26 de junio de 2020 18:12

El coronavirus rebrota entre temporeros agrícolas en España

En la localidad de Fraga, España, se abrió el 25 de junio del 2020 el polideportivo para albergar a medio centenar de temporeros agrícolas. Foto: AFP

En la localidad de Fraga, España, se abrió el 25 de junio del 2020 el polideportivo para albergar a medio centenar de temporeros agrícolas. Foto: AFP

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Agencia AFP

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En los verdes huertos del norte de España, Said Doumbia recolecta nectarinas a “5,25 euros la hora”. A las 19:00, agotado, deja que la Cruz Roja le tome la temperatura en un polideportivo abierto a trabajadores estacionales extranjeros ante un rebrote de covid-19.

Un nuevo foco de contagio preocupa a las autoridades sanitarias españolas en este fértil valle de Aragón (noreste), donde miles de trabajadores inmigrantes, que hablan bambara, búlgaro, urdu o rumano, convergen cada año para cosechar frutas.

Por primera vez, la localidad de Fraga (15 000 habitantes) abrió el 25 de junio del 2020 el polideportivo para albergar a medio centenar de temporeros, que hasta entonces dormían donde podían, y detectar eventuales casos de covid-19.

Llegado de Conakri, Guinea, en 2008, Said solo dice unas palabras en francés a la AFP antes de entrar en el gimnasio: “Estoy extenuado, debo levantarme a las cinco de la mañana para volver a trabajar a las siete”.

Inmediatamente, un termómetro infrarrojo apunta a su frente. Luego, desinfecta sus suelas y sus manos.

Tras una ducha, podrá cenar comida caliente y acostarse en una de las camas de campaña cuidadosamente separadas, antes de que se apaguen las luces a las 22:00. A partir de las 05:00 podrá desayunar.

“Unos trabajan, otros están a la búsqueda de trabajo”, constata Óscar Gracia, un responsable de la Cruz Roja a cargo de montar este dispositivo inédito. “Algunos se emocionan, diciendo que por fin tienen un techo y un plato caliente”, señala.

Miles de trabajadores inmigrantes, que hablan bambara, búlgaro, urdu o rumano, convergen cada año para cosechar frutas en varias regiones de España. Foto: AFP

Miles de trabajadores inmigrantes, que hablan bambara, búlgaro, urdu o rumano, convergen cada año para cosechar frutas en varias regiones de España. Foto: AFP

Muchos de estos sin techo recorren el país en función de las cosechas.

Es el caso de Mame Cisse, de 34 años, camiseta gris cubriendo su flaco tronco, llegado hace dos años de Senegal: recogió “cebollas en Albacete (sureste) por 6 euros la hora (USD 6,75 la hora)”, “aceitunas en Huelva (suroeste) a 56 euros (USD 63) las 7 horas”, antes de buscar trabajo en Fraga...

“Sin ellos, no se puede”


El estado de alarma acababa de ser levantado el 21 de junio en España, país muy golpeado por la pandemia con más de 28 300 fallecidos, cuando un foco de contagio fue descubierto en una localidad vecina a Fraga, en una empresa frutícola que debió cerrar.

“Se han identificado 250 casos” en esta zona, casi todos de trabajadores estacionales, indicó un portavoz del ministerio de Sanidad el 25 de junio, el mismo día en que la Organización Mundial de la Salud se inquietaba por un aumento de casos en Europa.

Fraga, que soportó 14 semanas de estricto confinamiento y un solo deceso por covid-19, debió dar marcha atrás. Las reuniones de más de 15 personas deben ser evitadas y las residencias de ancianos fueron nuevamente cerradas a visitantes.

Pero la alcaldía muestra tranquilidad, toda vez que otro polideportivo en la ciudad, abierto el 30 de mayo para aislar a once temporeros contaminados, alberga ahora solo a siete.

No se debe “estigmatizar” a los temporeros, advierte la alcaldesa Carmen Costa: “Los necesitamos para que vengan a trabajar, los necesitamos tanto a ellos como ellos a nosotros”.

El rebrote del virus no hizo más que “acelerar” el proyecto de abrir el polideportivo, asegura. “No nos podíamos permitir tener a gente durmiendo en la calle, y encima con la situación sanitaria que hay ahora”, dice.

La zona cuenta con más de un millar de explotaciones agrícolas, con una producción destinada en 80% a la exportación, por un valor de 60 millones de euros (67 millones de dólares), precisa Ignacio Gramunt, director de mercoFraga, organismo que facilita la comercialización del producto.

“Solo aquí en Fraga, empleamos 5 000 temporeros que colectan la fruta y en la zona, 12 000”, explica Gramunt. “Sin ellos, no se puede, es así”, zanja.

En su explotación, diez búlgaros, con mascarillas y distanciados, recogen las platerinas o nectarinas planas, destinadas a Alemania.

Uno de los trabajadores acogidos en el polideportivo, un senegalés de 43 años de nombre Faye, llevaba durmiendo casi un mes en la calle.

Solo quiere “un permiso de trabajo” para no tener que pedirle prestados los papeles a un compatriota.

Al presidente del gobierno, le envía este mensaje: “¡Pedro (Sánchez), por favor, danos papeles!”. 

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