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Agentes municipales de Quito combaten delitos

Inseguridad pone en debate si los agentes municipales deben recibir capacitaciones y armas de dotación. Foto: Twitter @MunicipioQuito.

A diferencia de las fuerzas del orden, los agentes metropolitanos no reciben capacitación física ni psicológica para atrapar delincuentes. Su deber y formación giran en torno a mantener el orden en la ciudad y las vías. Los uniformados del Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano y de la Agencia Metropolitana de Tránsito suman 3 100 miembros. Ambos grupos trabajan en la calle, en contacto directo con la gente. Los de la primera entidad aseguran el buen uso del espacio público; los de la segunda, el respeto a las leyes de tránsito.

Ninguno de ellos está capacitado para enfrentar a la delincuencia y tampoco tienen armas, sin embargo, el uniforme simboliza respeto y seguridad, por lo que las víctimas de robo o agresión suelen acudir a ellos por ayuda. La inseguridad pone sobre la mesa el debate sobre la necesidad de que los agentes municipales reciban mayor capacitación y armas adecuadas de dotación. Ernesto Maldonado, experto en seguridad, aconseja a las autoridades analizarlo, siempre que se trabaje bajo normas vigentes, sin vulnerar derechos, y con capacitaciones.

'La gente nos busca casi siempre para pedir auxilio'

Soy agente hace 11 años. Pertenezco al Grupo Operativo Especializado de Motociclistas de Tránsito. Me encargo del control del tránsito, gestión y control. Esta es una profesión de servicio, pero implica riesgo. Lamentablemente, la gente está acostumbrada a irrespetar las leyes de tránsito. Hace falta educación vial. Nosotros recibimos capacitación permanente sobre cómo abordar al infractor y cómo manejar la situación en caso de que se torne complicada. Muchas veces somos víctimas de agresiones. El fin de semana pasado mismo me pasó algo terrible.

Santiago Campaña, miembro de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT). Foto: EL COMERCIO.

Estaba gestionando el tránsito en la Simón Bolívar, cerca de la Granados, donde debimos hacer un desvío. De repente, llegan dos autos sin placas, uno de ellos tenía luces de emergencia. No hicieron caso a mis señales, de hecho uno de los autos me golpeó. Le dije ‘señor, no hay paso’, pero no me contestó y arrancó. Me agarré de la ventana, me arrastró varios metros y me solté. Luego le di el alcance donde estaban haciendo los trabajos y el hombre sacó un arma de fuego y me dijo ‘te quieres morir’. No supe qué hacer.

Mi primera reacción fue alejarme y decirle que le estaba grabando. Puse la denuncia en la Fiscalía. Nosotros también ayudamos a la gente que ha sido víctima de un robo. En una ocasión, una señorita se me acercó muy asustada y me contó que unos ladrones le habían robado el teléfono. Le pedí que se subiera a mi moto y fuimos a buscar a los delincuentes. Los encontramos. Eran muchachos de 15 o 16 años. Tuve que enfrentarlos y pedirles que le devolvieran el teléfono. Menos mal no tenían armas, caso contrario resultaba herido.

En ese caso, como eran menores de edad, nos contactamos con la Dinapen para que interviniera. A diario, el ciudadano se nos suele acercar a pedir ayuda y nosotros les colaboramos hasta donde podemos. Sabemos que el delincuente no anda con las manos vacías, y que tira a matar. Gracias a Dios nunca me ha pasado nada. Las personas deben entender que no soy una amenaza. No tenemos armas. No disponemos ni siquiera de gas. ¿Sabe de qué nos armamos? De valor. Es importante tener algo con qué defendernos, sería una gran ayuda.

Trabajamos en vías, hasta 12 horas, y el ciudadano siempre ve a los uniformados como un auxilio. Es importante que nos doten de armas no letales, aunque sea de un tolete, para tener con qué defendernos, e incluso para brindar un mejor servicio a la gente. Sí nos capacitan, para saber cómo neutralizar a un individuo; y en técnicas de defensa personal, pero son conocimientos muy básicos.

‘Deben equiparnos mejor para cumplir con nuestra labor’

Al vivir en sociedad, debemos regirnos por normas; es decir, hay ciertas actividades que son permitidas y otras no. Nosotros nos aseguramos de que esas leyes se cumplan. Entre nuestros deberes están el control del uso del espacio público, apoyo a la seguridad ciudadana, información y seguridad turística, entre otras. Una de las tareas más complejas es el control de las actividades comerciales en el espacio público.

Ese es un problema social, y los últimos años hemos tenido un incremento de trabajadores autónomos no regularizados, debido a la migración y a la pandemia. Recordemos que las aglomeraciones en donde abundan las ventas sin permisos son lugares atractivos para la delincuencia. Yo trabajo en la Administración Manuela Sáenz, en el Centro Histórico, una zona muy compleja. Las calles Chile y Pichincha y la zona de La Marín son sectores donde hay ventas y robos, mis compañeros y yo los recorremos a diario.

Carlos Vega es inspector del Cuerpo de Agentes de Control de la ciudad de Quito. Foto: EL COMERCIO.

Pese a eso, no contamos con armas letales para defender a la ciudadanía ni defendernos nosotros mismos. Incluso hemos perdido compañeros. A partir de 2017 entró en vigencia una normativa para vincular todos los cuerpos y dependencias municipales y del Ejecutivo en apoyo a la seguridad ciudadana; por ejemplo, para limitar el consumo y venta de drogas. Esa normativa nos obliga a participar en apoyo a la seguridad, con patrullaje, disuasión y prevención. A pesar de que no es nuestra competencia directa, todos los días colaboramos en temas de seguridad.

Ayudamos a aprehender sospechosos y los entregamos a la Policía Nacional. Trabajamos con el grupo de apoyo (25 agentes) a la seguridad en el transporte público y las paradas. A la semana, normalmente trabajamos en unas cuatro o cinco aprehensiones solo en el Centro y en los buses. Hay ocasiones que incluso tenemos tres en un solo día. Pese a eso, no contamos con armas. Es medio ilógico, a pesar de que en la Ley dice que debemos apoyar en la seguridad.

Contamos con un equipamiento básico de protección: tolete de policarbonato, gas pimienta y esposas plásticas (no metálicas). Estamos en total desventaja frente a los delincuentes, que están bien armados. En nuestro trabajo hemos encontrado machetes, pistolas, revólveres, cuchillos, desarmadores afilados… No tenemos chalecos antibalas. Ahora estamos usando chalecos anticorte. Tenemos nueve meses de preparación. En ese tiempo, los instructores nos enseñan defensa personal y preparación física. Además, actividades básicas de detención y protección.