16 de September de 2010 00:00

Los medidores familiares reemplazan a los comunitarios

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Redacción Santo Domingo

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Hilda Carvajal vive en el asentamiento Reina del Cisne. Este es un barrio urbano marginal, junto a la cooperativa de vivienda Juan Eulogio Paz y Miño de Santo Domingo. Ella y otras 74 familias compartían dos medidores comunitarios de energía eléctrica.

Personal de la Corporación Nacional de Electrificación (Cnel) trabajó en la colocación de las redes eléctricas. Esto permitirá la instalación de medidores de energía para cada una de las familias de este sector. Carvajal vive en un modesta vivienda de seis metros por ocho. Las paredes son de bloque sin enlucir. Tiene techo metálico y el piso es de tierra. Aunque un bonito jardín adorna esta humilde morada.

En el interior de esta casa, en un solo ambiente están las camas, cocina y cordeles para colocar la ropa. Este espacio comparte con su esposo Miguel Quishpe, quien trabaja como jornalero, y los nueve hijos de la pareja. Las edades de los adolescentes y niños fluctúan entre 19 años y 5 meses.

Con el medidor comunitario, que era utilizado entre cuatro y cinco familias, Carvajal pagaba USD 5 mensuales por este servicio. Esto le permitía la iluminación de cuatro focos, televisión, plancha y licuadora.

Reina del Cisne es un barrio marginal organizado. Su presidenta, Dolores Troya, dijo que los medidores comunitarios eran un problema para este sector. Las familias pagaban alrededor de USD 20 por mes por consumo de energía. “Pero el problema era que unos pagaban y otros no, unos consumían más otros menos y habían protestas porque la gente aquí se sentía perjudicada”.

Troya contó que a más de los medidores, la Cnel instaló alumbrado público.

“Así podremos caminar en la noche con mayor tranquilidad, porque antes este barrio estaba en tinieblas y había robos”. Los postes se asientan en las estrechas calles de tierra.

Este asentamiento se formó hace seis años. Las 75 familias tomaron posesión de una zona verde de la cooperativa Juan Eulogio Paz y Miño. También se ocupó una superficie que estaba destinada a un mercado barrial.

Otras moradoras son Luz Velásquez de 62 años y Manuela Anchudia de 38. Sus casas están en una hondonada del sector Reina del Cisne.

Velásquez se mostró contenta porque le instalarán su medidor, pero tiene otra preocupación: “En el último invierno nuestras casas se inundaron y por eso queremos alcantarillado”. Aquí tampoco tienen agua potable, se abastecen de pozos profundos y cisternas.

Mientras los trabajadores de la Cnel instalaban los postes y cables, el jefe de construcciones de esta institución, Ramiro Obando, dialogó con los beneficiarios.

Él les explicó que se invirtieron alrededor de USD 27 000 en este sector. Los recursos provienen del Fondo de Electrificación Rural y Urbano Marginal (Ferum).

El monto global destinado para obras urbano marginales en esta región es de USD 3 000 000.

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