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La Revolución Ciudadana (RC), movimiento político fundado por Rafael Correa, atraviesa un periodo de fuerte desgaste. A las pugnas internas y distanciamientos con líderes territoriales se suman nuevos escándalos judiciales, como el del asambleísta Santiago Díaz, que reactivaron cuestionamientos a la transparencia del movimiento.
El escenario también se complica con la gestión de Luisa González como presidenta del movimiento y el peso de decisiones centralizadas desde el buró político.
Dos expertos analizan este momento de tensión para el correísmo y los posibles caminos hacia el 2027, cuando se renovarán la Presidencia, la Asamblea y gran parte del poder local.
El analista político, Maximiliano Donoso-Muller, identifica un problema estructural en el correísmo, la ausencia de liderazgos reales consolidados, tanto en la dirigencia nacional como en el territorio. En su criterio, Luisa González no ha logrado asumir un liderazgo sólido, mientras que figuras históricas como Ricardo Patiño o Rafael Correa se mantienen alejadas de la realidad nacional por su condición de asilados o prófugos.
Donoso-Muller observa también que la desconexión entre el buró político y las bases ha provocado que dirigentes locales busquen otras plataformas.
A eso se suma una gestión deficiente en gobiernos locales administrados por la RC, que, a su juicio, puede comprometer seriamente las opciones de reelección de alcaldes y prefectos en 2027.
Desde su visión, más que una crisis generacional, lo que vive la RC es una ruptura provocada por el autoritarismo interno, que prioriza la lealtad al líder antes que el trabajo político real. Esa práctica, dice: “augura una grave ruptura a nivel local que se verá seguramente reflejada en las elecciones seccionales si no hay un cambio real“.
Creyeron destruirnos, no pensaron que somos semilla…
— Bancada Ciudadana (@BancadaRC5) April 22, 2025
Somos el progresismo, el sueño de un país, somos las becas, la educación, somos la salud, las carreteras, somos el servicio público de calidad, somos la universidad de altos estándares, somos el jaguar latinoamericano…… pic.twitter.com/HwiusvU7vs
Los escándalos judiciales también han impactado la estructura del movimiento. Donoso-Muller señala que desde la salida del poder de Rafael Correa se ha evidenciado un patrón de sentencias, fugas y detenciones que debilita el discurso de “manos limpias” con el que se posicionó originalmente el correísmo.
El caso reciente del asambleísta Santiago Díaz ha reactivado la memoria de otros episodios similares que involucran a figuras como Glas Viejo o Villalta.
Desde otro ángulo, Andrés Obando, especialista en comunicación política, explica que la RC enfrenta estos escándalos con dos estrategias discursivas: justificar los casos de líderes históricos como Jorge Glas con el argumento de persecución política o marcar distancia en casos imposibles de sostener, como el de Augusto Verduga, con explicaciones como desconocimiento, infiltración o traición.
Obando sostiene que, a pesar del impacto mediático, el voto duro de la RC sigue respaldando a Rafael Correa y se mantiene leal a la narrativa que él construye, sin que los escándalos alteren sustancialmente ese núcleo electoral.
#LuisaGonzález solicita una pericia de chatshttps://t.co/12SpqNKTr8 pic.twitter.com/P6WwPwv4Jh
— El Comercio (@elcomerciocom) July 10, 2025
Donoso-Muller señala que las decisiones tomadas desde el buró político no responden a las necesidades del territorio y que eso generan una desconexión que golpea con fuerza a la organización. En su opinión, si no hay una reforma interna con apertura a nuevos liderazgos, la RC corre el riesgo de perder espacios clave en 2027, como las alcaldías de Quito y Guayaquil.
Obando agrega que la estructura interna de la RC no permite la formación de facciones, porque funciona de manera jerárquica y radical.
Según Obando, quienes no coinciden con las decisiones de la dirigencia nacional terminan saliendo, sin posibilidad de construir una corriente interna alternativa. “Luisa González ha radicalizado su postura como presidenta del movimiento, lo que ha generado una depuración natural de quienes no se sienten cómodos”, señala.
Casos como el distanciamiento de Marcela Aguiñaga o Jhajaira Urresta ilustran esa tensión entre liderazgos locales y decisiones centralizadas. Sin embargo, Obando aclara que esas fracturas no afectan directamente el voto duro del correísmo, que permanece fiel incluso cuando algunos dirigentes abandonan el movimiento.
Para Obando, más que una renovación generacional, la RC atraviesa un proceso de sucesión dirigido por Rafael Correa. Explica que la idea de recambio implica no solo caras nuevas, sino también nuevas ideas, algo que no se ha evidenciado en el caso de González. En cambio, Correa parece estar evaluando si ella es apta para asumir el liderazgo principal del movimiento.
“El anuncio prematuro de que González volverá a ser candidata presidencial es una muestra clara de esta lógica de sucesión”, dice Obando. En este modelo, la conducción política sigue dependiendo directamente del expresidente, sin que haya una democratización efectiva del poder interno.
Jhajaira Urresta anunció su salida de la Revolución Ciudadana el 10 de julio de 2025, tras conocer unos chats en los que, según su denuncia, Luisa González se refirió a ella de forma despectiva, llamándola “tuerta de mierda”.
#JhajairaUrresta dejó la bancada de la #RevoluciónCiudadana 👇https://t.co/ZxsxAKGdv1 pic.twitter.com/sN7I0Me7qw
— El Comercio (@elcomerciocom) July 10, 2025
Urresta calificó el comentario como una muestra de “desprecio y falta de sororidad”, aseguró que su dignidad como militante fue quebrantada y, luego de un fallido pedido de explicaciones, decidió actuar como asambleísta independiente.
Por su parte, González negó los insultos, retó a Urresta a presentar los chats con peritaje forense y afirmó que la acusación surgió de una publicación en redes sociales y no de comunicaciones directas.
A pesar de la crisis interna, Obando señala que la RC mantiene un piso electoral estable, con un voto duro que ronda entre el 30% y 33% desde 2017. En las elecciones seccionales de 2023, fue la primera fuerza política con el 23,38% de los votos y logró controlar 9 prefecturas y 50 alcaldías, incluidas Quito y Guayaquil.
Sin embargo, Obando advierte que el crecimiento del anticorreísmo estructurado alrededor del movimiento ADN y del presidente Daniel Noboa representa una amenaza concreta en el plano local.
Si la RC pierde espacios en las provincias, dice, no será tanto por sus conflictos internos o escándalos, sino por la capacidad organizativa del nuevo oficialismo, que está expandiéndose territorialmente con fuerza.
En conclusión, los analistas coinciden en que la Revolución Ciudadana aún tiene base electoral, pero enfrenta una crisis de representación, transparencia y liderazgo que, si no se corrige, podría marcar el declive definitivo del proyecto político que dominó Ecuador durante una década.