2 de October de 2011 00:07

Ayer hubo más actos para recordar a las víctimas de la revuelta policial

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Ayer continuaron los homenajes póstumos de las víctimas del 30 de septiembre del 2010. A las 10:00, en una mañana lluviosa, se realizó una misa en memoria del militar Jacinto Cortez. Familiares y amigos acudieron a la capilla del cementerio Jardines del Edén, en el este de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Unas 100 personas, la mayoría vestida de negro, escuchaban la eucaristía. La madre del uniformado, Mariana Jhayya, estuvo en los primeros puestos de la capilla, junto con allegados. La mujer no dejaba de llorar.

La ceremonia duró unos 45 minutos. Luego se dirigieron a la tumba de uno de los cinco fallecidos durante la revuelta policial del 30-S. Su hermana, Sandra Cortez, conversaba con el sacerdote sobre lo sucedido en esa fecha. Prefirió no hablar de los ofrecimientos del Gobierno. “Estoy cansada del tema”.

Explicó que ella ahora es el sostén de su madre. “Mi hermano también le ayudaba a mi mamá. Ahora me toca a mí sola”. Ella tiene un trabajo en una dependencia pública de Santo Domingo de los Tsáchilas.

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Junto a la tumba del soldado, el sacerdote hizo una oración, en medio del llanto de su madre, quien tampoco quiso referirse a los acontecimientos del 30-S.

El padrino de Cortez, José Sabando, quien también fue soldado, manifestó que lo conoció desde niño. “Siempre fue un buen muchacho. Siguió los pasos de su padre que fue militar. Lástima que haya sucedido eso de enfrentarse entre nosotros”, acotó.

A las 11:00, todos los conocidos de la familia Cortez Jhayya se retiraron luego de dar las condolencias a la madre de Jacinto.

Un ambiente similar se vivió ayer Ambato. Amada Ortiz, madre del militar Darwin Panchi, escogió la iglesia de la Merced, en el centro de la ciudad, para la celebración de una eucaristía en memoria de su hijo. Él fue el segundo militar caído el 30-S.

Ortiz dijo que prefirió esa iglesia debido a que es una de las más bonitas y tradicionales de la capital tungurahuense.

Minutos antes de iniciarse el acto litúrgico, una delegación de la Escuela de Formación de Soldados, presidida por el capitán Maximiliano Chiriboga, entregó a los familiares una esquela de condolencia a nombre del Ejército.

La madre del militar llevó la boina que era de su hijo. El Capitán le hizo notar que en homenaje post mortem a su hijo, se le ascendió a cabo segundo.

La delegación militar estuvo conformada por cuatro oficiales, tres voluntarios y 42 aspirantes. Ellos se encargaron de entregar las ofrendas religiosas como el pan, el vino, frutas y espiga.

La ceremonia estuvo presidida por el cura Daniel Vélez. Este resaltó la valentía del militar que falleció durante el 30-S. Luego de la misa se trasladaron hasta el cementerio Parque de los Recuerdos, en el norte de Ambato.


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