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Dos comunidades atraen por sus tejidos

En la comunidad Pulinguí, las prendas de alpaca se exhiben en perchas de madera.

En la comunidad Pulinguí, las prendas de alpaca se exhiben en perchas de madera.

En la comunidad Pulinguí, las prendas de alpaca se exhiben en perchas de madera. Foto: Cristina Márquez / EL COMERCIO

Las bufandas, chalinas, chalecos, gorros y una variedad de prendas que se manufacturan en los talleres de dos asociaciones de mujeres artesanas de Chimborazo están en boga entre los turistas extranjeros. Cada año, decenas de visitantes llegan hasta las casas comunitarias para mirar y adquirir los accesorios.

Las prendas están hechas con fibras de alpaca. Esos camélidos andinos se introdujeron en las faldas del volcán Chimborazo hace casi 20 años.

El objetivo era recuperar los páramos que se habían perdido por el sobrepastoreo de ovejas y darle a la gente una opción amigable con el ambiente para subsistir.

Hoy las alpacas son la principal fuente de ingresos y la materia prima de las prendas de vestir que son altamente cotizadas por los amantes del estilo étnico y los tejidos.

Las mujeres de la comunidad Pulinguí son las que tienen más experiencia trabajando con las fibras de alpaca. Ellas recibieron varias capacitaciones de tejedoras expertas que varias ONG trajeron al país.

Ellas les ayudaron a mejorar la calidad de sus tejidos y les enseñaron nuevas puntadas que elevaron sus prendas de tejidos rústicos y simples, a auténticas obras de arte, que incluso han llegado a exhibirse en importantes vitrinas internacionales.

Las puntadas que ahora se utilizan para los tejidos son similares a las que marcas de alta moda procesan industrialmente para sus colecciones.

“Hemos mejorado mucho con el tiempo. La asociación ha tenido altibajos porque al principio la ropa no nos salía bien, nuestros tejidos eran demasiado convencionales y no atraían a nadie. Hoy la ropa que fabricamos está lista para exhibirse en las boutiques más famosas”, cuenta Ana Cayambe.

En Pulinguí hay 32 socias. Ellas participan en todo el proceso de crianza de las alpacas, y luego en la esquila y en el lavado de la lana. Cuando la alpaca es un macho de descarte, ellas la faenan.

“Nada se desperdicia. La carne es magra y muy saludable, ideal para fritada. De las fibras que son muy gruesas y no se pueden usar en tejidos, hacemos aretes y collares”, cuenta Olmedo Cayambe, administrador del emprendimiento.

En La Moya, la asociación artesanal se formó hace cinco años y recientemente inauguraron un salón de exposiciones. Las 21 socias aún están en proceso de capacitación, pero ya cuentan con un menú variado de prendas que se comercializan a los viajeros del tren.

Ellas manufacturan bufandas, guantes y chalinas que conservan el tono natural de los camélidos. Los hilos no se tinturan con químicos artificiales y las prendas conservan la suavidad natural de la lana.

“Hemos tenido mucho éxito con las prendas de alpaca. Vendemos unas 30 prendas por semana”, dice Francisca Gusqui.

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