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A un año de la emergencia del covid-19, la mortalidad inusual sigue

En Guayaquil, Greta Encalada busca el cuerpo de su hermana María Dolores, de 46 años. No ha dado con su rastro. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En Guayaquil, Greta Encalada busca el cuerpo de su hermana María Dolores, de 46 años. No ha dado con su rastro. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En Guayaquil, Greta Encalada busca el cuerpo de su hermana María Dolores, de 46 años. No ha dado con su rastro. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El pequeño local de mariscos de Raúl Cadena, en el Centro Comercial Nuevo Tarqui de Manta (Manabí), no se reabre desde febrero. El comerciante de 67 años murió hace un mes. Antes de su partida lidió con dolores del cuerpo y cansancio extremo por más de una semana. Ni él ni su familia asociaron estos síntomas con el covid-19.

Tras un año de que se confirmara el primer caso de coronavirus, historias como la de Cadena siguen ocurriendo. El país acumula 296 841 contagios confirmados y la mortalidad inusual persiste.

El Registro Civil reporta 17 012 defunciones por todas las causas en los dos primeros meses del año, incluido el coronavirus. Eso significa 4 256 muertes por encima de lo registrado en enero y febrero del 2020. Estos fallecidos inusuales se suman a los 39 861 de los 10 primeros meses de pandemia, que resultaron de comparar los registros del 2019-2020.

De manera general, el país mantiene un aumento de muertes excesivas. Aunque en febrero se ve una caída.

Por otra parte, la cantidad de fallecidos en exceso todavía es muy distante de lo reportado por el Ministerio de Salud Pública, que hasta fines del mes anterior registra 15 811 fallecidos, entre los casos confirmados y probables.

Para la epidemióloga Andrea Gómez, existe una falta de detección temprana de casos. “Sin diagnóstico no hay información viable ni se conoce la situación real de la pandemia; tampoco hay rastreo de ­posibles infectados”.

La experta comenta que “aún tenemos cerca de 50 000 muestras sin resultado. No se sabe si es por problemas en el registro de las autoridades o si hay algún inconveniente durante el procesamiento. Falta información oficial”.

Raúl Cadena, como muchos de los fallecidos, recibió atención médica tardía y se mantuvo laborando. Este emprendedor empezaba a diario, a las 04:00, hora en la que se abastecía de mariscos en Playita Mía. Solo cuando su esposa empezó a presentar los mismos síntomas acudió al hospital donde ambos dieron positivo al virus.

Manabí es una de las cinco provincias que concentran el 70% de la mortalidad inusual. La lista la lidera Guayas, seguido de Pichincha, Tungurahua y El Oro (ver gráfico).

Por una semana, Cadena y su esposa lucharon contra la enfermedad en su casa, pero no contaron con oxígeno. Su hermano materno, Lorenzo Mero, cuenta que Raúl pidió que lo llevaran al hospital, sentía falta de fuerzas, respiraba con mucha dificultad, tenía dolor y fiebre. Al llegar, sus pulmones ya estaban congestionados en un 70% e ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Rodríguez Zambrano.

En Manabí y El Oro, las cifras muestran que se hizo un gran esfuerzo por bajar la mortalidad hasta diciembre, pero en enero volvió a repuntar.

El hermano de Raúl Cadena está convencido de que si se trataba la enfermedad desde el primer síntoma, tal vez no hubiera sufrido tanto y muerto.

Guayas, que sigue siendo la más impactada, también logró bajar las muertes al final del 2020, pero este año el problema se mantiene, así como las secuelas de los decesos.

Greta Encalada busca el cuerpo de su hermana María Dolores, de 46 años, en los portales que abrió el Gobierno para ubicar restos en los cementerios.

Ha dado señas, como cicatrices y lunares, e incluso llevó a su madre de 70 años -a quien no ha revelado la muerte de María Dolores- a la Policía Judicial, para pruebas de ADN. “No sabemos si la cremaron, si está en una fosa común. Hay un silencio sepulcral”.

50 familias aún mantienen dudas sobre dónde descansan sus seres queridos. Incluso ganaron un juicio y no tienen respuestas. El 28 de marzo pasado fue la última vez que Greta Encalada vio a su familiar.

El epidemiólogo Daniel Simancas cree que las aglomeraciones y la alta movilidad, en especial, en feriados y fines de semana en Guayas, El Oro, Pichincha, Santo Domingo, Manabí, Los Ríos, ­Tungurahua y Cotopaxi posibilitan un exceso de contagios y de fallecimientos.

Otro de los factores que incide es la falta de camas hospitalarias. Quito es la ciudad con más infectados y aquí la ocupación de espacios se mantiene en niveles máximos, en especial, en las UCI. Hasta el 7 de marzo hubo 99% de ocupación en esta área, según el MSP.

En Tungurahua, Amable Cruz, de 72 años, mantiene el luto por su cónyuge, quien soportó poco tiempo en la UCI del Hospital Docente de Ambato. Un mes antes de la muerte de Anita, en junio pasado, cumplieron 50 años de casados, pero no festejaron por miedo a contagiarse. “Anita estaba recuperándose de dos intervenciones quirúrgicas -una de vesícula y otra de apéndice- a las que fue sometida en febrero. Sus defensas estaban bajas y tal vez eso afectó y no soportó la enfermedad”, contó Cruz.

Greta, Amable y los familiares de Raúl Cadena todavía sienten gran tristeza por no haberse podido despedir y no haber permanecido junto a sus seres queridos hasta el final.

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