas de prensa y los brindis con los artistas internacionales”, anota Paz.

También fue el lugar escogido para grabar la película ‘En la Mitad del Mundo’, de Ernesto Albán. Aquello fue en 1963 y entre toma y toma se mostró la modernidad del ‘hotel de la ciudad’ mientras el Dúo Benítez-Valencia tocaba la Vasija de Barro, al pie de las palmeras cococumbi andinas.