15 de enero de 2020 19:18

Siete pecados ciudadanos en el transporte municipal en Quito

En la parada Baca Ortiz un estudiante se cruzó ayer por encima de la baranda. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la parada Baca Ortiz un estudiante se cruzó ayer por encima de la baranda. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

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Desorden. Gente que irrespeta normas, evade pagos y fallas en el servicio son frecuentes en el sistema metropolitano de transporte en Quito. 

La tarde del lunes 13 de enero del 2020, tres horas a bordo de unidades del Trolebús y de la Ecovía fueron suficientes para identificar al menos siete
fallas tanto del usuario como del operador, que, sumadas, hacen que el servicio sea deficiente. La principal: la mala conducta del pasajero.

En la parada Baca Ortiz, en 15 minutos, de las decenas de personas que desembarcaron del bus, 25 en lugar de caminar hacia la salida , saltaron desde el andén de un metro de alto, y cruzaron la calle a toda carrera: jóvenes, mujeres con tacos y señoras con niños en brazos optaron por ahorrar 10 segundos que toma caminar a la salida. Lo mismo ocurre en el resto de paradas. De hecho, los pasajeros no solo saltan a la calle, algunos suben para no pagar.

A las 16:30, en la parada La Y del Trolebús, mientras la mujer que atiende en la boletería está ajetreada entregando tiquetes, un joven aprovecha el descuido y sube al andén por la última puerta. La trabajadora lo nota. “Señor debe pagar el pasaje”, grita desde la garita, pero llega el bus y el hombre se pierde entre la multitud.

Fallas del usuario y del operador en el sistema metropolitano de transporte en Quito. Foto: Captura

“Así es todos los días”, reflexiona la empleada. Solo en su turno, cada día, al menos unas cinco personas evaden el pago así. Hay otras formas: cuando el bus está con las puertas abiertas saltan el torno y entran sin pagar, en las paradas que tienen máquinas recaudadoras de monedas depositan USD 0,25 pero en lugar de pasar una persona, cruzan dos.

La cifra de infractores aumenta según el número de usuarios del andén. En la parada Estadio, en cambio, donde se venden más de 4 000 boletos en una tarde, hay hasta 20 usuarios que no pagan.

Pero hay otra fuga: algunos usuarios entregan los USD 0,25 y, por el apuro, no reciben el tiquete, por lo que la persona de ventanilla recibe el dinero, y se queda con el papel. Ese dinero le sobra al momento de hacer caja, por lo que no lo entrega al operador. En 10 minutos, cuatro personas no tomaron el papel y lo dejaron en la ventanilla.

En una entrevista con este Diario (diciembre del 2019), el alcalde Jorge Yunda dijo que este sistema de transporte genera pérdidas que bordean los USD 20 000 al día por fugas en el cobro manual. La Empresa de Pasajeros indicó ayer (14 de enero) que al momento se encuentran en un proceso de investigación para determinar cualquier irregularidad en la recaudación. En dos meses, tres funcionarios dejaron la empresa por anomalías.

Para operar, la empresa tiene un techo de USD 94,5 millones al año. De ellos, USD 53,5 millones se financian con recaudación propia, es decir con pasajes, y con costos no operacionales como la explotación comercial de espacios. Los USD 41 millones restantes se financian con recursos municipales.

Si en la ciudad se llega a implementar una nueva política tarifaria, el aporte municipal podría reducirse. Alfredo Viteri, experto en movilidad, es más directo: la gente que evade el pago no le roba al Alcalde, le estafa a la misma ciudad.

Viteri indica que mientras más desordenado es el servicio, la gente considera que tiene derecho a no pagar, lo que perjudica al operador, disminuye la calidad y es un círculo.

El bus logra sacar lo peor de uno. Quien lo afirma es Milton Cajeao, de 56 años, quien todos los días hace seis transbordos para ir de su casa al trabajo y regresar. Afirma que ha visto personas que cortan carteras, arranchan teléfonos, escupen dentro de las unidades, arrojan cáscaras de frutas al interior del bus, que insultan y que no respetan a las mujeres.

En hora pico, las unidades salen de las terminales llenas. Llegan a las paradas y la gente no puede entrar, pero empuja e ingresa a la fuerza sin respetar el lugar. En la parada Estadio, la fila de usuarios se sale del andén. El único guardia para esta parada admite que controlar a los infractores, la seguridad y el orden así es imposible.

Otro de los problemas para los usuarios tiene que ver con la distancia que queda entre el bus y la parada. A veces supera los 60 cm, por lo que las personas deben saltar para poder subir o bajar. Cuando hay personas con discapacidad, el guardia ayuda. No obstante, el número de quejas que recibe la empresa por parte de usuarios es baja. Unas cuatro al día, de un total de 650 000 pasajeros.

Roberto Custode, consultor especialista en temas de movilidad sustentable, indica que la solución para la fuga de ingresos es un sistema de cobro electrónico, mismo que debería estar listo antes de que entre en operación el Metro. El modelo más eficiente son los sistemas concesionados: contratar una empresa que maneje el recaudo a través de un fideicomiso. Ha funcionado con éxito en Chile y Buenos Aires.

Incluso el usuario se beneficia, porque mientras más viaja, puede tener descuentos, sobre todo si paga por mes, o por el número de viajes.

Las fallas en las unidades y paradas del trole y ecovía

1. El usuario entra a la parada por las puertas laterales de embarque (que son las que están a un metro de alto y se conectan con el bus) y evade el pago del pasaje.

2. Los pasajeros (en especial estudiantes), cuando nadie los ve, saltan el torno en el que se debe depositar la moneda del pasaje, y así logran embarcar sin cancelar ningún valor.

3. Usuarios del sistema depositan una sola moneda de USD 0,25 en las máquinas que reciben el pasaje, pero en lugar de pasar una sola persona, aprovechan y pasan dos.

4. Algunos pasajeros se acumulan en las puertas del sistema municipal de transporte. Esto impide que nuevos usuarios puedan subir a las unidades y que sea más difícil salir para los pasajeros que están dentro. Además, produce aglomeraciones innecesarias que pueden terminar afectando a segmentos vulnerables como mujeres con niños en brazos o embarazadas, personas de la tercera edad o personas con algún nivel de discapacidad. 

5. El bus que utiliza el corredor central con vía exclusiva se detiene muy lejos de la rampa de la parada, por lo que los usuarios deben saltar y corren el riesgo de caer.

6. También hay reclamos por el exceso de vendedores ambulantes en las unidades. A pesar del control, los informales esconden la mercadería y la venden dentro del bus.

7. Hay personas que en lugar de usar la salida que se encuentra en cada parada, saltan a la calle por las puertas de vidrio de embarque y se arriesgan a ser atropelladas.

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