
El Sistema Financiero Nacional (SFN) otorgó 5 078,5 millones de dólares en nuevas operaciones de crédito durante junio de 2026. Este monto representa un crecimiento interanual de 19,9%, impulsado principalmente por la banca privada, cuyas colocaciones aumentaron 20,1% en comparación con el mismo mes del año anterior, según datos del Banco Central del Ecuador (BCE).
Este crecimiento plantea una pregunta crucial para la economía ecuatoriana: ¿los nuevos recursos están financiando inversión y producción o están impulsando principalmente el consumo de los hogares?
A pesar de que el crédito continúa concentrándose en actividades productivas, especialistas advierten que el consumo también juega un papel importante en el dinamismo reciente y seguirá siendo determinante para el crecimiento económico. Entre enero y junio de 2026, el crédito acumuló un crecimiento interanual de 9,8%, con la banca privada concentrando 77,9% del financiamiento otorgado.
Por segmento, el crédito productivo representó 52,1% del monto colocado durante el primer semestre, mientras que el consumo alcanzó 30,3%. En conjunto, ambos segmentos explicaron 82,4% del financiamiento otorgado por el sistema financiero.
David Espinoza, docente de Business School de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), afirma: “El sistema financiero continúa orientándose principalmente hacia actividades productivas. Sin embargo, una parte importante del crecimiento reciente proviene del fortalecimiento de la demanda de los hogares”.
Fernando Larrea Estrada, presidente del Colegio de Economistas de Pichincha, considera que no se debe reducir el análisis a una competencia entre producción y consumo. Explica que el crédito productivo fortalece directamente la oferta al financiar materias primas y tecnología. Por otro lado, el crédito destinado al consumo también puede beneficiar a la economía si los hogares adquieren bienes producidos localmente.
“El componente de consumo de bienes nacionales motiva la producción porque aumenta la demanda. Esa demanda debe ser satisfecha y obliga a producir más”, señala Larrea.
El destino sectorial del crédito muestra que la expansión no se concentra únicamente en actividades comerciales. El comercio al por mayor y menor recibió 7 185 millones de dólares, equivalente al 39,3% del financiamiento colocado durante el primer semestre. Sin embargo, este sector registró una disminución interanual de 4,7%.
En contraste, el crédito dirigido a agricultura y ganadería aumentó 23,4%, mientras que el destinado a la industria manufacturera creció 9,1%. Espinoza considera que esta composición favorece la capacidad productiva del país.
Aunque el crédito productivo mantiene la mayor participación dentro de las nuevas colocaciones, su evolución ha sido heterogénea. En mayo de 2026, el crédito de consumo creció 3,4%; el microcrédito aumentó 13,1%; y el crédito inmobiliario creció 36,7%.
A su vez, las microempresas también recibieron más financiamiento. La banca pública otorgó 479 millones de dólares en créditos para este segmento entre enero y mayo de 2026.
A medida que crece el crédito, los depósitos a plazo muestran un comportamiento más moderado. Entre enero y junio de 2026, las captaciones disminuyeron 1,2%, aunque los depósitos con plazos superiores a 360 días crecieron 16,6%.
Larrea Estrada sostiene que la distribución actual del crédito es adecuada porque combina financiamiento para inversión con recursos destinados al consumo. Espinoza coincide en que existen señales positivas pero advierte sobre la necesidad de preservar ese equilibrio: “El consumo impulsa el crecimiento a corto plazo; sin embargo, la inversión productiva determina el crecimiento económico a largo plazo”.