Cuando la inclusión sí ocurre, tres historias de personas con discapacidad auditiva en Ecuador

Estas historias revelan cómo personas con discapacidad auditiva acceden al trabajo en Ecuador pese a barreras persistentes.

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Sebastián Criollo no escucha la radio que produce. La observa. Frente a una pantalla, sigue con precisión las barras de sonido que suben y bajan en la cabina de Ondas Pichincha. Ese movimiento le permite saber si todo está en orden, si la señal fluye, si la programación sale como debe. “Yo manejo el sonido desde lo visual”, dice, mientras muestra una parrilla llena de programación.

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Tiene 27 años, es sordo profundo y este es su primer empleo formal. Sus funciones no se limitan a la cabina: también diseña contenido para redes sociales, hace fotografía y se capacita en informática. Pero su historia no empieza aquí, sino en las oportunidades que no tuvo. Varias universidades le cerraron la puerta porque no contaban con intérpretes de lengua de señas.

En el Instituto Superior Tecnológico Pichincha encontró algo distinto. “Aquí sí hubo inclusión real”. Esa diferencia -entre lo que establece la ley y lo que realmente ocurre- atraviesa no solo su historia. Es común entre las personas con algún tipo de discapacidad en Ecuador.

¿Por qué la inclusión educativa y laboral importa? ⚖️

En Ecuador hay 64 010 personas con discapacidad auditiva registradas hasta noviembre de 2025, por el Consejo Nacional de Discapacidades. El 56% está en edad de trabajar. Pero, no cuenta con datos actualizados de cuántos están en el sistema educativo superior ni cuántos están el mercado laboral.

La ley es clara. El Código del Trabajo establece que las empresas con 25 o más empleados deben contratar al menos el 4% de personas con discapacidad. Y la Ley Orgánica de Personas con Discapacidades dispone que el sistema educativo debe garantizar accesibilidad, intérpretes de lengua de señas, materiales adaptados y acompañamiento psicopedagógico.

El Ministerio de Trabajo, a través del Sistema Único de Trabajo, registras que entre 2021 y marzo de 2026 se registraron 12 183 contratos de personas con alguna discapacidad en 6 222 empresas. Pero no especifica el tipo de discapacidad y tampoco el número de actas de finiquito en todo este periodo. La falta de datos abiertos impide medir el alcance real de la inclusión educativa y laboral en el país.

Tres historias donde la inclusión educativa y labora sí ocurre

📻 Sebastián Criollo comunica desde lo visual

Los sábados, Sebastián Criollo deja el control de sonido y se sienta frente al micrófono. De 11:00 a 12:00 conduce En lengua de señas, un programa–podcast, entrevista a personas con discapacidad que rompen barreras y a sus familias. Parte del espacio enseña lengua de señas básica a oyentes.

Al inicio “tenía miedo de entrevistar, de equivocarme”, recuerda sobre sus primeros programas. Con el tiempo, la práctica reemplazó al temor. Hoy, su espacio en lengua de señas cumple una función que va más allá de la radio: permite que una comunidad históricamente excluida acceda a información. Ese acceso, que debería ser básico, sigue siendo excepcional. “Hoy ya no hay intérpretes en las noticias”.

Su trayectoria académica también refleja ese esfuerzo. Estudió dos tecnologías en administración de empresas, talento humano y luego una maestría en relacionada con herramientas digitales para la gestión del talento humano. “Soy visual al cien por ciento. Puedo hacerlo” y no descarta empezar a emprender.

🧠 Sebastián Parra trabaja en su independencia

Sebastián Parra tenía otra realidad antes de perder la audición. Una enfermedad grave lo llevó a una cirugía que le salvó la vida, pero le dejó sin capacidad auditiva. Probó un implante coclear, pero decidió retirarlo. “Me dolía la cabeza por los ruidos fuertes”.

Hoy tiene 20 años y está en primer semestre de la tecnología en talento humano en el Tecnológico Pichincha. Combina estudio y trabajo: es instructor de lengua de señas en el Consejo Provincial, donde enseña a unas 40 personas oyentes cada sábado.

“Yo sí puedo”. Esto repite como una convicción más que como una consigna. Su objetivo: ser independiente y seguir formándose. Le interesa informática, matemáticas y arquitectura. Aunque reconoce que no todas las carreras cuentan con condiciones accesibles. “Tengo que adaptarme”.

💼 Gina Telenchana trabaja en lo que le gusta y emprendió

A los 14 años, Gina Telenchana definió su meta: estudiar y trabajar en una oficina. Cuando buscó opciones, encontró en el Tecnológico Pichincha tres elementos que la convencieron: intérprete gratuito, accesibilidad y una beca del 50%.

Estudió la tecnología de gestión de talento Humano, realizó sus prácticas en el mismo Instituto y hoy es asistente administrativa de talento humano. Está a cargo del archivo de nómina de 93 personas. “Como persona sorda me concentro al 100% para hacer bien mis actividades y no cometer errores”.

Tras su jornada laboral tiene un emprendimiento de bolsos para maquillaje que vende de forma presencial y con envíos. Planea seguir una maestría en talento humano o en educación inicial.

“A las personas con discapacidad sin empleo les puedo decir que estudien, tener un título también ayuda. Hay algunos que por desconocimiento y por la comunicación dejan a un lado a las personas sordas. Pero muchos van a las prácticas preprofesionales, conocen nuestras habilidades y se quedan trabajando”.

📜 El tecnológico Pichincha acogió a la comunidad sorda

Para el rector del Instituto Tecnológico Pichincha, Édgar Espinosa, el problema no es normativo. “La inclusión educativa es una obligación legal, pero en la práctica todavía es una deuda pendiente”.

El instituto comenzó en 2014 con capacitaciones para personas sordas en liderazgo y emprendimiento. Después, la propia comunidad planteó la necesidad de avanzar hacia formación profesional.

“El instituto no estaba preparado logística ni pedagógicamente para asumir este desafío. “No por irresponsabilidad, sino porque nunca antes habíamos trabajado con estudiantes sordos”, precisa el rector. Aun así, el instituto avanzó. Se conformó un grupo de intérpretes, capacitación docente y desarrollo de una plataforma digital adaptada. El primer grupo estuvo conformado por 30 estudiantes.

Tras seis meses de impartir clases en la tecnología de administración de empresas a personas con sordera, la incógnita fue si realmente estaban aprendiendo. “La respuesta nos dieron ellos mismos. Nos dimos cuenta de su enorme potencial (…). Cambiaron en conocimientos, en actitudes, en sus relaciones sociales. Lo que faltaba era un proceso estructurado”.

📊 Los resultados de la inclusión tras 12 años

Pilar Rojas, coordinadora del Instituto, confirma que ya tienen 221 tecnólogos con discapacidad auditiva en 18 promociones. Además, otros 12 magísteres tecnológicos en herramientas digitales para la gestión de talento humano. De este grupo, 150 trabajan en el sector público, educativo o en empresas privadas, mientras que otros 50 desarrollaron sus emprendimientos.

Espinosa señala que 80% de estudiantes que realizan prácticas preprofesionales continúan trabajando en esas mismas instituciones. Además, la deserción en esta población es menor al 5%, frente a un promedio nacional cercano al 20%, según cifras de la Senescyt.

Sin embargo, el panorama nacional sigue siendo incompleto. Aunque el número de contratos de personas con alguna discapacidad ha crecido –de 1 597 en 2021 a 3 135 en 2025– no hay información pública específica sobre cuántos corresponden a personas con discapacidad auditiva.

🤝 Las barreras que persisten en el mercado laboral

El principal obstáculo aparece fuera del aula. “Todavía se cree que una persona sorda no va a ser productiva”, señala Espinosa. El problema central -añade- es lingüístico. “El vehículo de comunicación del estudiante sordo es la lengua de señas. Si nadie la conoce en la empresa, no pueden descubrir quién es esa persona ni de qué es capaz”.

Por eso, el instituto también capacita a empresas e instituciones públicas en lengua de señas, como una forma de facilitar la integración laboral. Actualmente cuentan con 100 estudiantes con diferentes discapacidades matriculados en administración, gestión del talento humano, actividad física, deportiva y recreación. En esta última, por ejemplo, hay alumnos con discapacidad intelectual hasta del 50%.

🔄La formación dual es el siguiente desafío

La implementación de la formación dual para personas con discapacidad-que combina estudio y trabajo desde el primer semestre- es el siguiente desafío. Esta modalidad está contemplada en la normativa vigente de educación superior, pero su aplicación aún está en proceso.

“Estamos construyendo el cómo hacer”, reconoce Espinosa. El reto principal será garantizar que la accesibilidad no se quede en el aula, sino que se extienda a espacios laborales. “Yo contrataría a una persona sorda por su capacidad, su sensibilidad y su responsabilidad”. El tecnológico Pichincha recibe un promedio de 40 jóvenes con discapacidad en los dos períodos de inscripción al año.

Mientras la inclusión laboral busca ampliarse, sobre todo, en Quito, que concentra la mayor cantidad de personas con discapacidad auditiva, Sebastián Criollo demuestra que sí es posible desde la cabina de radio. Observa la pantalla, ajusta niveles y confirma que la señal está estable.

Su trabajo no depende de lo que escucha, sino de lo que interpreta. En ese ejercicio cotidiano se revela una idea más amplia: la inclusión educativa y laboral no ocurre solo cuando alguien se adapta al sistema, sino cuando este aprende a comunicarse con todos.


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