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Este 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, llega con cifras rojas para Ecuador y, a la par, con la unión de voces de aquellas que sobrevivieron a las agresiones, familias de víctimas de femicidio que impulsan la no repetición y una exigencia por el cumplimiento de derechos.
Entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2025, Ecuador sumó 349 femicidios. En el país, una mujer o niña muere cada 22 horas.
Así lo reporta la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Alternativo (Aldea). Según la organización, es la cifra más crítica identificada en el país.
La vida de Dany, Valeria, María Fernanda, Cristina y tantas otras mujeres se apagó por la violencia machista. Ellas son hijas de Madres Coraje, quienes se unieron para buscar justicia y, a la par, llevar el mensaje por la erradicación de las violencias.
La agrupación se formó en 2022 y ya consiguió la figura jurídica como fundación. Actualmente, se encuentra integrada por 40 madres, además de hijos de las víctimas de femicidio. En Ecuador, el delito se tipificó en 2014.
Este martes, 25 de noviembre de 2025, las Madres Coraje se movilizan en Guayaquil, Cayambe, Manta y Quito, por sus hijas, por los derechos, por el fin de la violencia contra las mujeres.
En la capital, por ejemplo, la caminata por los derechos será a las 17:00, desde el parque El Ejido, y en Esmeraldas, a partir de las 15:00, desde el parque Infantil.
Anabel Campos, presidenta de la Fundación Madres Coraje, remarca la necesidad de políticas públicas para evitar que más mujeres pierdan la vida y sus hijos queden en la orfandad.
Valeria, la hija de Anabel, también fue víctima de femicidio y, aunque el responsable ya fue juzgado, su madre sigue luchando por “todas”.
Además, enfatiza en la necesidad de que el Estado respalde a los niños y se cumplan sus derechos, como el bono de la orfandad, educación, seguridad y mejores condiciones de vida.
Madres Coraje, con la articulación del Municipio de Santo Domingo, logró que calles de la provincia lleven nombres de mujeres víctimas de femicidio, como el de Cristina, asesinada cuando tenía ocho meses de gestación.
Por cada una, Anabel Campos, este 25 de noviembre, exclama:
“Hoy no grito por Valeria, hoy grito por todas, ni una menos, vivas las queremos”.
Según los últimos reportes de Aldea, el 78% de los asesinatos de mujeres y niñas se cometió con armas de fuego. A la violencia estructural que han vivido las mujeres en Ecuador, se ha sumado la generada desde las dinámicas de las bandas, pandillas y mafias, contextos donde los cuerpos son objetos para medir el poder.
Como informa la organización, estos crímenes incorporan grados de saña y odio dirigidos específicamente hacia los cuerpos femeninos.
En el caso de Quito, el Municipio, a través de la Unidad Patronato Municipal San José (Upmsj), impulsa un sistema para la protección, acompañamiento y elaboración de nuevos proyectos de vida.
Acciones de prevención, atención psicológica, social y legal, además de programas educativos y comunitarios están entre las medidas. Este año, la institución realizó 135 intervenciones y 2 446 personas abordadas en procesos preventivos con las empresas públicas.
Se atendieron a más de 17 000 personas Centros de Equidad y Justicia (CEJ) y las Juntas Metropolitanas de Protección de Derechos.
Jorge Baeza, decano de la Facultad de Jurisprudencia, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Internacional del Ecuador, explica que, en Ecuador, la violencia de género no es un hecho aislado ni un
problema del pasado: es una expresión dolorosa y persistente de desigualdad que vulnera, día tras día, los derechos humanos más esenciales.
“Su permanencia revela la fuerza de estructuras culturales, sociales y económicas que aún sostienen estereotipos, jerarquías y relaciones de poder profundamente arraigadas. Esta violencia toma formas
diversas, física, sexual, psicológica, económica, y alcanza su expresión más extrema en los femicidios, que arrebatan vidas y dejan familias devastadas”, menciona el especialista.
Como refiere, las cifras revelan la magnitud del problema con una claridad que duele: siete de cada
10 mujeres han sido víctimas de alguna forma de agresión, y dos de cada cinco han enfrentado violencia sexual. “Son violaciones sistemáticas de derechos humanos protegidos por la Constitución y por tratados internacionales como la CEDAW y la Convención de Belém do Pará (Terranova, 2024)”.
El especialista agrega que Ecuador ha dado pasos importantes para enfrentar el problema. La aprobación de la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (2018) representó un hito histórico: por primera vez se articuló un sistema nacional con responsabilidades claras para instituciones judiciales, educativas, sanitarias y de protección social.
En el ámbito político, el Consejo Nacional Electoral (CNE) incorporó el plan para la Prevención y Atención de la Violencia Política de Género.
Sin embargo, Baeza apunta a que esos avances conviven con desafíos profundos que limitan su alcance. La Ley Integral de 2018 enfrenta dificultades por la falta de recursos estables, la débil articulación institucional y la ausencia de servicios especializados en varias regiones, especialmente en comunidades rurales, amazónicas, afrodescendientes e indígenas.
Muchas mujeres aún no denuncian por miedo, por desinformación o por falta de confianza en un sistema que, en ocasiones, no responde con la eficacia y sensibilidad necesarias.
En el ámbito laboral, aunque hay normas y protocolos, su cumplimiento es irregular. Muchas organizaciones no cuentan con equipos capacitados ni mecanismos eficaces para proteger a las víctimas, lo que permite que persistan prácticas discriminatorias, acoso y barreras invisibles que frenan el ascenso profesional femenino.
El 25 de noviembre de 2024, EL COMERCIO lanzó Esperanza, un trabajo periodístico que visibiliza el impacto de la violencia de género en Ecuador, a través de historias de mujeres sobrevivientes y madres de víctimas de femicidio. ¡Si silenciamos las historias, perpetuamos la violencia!
El pódcast vio la luz con el respaldo de mujeres valientes, que se reconstruyeron en medio del dolor, de una sociedad que normaliza las violencias.
En su primera temporada recoge ocho historias de sobrevivientes de violencia de género, así como de madres de víctimas de femicidio. Este trabajo ya se escucha en cerca de 500 ciudades en el mundo.
Esperanza se difunde a través de todas las plataformas de pódcast. La primera temporada incluye ocho episodios y la segunda aborda otra problemática vigente en Ecuador: la trata de personas, donde las mujeres continúan siendo violentadas.