2 de August de 2009 00:00

Pomasqui amasa pan y sueños

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Redacción Sociedad

¿Cómo te llamas? “Lila. Lila Díaz, tengo 35 años”. ¿Qué haces en la panadería? “La miga de pan”. La muchacha de ojos miel y cabello dorado se encarga de moler.



432  000 personas
con discapacidad intelectual viven en el país. La mayoría no tiene la asistencia debida.Su mamá, Martha Suárez,  dice que en este oficio le va bien porque “es la fuerte del grupo”.  Y sus brazos grandes y rosados como su tez lo confirman. Además se encarga de etiquetar los productos y de hacer  chocolates.

En la panadería de la Fundación para la integración del niño especial, en la calle Valdivieso, a la entrada de Pomasqui, en el norte de Quito, no solo se amasan roscas, panes y otros bocadillos de harina. Los ‘trabajadores’ y sus madres  amasan sueños de una vida independiente.

Martha cuenta que su hija tiene  35 años cronológicos, pero 14 mentales. Comenta que apenas están aprendiendo las nociones de lo que es un trabajo estable, con horario  y con tareas.

Lila vive con discapacidad mental fronteriza, muy leve. Es la menor de dos hijas, la hermana mayor es Valeria, una ingeniera química de 38 años.

“Lo más rico de la panadería son los chocolates y el pan de chocolate”. En casa ayuda a su madre a derretir los chocolates y a rellenar los bombones.

¿Qué tiene Lila? Su cerebro  sufrió  una desconexión pequeña. De niña tuvo un problema de tiroides, no secretaba toda la tiroxina que necesitaba su organismo. A los 3 meses, el pediatra le recetó  hormona artificial, sin embargo   la demora en los análisis  dejó huella en su desarrollo cerebral y le causó  discapacidad.

Wilson Salazar  tiene  53 años. “Nací el 8 de mayo de 1956. El año pasado tenía menos. Me gusta estar en la panadería, estoy divertido y alegre. Además soy artista de programas”.

Él friega las latas, donde se hornean los panes, con    esponja y jabón. En la mesa, donde comparte la tarea con Jorgito Gordillo, tiene un balde de agua donde sumerge la herramienta. 

Patricia, de 60 años, es una de sus ocho hermanos. “Estoy a cargo de cuidarlo. Cuando mueren los padres, los hijos heredan los bienes y las mujeres  las dificultades. Soy madre soltera, mi único hijo estudia en Cambridge y no tengo más obligaciones”.

A Patricia le preocupa  que sus hermanos muy pocas veces pregunten si Wilson  se encuentra  bien. Les pide que  lo telefoneen al menos por su cumpleaños. Vive con  retardo mental, quizá porque su madre lo tuvo a los 48 años.  Él lava los platos y su ropa en la lavadora,  arregla  su dormitorio y  se baña solo.

Jorge, de 23 años, cuenta  que Amadita (la supervisora)  les enseña a limpiar bien las latas. La coloca al revés, la sacude, golpea sobre ella y la limpia.  “Cuéntale que eres tutor de otros chicos”, dice su mamá, ‘Charo’. “Dile qué otras actividades haces”, recalca  la madre, quien cuenta que tiene una discapacidad  intelectual leve, aparte de   una epilepsia controlada.

“En la casa almuerzo  cualquier cosa, lo que más me gusta es el tallarín. Juego con mi sobrina Doménica (1 año y medio). También juego fútbol, soy hincha del Deportivo Quito, como mi hermano y sus amigos”, indica. Tiene tres hermanos: Cristina, María Augusta y Jaime.

A la mamá le pone orgullosa decir que su hijo es el primer graduado en un colegio regular (Seneca). “Es raro que le guste la limpieza, en la casa lo tenemos en una burbuja de cristal.

Cuando era pequeñito un médico que llegó del  extranjero lo revisó y me aseguró  que nunca caminaría ni hablaría. Cuando el doctor volvió a nuestro país fui a visitarlo para que lo vea. Ahora él  es independiente”.

Mónica Montalvo, de 21 años, casi no hace ruido.   “A veces limpio,  otras ordeno  cualquier cosa. Hago rosquitas blancas”. Lo dice haciendo un enorme esfuerzo al pronunciar cada sílaba.

La Fundación ganó USD 10 000

Yolanda Ortiz explica que la Fundación para la integración del niño especial tiene 15 años, 50 jóvenes, 15 insertados en empresas como Cyrano y Maxipan. Los miembros llegan a las  08:00 y salen de la jornada a las  13:00. En el lugar reciben clases para ubicarse temporal y espacialmente, hacen actividades  productivas, destrezas sociales (comportamiento, para que no babeen, etc.), aprenden arte, supervivencia (les enseñan cómo prepararse un sánduche, discriminar entre  una fruta madura de una podrida, usar cuchillos, marcar un teléfono, etc.).

Paola Estupiñán, gerenta para Ecuador del Fondo Nido, contó que el Banco Interamericano de Desarrollo les donó USD
750 000 para proyectos de  varias organizaciones sociales a repartirse en cuatro años. Buscan apoyar a la  capacitación.

“El objetivo es que puedan trabajar personas que no tendrían oportunidades en otro lugar. Esta fundación ganó USD 10 000, porque ya teníamos un proceso en plena ejecución”.  

Marco Macías, representante del Fondo Multilateral de Inversiones, indicó que financian proyectos productivos.

“Queremos que generen un modelo de negocios que les permita ser sustentables y sostenibles en el tiempo. Les capacitamos en planes de mercadeo, análisis financieros, orientación a otros mercados, más productos, entre otros temas”.

Ahora la maquinaria de la fundación está usando el 5% de la capacidad que posee, solamente produce  un quintal de pan diario. Tienen batidoras, laminadoras, empacadora, etc.

Si desea hacer pedidos puede llamar al 235  4766, 255  0223 y 09 810 1949. También escribir al e-mail fine @uio.satnet.net

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