21 de diciembre de 2020 00:00

Centros, abordajes y campaña contra el trabajo infantil

Menores desarrollan actividades en el Centro de Erradicación del Trabajo Infantil de San Roque, guiados por una maestra. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO.

Menores desarrollan actividades en el Centro de Erradicación del Trabajo Infantil de San Roque, guiados por una maestra. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO.

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Ana Guerrero
Redactora (I)

Unos refuerzan el aprendizaje de escritura, otros consultan la vida de Manuelita Sáenz y unos más realizan manualidades. Son niños que pasaron de vender en las calles o quedarse solos en casa, a acudir a un espacio donde reciben acompañamiento académico, alimentación y desarrollan actividades lúdicas.

El Municipio de Quito adaptó los Centros de Erradicación del Trabajo Infantil (CETI). Ahora funcionan dos, en la antigua Casa de las Velas (12 de Octubre y Tarqui) y donde atendía la Casa de la Niñez (Chimborazo, entre 24 de Mayo y Rocafuerte). Al primero acuden 40 menores y al segundo, 90.

La meta es habilitar cinco, sumando uno en el Mercado Mayorista, uno en El Tejar y otro, próximo ya a su apertura, en el parque Las Cuadras. Un espacio temporal atiende en instalaciones que ha prestado el Mercado San Roque y que está a cargo de la Unidad Municipal Patronato San José.

Mónica Lascano, coordinadora del Proyecto de erradicación del trabajo infantil, da cuenta de que las acciones no son recientes. Con la pandemia y en la época navideña, la problemática se ha acentuado y, a la par, las labores de ayuda.

Solo en el Centro Histórico han registrado no menos de 400 menores trabajadores. En el resto de Quito es más complejo establecer una cifra, asegura.

En esta emergencia se han hecho visitas a domicilios, acompañamiento académico y entrega de alimentos. Se mantienen los abordajes en las calles para motivar y encaminar la asistencia a los CETI. Los equipos técnicos trabajan de lunes a domingo y 1 681 menores y sus familias han sido abordados, de junio a noviembre.

Lascano también refiere la campaña interinstitucional, en la que se incluye el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), para motivar a la gente a no dar dinero o comprar artículos a los niños.

La meta es encaminar la ayuda a través de distintos programas. Ese es el caso de las 14 Casas Somos habilitadas para receptar aportes, entre ellas: San Marcos, La Mariscal, Chillogallo y Pomasqui. Las donaciones se reciben de lunes a viernes, de 08:00 a 18:00, y los sábados, de 08:00 a 16:30. La recepción se hará hasta el jueves 24.

Para Guillermina (pidió la reserva de su apellido), los centros habilitados por el Patronato son una opción segura. “Mis hijos andaban sufriendo conmigo en las calles y ya no”.

Ella es cabeza de hogar, madre de seis hijos, cinco aún a su cargo. Es comerciante autónoma y trabaja de domingo a domingo, de 10:00 a 19:00. Sus hijos asistían a la Casa de la Niñez (hoy, CETI San Roque). Actualmente acuden dos, de 10 y 8 años. Dos, por el momento, se quedan en casa y una, de 15 años, la apoya en la jornada.

Boris, el de 8 años, es uno de los pequeños que cambió las largas caminatas bajo el sol o la lluvia, por las tareas dirigidas, los juegos y los dibujos.

Viviana Valencia, de 41 años, también optó por el programa. Es “padre y madre” de tres hijos. Uno ya tiene 20 años; otro, 17 y el último, 10. Ella trabaja todos los días, hasta las 22:00. Su hijo más pequeño va al programa municipal. Antes también acudía el segundo. Ya no lo hace en vista de que la atención es para menores de 5 a 15 años.

Los centros habilitados abren de lunes a viernes, de 08:30 a 16:30, y sábado, de 09:30 a 18:00. El del mercado San Roque, de lunes a jueves, de 08:30 a 14:00.

Al de la Chimborazo asiste Anahí, de 11 años. Lo hace desde que tenía 8. Antes de la pandemia salía de la escuela e iba al lugar. También va su hermana, de 8 años. Su madre es comerciante y su padrastro, pintor. Antes, vendían en las calles. La jornada se extendía hasta las 18:00, para luego ir a casa y hacer las tareas.

Katherine, de 15 años, acude con sus cuatro hermanos. Ellos salían a vender en el Centro, con su madre. Su padre es estibador en San Roque.

En los centros, los niños permanecen con mascarilla. La jornada empieza con la desinfección en el ingreso, lavado de manos. Se mantiene el distanciamiento. Vuelven a lavarse las manos para el refrigerio.

Antes de la emergencia, según datos del 2019 del Consejo de Protección de Derechos del Distrito, el 71% de los niños y niñas que trabajan en Quito tiene entre 5 y 14 años de edad.

En el MIES indican que en Quito, entre el 30 de noviembre y el martes pasado, realizaron 863 abordajes en las calles; 118 fueron por trabajo infantil.

En el país está en marcha la Misión Navidad, que busca prevenir y eliminar la mendicidad. La ciudadanía puede donar alimentos en las oficinas de la entidad hasta el 30 de diciembre (más detalles en www.misionnavidad.com).

Aldeas SOS detalla algunos riesgos para los menores que trabajan: bajo rendimiento, retraso y abandono escolar; exposición a violencia, abuso, cuadros de ansiedad, problemas de comportamiento.

La organización tiene 10 casas de acogida en Quito. Son unos 60 menores. Normalmente, la Dinapen reporta a la Fiscalía los casos de trabajo infantil o violencia y un juez dispone el acogimiento institucional. Hay un trabajo con las familias. Cuando los niños regresan a sus hogares hay un seguimiento por dos años. Se puede alertar de casos al 911.

La gente puede comprar tarjetas hechas por los niños (puede verlas en este enlace) y donar (099 266 7042). El mensaje: que la comunidad no entregue dinero a los niños en la calle, porque eso asegura que se queden ahí por más tiempo.

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