28 de febrero de 2020 00:00

Los puntos húmedos afectan más al Centro Histórico de Quito

Un hombre y un niño orinaron este jueves 27 de febrero del 2020 en un muro frente a la Basílica, junto a un baño público cerrado. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Un hombre y un niño orinaron este jueves 27 de febrero del 2020 en un muro frente a la Basílica, junto a un baño público cerrado. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
y EL COMERCIO DATA (I)

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El ingreso del abandonado Teatro Atahualpa, el Arco de la Reina, el atrio de la Catedral de Quito, las cajas de revisión de líneas telefónicas, los postes y las macetas ornamentales en las vías peatonales son algunos de los puntos en los que en días de sol se siente un repulsivo olor a orina en el Centro Histórico de Quito.

Según Emaseo, en la Administración Manuela Sáenz se han controlado 60 puntos húmedos, pero aún registra 152. Es decir, el Centro es la zona con más problemas de higiene.

Orinar en la calle es una contravención que significa una multa del 20% del salario básico (USD 80). Pero la Agencia Metropolitana de Control (AMC) informó que solo se ha sancionado a cinco personas este año. Según la entidad, es complicado multar porque debe hacerse en flagrancia, por lo que ahora se apoya en cámaras inteligentes monitoreadas por la Empresa de Seguridad para detectar infracciones.

Yolanda Gaete, gerenta de Emaseo, explica que limpiar puntos húmedos, recoger basura que la gente arroja en el piso o saca de su casa en horarios inadecuados son tareas duras. Por ello, plantea que en una reforma a la actual normativa se apliquen trabajos comunitarios similares a quienes incurran en estos incumplimientos.


Ahora, Emaseo trabaja en el borrador de un proyecto de reforma que también endurezca las multas, que actualmente van de USD 80 a 800, según el tipo de contravención.

La propuesta, que será entregada a la Secretaría de Ambiente y a la Comisión del ramo en el Concejo, incluye mejorar los mecanismos de cobro de multas, porque si no son efectivos, los controles no arrojarán resultados. La idea es cobrar a los infractores a través de órdenes de pago incluidas a las de matriculación vehicular, impuesto predial, cartilla del agua potable, patente o permisos de funcionamiento, como PUCA o LUAE. Si no existe ninguna de esas opciones, se aplicaría trabajo comunitario.

En la Plaza de Santo Domingo hay dos baterías sanitarias municipales y existen baños públicos en estacionamientos municipales y sitios como el Palacio Arzobispal o el Centro Comercial La Manzana, por ejemplo.

Sin embargo, es común que personas, entre ellos los habitantes de calle, usen cualquier sitio para hacer sus necesidades biológicas, especialmente en la noche, según indica Eulalia Guevara, propietaria de un local en los bajos de la Catedral.

Ella señala que Emaseo realiza hidrolavado en la zona, pero que no es suficiente, especialmente cuando hace calor. Para ella, hace falta mayor control municipal que frene estas prácticas que dañan el patrimonio.

Roberto Cepeda, vecino de la 24 de Mayo, afirma que la problemática es mayor en los alrededores del área turística del Centro Histórico, porque la gente no respeta los espacios públicos y las autoridades “abandonan” zonas que poco a poco se vuelven más precarias.

Actualmente, la Empresa de Aseo ejecuta un plan piloto con seis motorizados que realizan controles en la ciudad, para trabajar en conjunto con la AMC y sancionar a quienes ensucien las calles y sitios de la capital.

Según Gaete, las entidades cuentan con una resolución de la Secretaría de Ambiente, que permite que el personal de Vinculación con la comunidad de la empresa realice el primer paso de la sanción y luego, la AMC complete el proceso.

Genoveva Gómez, propietaria de un negocio de golosinas tradicionales, cree que debe haber más baños públicos y mayor vigilancia policial, para que los turistas no se enfrenten a riesgos ni deban presenciar espectáculos desagradables, como encontrar personas orinando en las calles. Y Nicole Córdova, quien recorre el Centro a diario, cree que también hace falta cultura y voluntad para erradicar malas prácticas.

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