
Los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela con apenas 40 segundos de diferencia llamaron la atención de especialistas y ciudadanos dentro y fuera de la región. Este fenómeno, conocido como doblete sísmico, abrió interrogantes sobre la posibilidad de que una situación similar ocurra en otros países expuestos a intensa actividad tectónica, entre ellos Ecuador.
Según expertos, un doble terremoto en Ecuador sí es una posibilidad. David Benavides, docente y coordinador de la Escuela de Riesgos y Desastres de la UIDE, afirmó que la respuesta científica es afirmativa.
Explicó que Ecuador se encuentra en una de las zonas sísmicas más activas del planeta debido a la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. Benavides señaló que la posibilidad de un doble terremoto forma parte del comportamiento normal del margen convergente ecuatoriano.
Por esta razón, no se puede descartar un fenómeno similar al registrado en Venezuela. Sin embargo, aclaró que la ciencia no permite determinar cuándo podría ocurrir un evento de este tipo.
La sismóloga Lucía Lozano, de la Red Sísmica Nacional de España, explicó a EFE que un doblete sísmico ocurre cuando coinciden dos terremotos de magnitud muy parecida, muy próximos en el tiempo y en el espacio.
En el caso de Venezuela, los sismos alcanzaron magnitudes de 7,2 y 7,5 y ocurrieron con apenas 40 segundos de diferencia cerca de la localidad de Yumare, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Este fenómeno puede producirse cuando la ruptura de una falla desencadena la ruptura de otro segmento de la misma estructura o de una falla cercana. Lozano también indicó que este tipo de eventos resulta menos frecuente que un terremoto principal seguido por réplicas menores.
Benavides recordó que Ecuador registra antecedentes de grandes terremotos asociados a la dinámica tectónica de la región. Mencionó el terremoto de 1906, con una magnitud aproximada de 8,8 frente a las costas de Ecuador y Colombia. También citó los sismos de 1942 (magnitud 7,8), 1958 (magnitud 7,7) y 1979 (magnitud 8,2). Según el experto, varios sismólogos consideran que esos eventos correspondieron a rupturas sucesivas relacionadas con el gran terremoto de 1906. Además, recordó el terremoto de Pedernales en 2016, con magnitud 7,8.
Expertos advierten que los terremotos en Ecuador no se pueden predecir. Christian Rivera, experto en gestión de riesgos, sostuvo que estos fenómenos pueden ocurrir en cualquier momento dentro de zonas con actividad sísmica.
Explicó que forman parte de las manifestaciones naturales del planeta y recordó que Ecuador no está exento de esa realidad. Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador, coincidió en que resulta imposible predecir cuándo ocurrirá un terremoto. Según indicó, el monitoreo sísmico permite observar procesos de liberación energética en las fallas geológicas pero no anticipar eventos específicos.
Para Benavides, la pregunta principal no debería centrarse únicamente en si ocurrirá un nuevo terremoto.
El académico explicó que el desastre surge por la interacción entre amenaza, vulnerabilidad y exposición. Por lo tanto, factores como la calidad constructiva, planificación territorial y cultura preventiva influyen directamente en las consecuencias tras un sismo.
Velasco añadió que Ecuador cuenta con varias fallas geológicas activas y una larga historia sísmica. Advirtió que un evento similar a algunos registrados anteriormente podría provocar mayores afectaciones debido al crecimiento poblacional y transformación del territorio.
Christian Rivera considera que la preparación ciudadana representa una herramienta clave para reducir riesgos.
Recomienda elaborar un plan familiar de emergencia, definir responsabilidades dentro del hogar y establecer puntos de encuentro para reunificación familiar después del evento sísmico. También aconseja construir viviendas con apoyo profesional y asegurar objetos pesados dentro del hogar para evitar accidentes durante emergencias.
Benavides coincide en que el desafío principal no consiste en predecir el próximo terremoto sino en reducir las vulnerabilidades existentes antes que una amenaza natural se transforme en desastre.