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Marcela García: ‘La casa de Libri Mundi era la casa de los quiteños’

Para Marcela García, esposa del librero alemán Enrique Grosse-Lumern el cierre de la librería en La Mariscal significa una pérdida cultural. Foto: Archivo.

Para Marcela García, esposa del librero alemán Enrique Grosse-Lumern el cierre de la librería en La Mariscal significa una pérdida cultural. Foto: Archivo.

Para Marcela García, esposa del librero alemán Enrique Grosse-Lumern el cierre de la librería en La Mariscal significa una pérdida cultural. Foto: Archivo.

Han pasado nueve años desde que Marcela García, la esposa del librero alemán Enrique Grosse-Luemern vendió Libri Mundi a un grupo de empresarios. Desde entonces, ella no volvió a entrar a la librería. Hoy, 14 de julio del 2015, un día después de que se conociera el cierre oficial de la que fuera su segunda casa durante 35 años, habla sobre la pérdida cultural que se genera con el cierre de este espacio.

García estuvo 16 años al frente de Libri Mundi de La Mariscal. Años en los que esta librería mantuvo un prestigio dentro y fuera del país, lo que le permitió desarrollar una actividad paralela cultural muy potente. “Durante esos años, sumados a los 19 en los que mi esposo estuvo a cargo de Libri Mundi mucha gente tuvo la posibilidad de desarrollarse y de crecer intelectualmente”.

García sostiene que La Mariscal siempre fue un barrio complicado, incluso en su tiempo, pero que el prestigio que construyó la librería ayudó de alguna manera a la vida del sector.

“Los dueños anteriores -dice- no supieron mantener la altura, la calidad y el prestigio del negocio como para atraer a la gente permanentemente. Libri Mundi decayó muchísimo y eso indudablemente tampoco ayudó a La Mariscal”. Desde hace algunos meses, Libri Mundi pertenece al mismo grupo empresarial que es dueño de Mr. Books.

Que los anteriores dueños, a criterio de García, no hayan valorado este espacio como un centro de crecimiento y de desarrollo cultural para la ciudad, para ella es algo que hay que lamentar y que la llena de tristeza.

Sin embargo, señala que nunca borrará de su memoria, al igual que muchas personas, los momentos felices como los 31 de diciembre que se institucionalizaron como el día de la fiesta del libro por los descuentos y el ambiente festivo que se armaba cada fin de año. “En lo personal siempre tendré presente cuando tomábamos café con mi marido en la cocina que había antes de la ampliación de librería. La casa que se cierra ahora, era la casa de los quiteños”.