20 de diciembre de 2020 00:00

La pandemia activó el desarrollo de negocios por necesidad

Camilo Escobar se dedica a la producción de pies de frutas, que los vende a domicilio. Se quedó sin trabajo y eso lo impulsó a emprender. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Camilo Escobar se dedica a la producción de pies de frutas, que los vende a domicilio. Se quedó sin trabajo y eso lo impulsó a emprender. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Mayra Pacheco y Evelyn Tapia (I)

Las personas que no tenían trabajo o tuvieron una reducción de sus ingresos, como consecuencia de la crisis provocada por la pandemia de covid-19, han encontrado en sus cocinas la salvación. En estos espacios, las personas han puesto en práctica las recetas que aprendieron de sus madres o abuelas. Otras se han apoyado en tutoriales de Internet.

Las opciones incluyen bolones, empanadas, cebiches, fritada, pasteles, galletas y otros platillos. El menú se difunde usando fotografías a sus contactos a través de WhatsApp o en redes sociales.

María del Carmen Salazar recurrió a esta iniciativa en abril pasado y creó Las Monas, porque se encontraba en el desempleo. Ella empezó preparando bolones, secos de carne y de camarón. Los pedidos los recibía con anticipación para organizar las entregas y prepararlos en las mañanas. En esta actividad productiva colaboraban su esposo e hija de 12 años.

Inicialmente recibía 10 pedidos. Actualmente, ya suman 30 pedidos y en mayor volumen. Este crecimiento le permitió contratar a tres personas y abrir un local en Quito. En esto invirtió USD 9 000. “Mi sueño es tener una cadena de restaurantes”.

Camilo Escobar, de 21 años, empezó a vender pies de frutas a domicilio en julio pasado, luego de que perdiera su empleo. Él aprendió a prepararlos viendo tutoriales en Internet y creó su marca La Ternura. En los primeros meses vendía alrededor de USD 50 mensuales y ahora factura USD 500.

Del total de emprendimientos en el país, 50% surgía por necesidad previo a la pandemia. El resto iniciaba por oportunidad; es decir, a partir de un plan de negocio y con mayores posibilidades de sobrevivir. Esta data corresponde a la Alianza para el Emprendimiento y la Innovación (AEI).

Pero la crisis generada por la pandemia impulsó los primeros. Una evidencia de ello está en el aumento de ofertas de este tipo de negocios en redes sociales y un mayor número de micromercados, según la Alianza.

Para Camilo Pinzón, presidente del Directorio de esa organización, esta es una reacción normal en medio de una crisis y hasta positiva porque es una tabla salvavidas para los hogares, pero no se puede esperar que la economía se reactive a través de estas iniciativas, porque algunas de ellas pueden saturar mercados e, incluso, desplazar a locales formales.

Carolina Moncayo prepara y comercializa una salsa de cacao que sirve para realzar el sabor de las frutas. Es ingeniera en alimentos. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Carolina Moncayo prepara y comercializa una salsa de cacao que sirve para realzar el sabor de las frutas. Es ingeniera en alimentos. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

La AEI añadió que, usualmente, en los emprendimientos por necesidad se pasa por alto el cumplimiento de la normativa sanitaria, el pago de tributos y otros. Para que un negocio crezca es necesario, dijo Pinzón, acceder a crédito y realizar inversiones.

Escobar buscó el apoyo de un aliado estratégico para impulsar sus ventas. Se trata de Fénix, un negocio que también surgió en pandemia. Ofrece asesorías a emprendedores, servicio a domicilio en Quito, promoción en una tienda virtual y en redes sociales.

Fernanda Zaldumbide, dueña de Fénix, cuenta que el sitio comenzó con tres emprendimientos y actualmente trabaja con 43. La mayoría corresponde al rubro de alimentos.

La proliferación de estas actividades demuestra que la gente ha recurrido a emprender, en gran medida, por “desesperación”, refirió Wilson Araque, director del Observatorio de la Pequeña y Mediana Empresa de la Universidad Andina Simón Bolívar.

Estas actividades cubrirán necesidades durante una emergencia, pero su esperanza de vida es corta, ya que, usualmente, no tienen innovación o dosis de creatividad, dijo Araque.

Algunos buscan valor agregado. Carolina Moncayo es ingeniera en Alimentos y estaba sin trabajo. Hace tres semanas decidió poner en práctica la preparación de una salsa de cacao que tenía en mente desde hace dos años. Ella se apoyó en los conocimientos adquiridos en su carrera.

Esta salsa, que se usa para darle un toque especial a los postres, frutas, leche o café, ha tenido una buena acogida, según Moncayo. “Hemos vendido ya 100 botellas. Espero que más adelante se vendan en supermercados”.

Otros también tratan de formalizarse. Por ejemplo, la apertura del Régimen Impositivo Simplificado Ecuatoriano (RISE), que está dirigido para las personas naturales con ventas inferiores a USD 60 000 al año, comenzó a crecer desde julio, según el Servicio de Rentas Internas (SRI).

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