11 de marzo de 2019 00:00

Generar confianza, el reto diario del médico

El médico Raúl Jervis, del Hospital Metropolitano, en un chequeo médico a Karen Loor. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

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Valeria Heredia
Redactora (I)
jheredia@elcomercio.com

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Como en una confesión, en donde se declaran los dolores espirituales, se desarrolla un chequeo médico. La diferencia es que en el consultorio se revelan aquellos males que afectan al cuerpo. Además, se buscan causas y tratamientos.

La relación entre el médico y el paciente debe construirse sobre lazos de confianza. Este factor es esencial para que una persona ponga en manos de un extraño uno de sus bienes más preciados: la salud.

En esa línea, el profesional debe hacer preguntas como ¿en qué le puedo ayudar? o ¿qué le duele?, al inicio de la cita, según Raúl Jervis.

El endocrinólogo y director médico del Hospital Metropolitano es uno de 37 293 galenos registrados por el Ministerio de Salud, el 2017, en el país.

En sus consultas intenta mostrar profesionalismo y conocimientos. A estos parámetros se suman el respeto, la voluntad de servicio y la ayuda. Es parte de un protocolo.

Pero no siempre estas premisas se visibilizan en una consulta médica. Así lo comprobó Patricia Guevara, de 31. Ella es madre de Adrián, de 5. Tiempo atrás, el niño tuvo un problema de salud. Presentó fiebre, dolor estomacal y decaimiento. Así pasó la mañana, y en la noche se agravó. Por lo que lo llevó a un hospital público.

Luego de esperar varias horas le tomaron los signos vitales y entró al consultorio.

La doctora de turno -relata- no dejaba de mirar su celular. Entraba y salía de la sala y no atendía al pequeño. Cuando lo hizo no se tomó ni 10 minutos en el chequeo; sin más descartó una afectación grave y le recetó fármacos para el dolor.

“Me sentí descontenta con la actitud de la doctora. Estaba más pendiente de su teléfono”.

Los pacientes buscan a especialistas debido a dolencias, quieren su atención. Un trato poco cortés o un comentario desatinado afectan la experiencia. María Cecilia Herrera, abogada guayaquileña de 32 años, acudió a un nuevo ginecólogo en su ciudad, para un chequeo de rutina.

En los primeros minutos, ella intentó entregar al especialista su historia clínica, pero él rechazó el documento y le habló sobre temas relacionados con su ‘reloj biológico’.

“Ya es hora de que tenga hijos, se le va a pasar su edad fértil” fue uno de los comentarios.

Eso molestó a la mujer, que calificó a la situación como violencia simbólica. Su historia generó comentarios a favor y en contra, en Twitter.

En la Ley Orgánica para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres se describe a la violencia simbólica como la reproducción de mensajes, valores o imposiciones de género, sociales, culturales, naturalizados en la sociedad.

“La violencia simbólica es más sutil y más peligrosa porque incluye juicios de valor”.

Es lo que hizo el médico -dice- puso normas de conducta de acuerdo con sus creencias.

“Todo accionar médico tiene que ver con el motivo de consulta”, asegura Germán Cisneros, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Ginecología y Obstetricia. Él y Jervis coinciden en que en su profesión no cabe dar opiniones si no se las piden, sino solamente soluciones a patologías de salud.

Jervis, por ejemplo, ha ido aprendiendo esto durante sus 40 años de experiencia (65 de edad). “Un médico debe evitar gestos desfavorables porque preocupa al paciente. Además, debe hacer que él se sienta en un ambiente de privacidad”.

Una visión similar tiene Santiago Vargas, médico de Auditoría de la Calidad de Atención en Salud del Hospital Vozandes, de Quito. Cada día se plantea una interrogante ¿cómo se puede mejorar esta relación? La respuesta es sencilla: con más comunicación.

Lo importante -señala- no es que el médico se haga entender sino que aprenda a escuchar lo que quiere decir el paciente, sus preguntas y temores. Así se establecerá una relación duradera.

Vargas recuerda que antes el médico apostaba por un chequeo tradicional o paternalista, que es cuando toma las decisiones y el paciente acata todo. Hoy la relación ya cambió porque se maneja un modelo autonomista, el profesional es el tutor y el paciente decide.

Estefanía Torres, de 33, vivió una mala experiencia con una enfermera. ¿Qué pasó? Cuestionó su falta de experiencia para amamantar a su hija. Esta situación le afectó, ya que no le dio instrucciones, la criticó.

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