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Si en Japón o Chile se produce un tsunami, las islas Galápagos son las primeras en sufrir sus efectos. Horas después de que ocurriera el gran terremoto en Japón, el 11 de marzo de 2011, las olas del tsunami llegaron en la noche al archipiélago y causaron daños en la infraestructura en San Cristóbal y Santa Cruz. No hubo heridos, según los reportes de ese entonces.
Ante esa vulnerabilidad, las poblaciones de los cantones Santa Cruz, Isabela y San Cristóbal se capacitaron y están listas para enfrentar posibles tsunamis. Esa preparación fue reconocida el 8 de septiembre de 2026 con la entrega de la certificación internacional Tsunami Ready de parte de la Unesco.
Las tres islas de Galápagos figuran como las primeras localidades de Ecuador y de Sudamérica con ese reconocimiento. Aunque, San Cristóbal ya lo había conseguido en 2024 y se convirtió en la primera localidad ecuatoriana en contar con la acreditación.
Este reconocimiento significa que las islas alcanzaron los estándares para fortalecer su preparación y capacidad de respuesta ante la amenaza de tsunamis, son resilientes y promueven una cultura de prevención en Galápagos.
Las tres comunidades cumplieron todos esos parámetros, por lo que el programa cubre a cerca de 30 000 habitantes, que viven en las islas. Sin embargo, la certificación tampoco garantiza cero daños. “El programa dice que no es que necesariamente usted va a dejar de tener pérdidas, porque siempre un desastre va a generar”, advierte la investigadora del Inocar.
La isla San Cristóbal fue la primera en solicitar ser parte de este programa, que comenzó en 2016, explica Patricia Arreaga, investigadora del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar). Esta entidad es la ejecutora del Programa Tsunami Ready de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco que se desarrolla en Ecuador desde 2008.
La isla, donde está la capital de la provincia de Galápagos, está llena de señalética e información para protegerse de un posible tsunami.
Silverio Tipán, encargado de la Unidad de Gestión de Riesgos del Municipio de San Cristóbal, cuenta que la isla tiene señalética horizontal y vertical en su perfil costero, que identifica las zonas de amenaza por tsunami, rutas de evacuación, puntos de encuentro y zonas seguras.
Están señalizadas todas las rutas pedestres, tanto en el área urbana de Puerto Baquerizo Moreno, como zonas del Parque Nacional Galápagos, con incidencia turística. Las directrices están en español e inglés.
En conjunto con el CIS ECU-911 y la Secretaría General de Gestión de Riesgos se desarrolló el Sistema de Alerta Temprana (SAT). La articulación también se realiza con los COE cantonales y el provincial.
En San Cristóbal, las zonas seguras se encuentran a más de 30 metros sobre el nivel del mar, es decir, no están en áreas planas; y todas cuentan con servicios básicos. Estas son la Unidad Educativa Ignacio Hernández, el cuartel de la Policía Nacional, el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos y el Parque Recreacional Ciudad de la Alegría. Hasta allá puede llegar la población en riesgo para resguardarse; se calcula que son 2 900 personas.
Estas zonas fueron identificadas en el mapa de inundación por tsunami en Galápagos que se trabajó con el Inocar y la cooperación japonesa JICA. Se hicieron mediciones y así se determinó que las zonas seguras se establecieran a 30 metros, por recomendación de los expertos japoneses.
Según Tipán, los resultados se consiguieron por el trabajo interinstitucional, no solo del Municipio, sino de todas las instituciones del sistema descentralizado de gestión de riesgos del cantón San Cristóbal.
Ese mismo proceso se aplica para obtener la certificación para la isla Floreana, que es una parroquia del cantón, y así se convierta en un sitio Tsunami Ready.
San Cristóbal estableció una zona segura para los turistas. Tipán explica que para los turistas que están en cruceros navegables, su área de protección es la Bahía Naufragio en Puerto Baquerizo Moreno. Allí se encuentra una roca llamada ‘Five Finger’, situada a 15 millas. Cuando se hicieron los simulacros, los turistas fueron enviados a esa zona, que es segura para las embarcaciones.
En Puerto Ayora, una torre con una sirena se conecta de manera automática al sistema de información del océano. Cuando detecta un evento, la alerta suena en un radio de un kilómetro. Este aparato forma parte del sistema con el que Santa Cruz enfrenta el riesgo de tsunamis, junto con rutas de evacuación, albergues temporales y una red que incluye a instituciones educativas y a la población organizada.
Milton Aguas, director de Planificación del Municipio y encargado de la Dirección de Seguridad Integral y Gestión de Riesgos, explica que la preparación arrancó con la identificación de las áreas de peligro y la actualización de mapas. Después llegó un programa de información y difusión preventiva para recibir y transmitir alertas. “Pero eso no fue suficiente, fue necesario también gestionar la cooperación internacional”, dice Aguas.
Con ese apoyo, Galápagos instaló una infraestructura de alerta temprana con señales en el mar y en tierra. A esto se suman señalética, capacitaciones y reuniones permanentes.
Los domingos, desde el altoparlante se emite una prueba: “Alerta, esta es una alerta de tsunami. Esto es una prueba”. Si la alerta es real, el mensaje anuncia el tsunami y el tiempo previsto para su llegada. “Se enciende la sirena y ya nosotros sabemos lo que tenemos que hacer”, resume.
La última alerta real llegó tras el tsunami de Japón en 2011. Puerto Ayora evacuó. “Se secó el mar, pero el retorno de la ola fue bastante débil”, recuerda. No hubo impacto.
La evacuación abarca una o dos cuadras desde la orilla del mar. Puerto Ayora tiene 7 000 habitantes, según el censo de 2022. A esa cifra hay que sumar la población flotante, que son los turistas.
Junio, julio y agosto coinciden con las vacaciones de la Sierra y concentran turistas nacionales. En las semanas previas predominan los extranjeros. En temporada alta, unos 2 000 turistas o más recorren los sitios cercanos al mar. El funcionario señala que los guías informan a los visitantes sobre qué hacer ante una alerta.
La ubicación de las Galápagos la pone en riesgo y por eso es importante que esté preparado para un tsunami. “Galápagos es como un ombliguito, es igual que Hawái. Está como en el centro de todos los lugares. Es la antesala al continente”, dice Arreaga. Ella comenta que los tsunamis originados en Japón, en Chile o en Alaska alcanzan a las islas cuando los sismos resultan de gran magnitud.
La investigadora oceanográfica del Inocar resume el objetivo del Programa Tsunami Ready: tener ciudades resilientes hasta 2030, dentro del marco de acción de Sendái y de la Década de los Océanos.
La preocupación mundial creció después del tsunami de Chile, en 2010, y del de Japón, en 2011. Las olas inundaron casi dos calles en Puerto Ayora y el sector donde trabajan los artesanos quedó destruido y algunos hoteles también sufrieron daños. En 2016 el Inocar difundió el programa en las islas.
La certificación tiene una vigencia de cuatro años, explica Arreaga. El Inocar vigila que los indicadores no decaigan y que las actividades resulten sostenibles en el tiempo. Un comité nacional, con la Secretaría Gestión de Riesgos, respalda el programa en el país.
Otras localidades ya tocaron la puerta. El Alcalde de Salinas expresó la intención de sumarse. Se espera que zonas continentales de Ecuador se preparen con el Tsunami Ready, dice Arreaga.
Este programa arrancó en 2001 en Estados Unidos, con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Después la Unesco lo adoptó.
Galápagos es una provincia vulnerable
Santa Cruz, Isabela y San Cristóbal. La Unesco les entregó la certificación internacional Tsunami Ready el 8 de septiembre de 2026. Las tres islas figuran como las primeras localidades de Ecuador y de Sudamérica con este reconocimiento. San Cristóbal ya lo tenía desde 2024 y fue la primera localidad ecuatoriana acreditada. El programa cubre a cerca de 30 000 habitantes. El Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) ejecuta en Ecuador el Programa Tsunami Ready de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco, vigente en el país desde 2008.
Por su ubicación en el océano Pacífico. Los tsunamis originados en Japón, Chile o Alaska alcanzan a las islas cuando los sismos son de gran magnitud. “Galápagos es como un ombliguito, es igual que Hawái. Está como en el centro de todos los lugares. Es la antesala al continente”, dice Patricia Arreaga, investigadora oceanográfica del Inocar. Tras el terremoto de Japón del 11 de marzo de 2011, las olas llegaron en la noche al archipiélago y causaron daños en la infraestructura de San Cristóbal y Santa Cruz. En Puerto Ayora, el agua inundó casi dos calles, destruyó el sector de los artesanos y afectó a algunos hoteles.
Una localidad debe cumplir indicadores en tres etapas: evaluación, preparación y respuesta. La certificación dura cuatro años. La etapa de evaluación pide conocer la amenaza, determinar quiénes están expuestos y precisar los recursos disponibles. La de preparación exige un mapa de inundación con rutas de evacuación y sitios seguros, señalética con coordenadas, talleres y charlas comunitarias, simulacros cada año o cada dos años y material informativo para residentes y visitantes. La de respuesta incluye una sede para el COE, un plan de contingencia con recursos y responsables definidos, y medios para replicar las alertas del Inocar. El Inocar vigila que los indicadores no decaigan durante la vigencia del aval.
San Cristóbal tiene cuatro zonas seguras a más de 30 metros sobre el nivel del mar: la Unidad Educativa Ignacio Hernández, el cuartel de la Policía Nacional, el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos y el Parque Recreacional Ciudad de la Alegría. Las cuatro cuentan con servicios básicos y pueden recibir a unas 2 900 personas en riesgo. El mapa de inundación, elaborado con el Inocar y la cooperación japonesa JICA, definió su ubicación. Los expertos japoneses recomendaron la altura de 30 metros. Los turistas de cruceros tienen su propia área de protección en Bahía Naufragio, junto a la roca Five Finger, a 15 millas.
Una sirena instalada en una torre se conecta de manera automática al sistema de información del océano. Su altoparlante cubre un radio de un kilómetro. Los domingos, la sirena emite una prueba: “Alerta, esta es una alerta de tsunami. Esto es una prueba”. Ante una alerta real, el mensaje anuncia el tsunami y el tiempo previsto para su llegada. La evacuación abarca una o dos cuadras desde la orilla. Puerto Ayora tiene 7 000 habitantes, según el censo de 2022, y en temporada alta unos 2 000 turistas o más recorren los sitios cercanos al mar.