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Los sápara luchan por mantener su tierra

El 18 de octubre pasado, miembros del pueblo Sápara realizaron una movilización a la Corte de Justicia del Puyo. Foto: Cortesía Fundación Pachamama

Los sápara, uno de los últimos grupos milenarios del Ecuador, se encuentran en una batalla legal para no perder el 70% de su territorio ancestral.

Ubicada en el alto Amazonas, suroriente de Ecuador, ellos denuncian que el Estado entregó su tierra a una organización a la que consideran “ilegítima” y que temen esté asociada a industrias petroleras.

Este pueblo, bajo el nombre de Nacionalidad Sápara de Pastaza Ecuador (Nase), es propietario de un territorio de 376 300 hectáreas en Pastaza.

Pero en febrero de 2020, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) decidió “rectificar” el nombre de los propietarios y adjudicar estas tierras a la Asociación Naruka. En la resolución del MAG se señala: “La extensión de terreno constante en la Providencia de Adjudicación de 2009, que es de 251 503 hectáreas, pasa a nombre de la Asociación Naruka”.

La decisión se tomó pese a que Naruka se creó apenas en 2019 y no hubo ninguna corroboración de que en realidad representara a la comunidad sápara, dice Manari Ushigua, uno de los líderes de Nase.

De hecho, la comunidad advierte que nada de esto fue conocido por ellos hasta mayo de este año, cuando el Ministerio del Ambiente del Ecuador (MAE) remitió un oficio señalando que ya no trasladaría los fondos del programa Socio Bosque a su pueblo, sino a Naruka, la supuesta nueva propietaria de las tierras.

La noticia fue recibida con preocupación en la comunidad. “Ellos no son sáparas, son gente de otras nacionalidades que migró a nuestro territorio muchos años atrás, pero luego se fueron”, argumenta Manari.

Hasta que el tema se aclare, el MAE suspendió la entrega de fondos, que suma alrededor de USD 75 000 al año.

Para Manari, las intenciones de Naruka no solo han causado un perjuicio económico, sino que pueden representar un nuevo riesgo para la sobrevivencia de la comunidad.

En el siglo XIX, los sápara estaban conformados por unas 20 000 personas, pero la fiebre del caucho diezmó a esa población. Hoy, apenas quedan unas 500 personas y, de ellas, solo tres hablan aún su lengua materna. Por eso, la Unesco reconoció en 2001 a las tradiciones orales sáparas como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Manari explica que enfrentan un nuevo riesgo: la fiebre del “oro negro”. Él cree que Naruka no defenderá sus tierras e incluso teme que permita la reactivación petrolera.

“Les dan a ellos nuestro territorio justo cuando hay la intención de petroleras de entrar a nuestra tierra. A ellos defender el territorio no les importa, no crecieron aquí, ni sus padres ni abuelos”, cuenta Manari.

De hecho, dos bloques petroleros que fueron adjudicados a una empresa china en el Gobierno anterior mantienen suspendidas las operaciones por oposición de los sápara.

Frente a la amenaza de pérdida de su territorio, presentaron un amparo constitucional en una corte en Puyo. El 18 de octubre obtuvieron un fallo a favor, pero la batalla no ha terminado. “El MAG indicó en la corte que apelará”, dice Mario Melo, abogado de Nase.

El área de comunicación de esa Cartera indicó que está gestionando un pronunciamiento oficial sobre este tema.

Por su parte, Bernabé Armas, presidente de Naruka, rechazó la acción presentada por Nase. En un medio televisivo de Puyo, el dirigente sostuvo que el recurso fue inconsulto y defendió la decisión del MAG de cambiar la titularidad de las tierras. Otro miembro de Naruka, Luis Armas, aseguró que es falso que son originarios de otro lugar y pidió un censo para resolver la disputa.

Belén Páez, directora de la Fundación Pachamama, que ha trabajado por 25 años en los territorios del centro y sur de la Amazonía, cree que esta es una nueva amenaza que enfrentan grupos indígenas como Nase, que luchan por frenar la expansión de la frontera petrolera y tienen una visión distinta de futuro para la Amazonía, desde la bioeconomía.

“Llama la atención que el MAG reconozca a una asociación que no representa los intereses de los sáparas y que lo haya hecho sin consulta previa. O es desconocimiento, o puede existir un interés para ampliar la frontera petrolera”.

Los sáparas tienen no solo una conexión física con el rapaka (territorio en lengua sápara), sino espiritual. “Nosotros conectamos nuestra parte espiritual con el territorio. Es un ser vivo”, dice Manari.

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